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El día que Reutemann se cansó de las órdenes como la que recibió Colapinto y decidió desobedecer para ganar

La bronca de Franco Colapinto en el Gran Premio de Países Bajos, donde su equipo Alpine le ordenó ceder la posición a su compañero, trajo al presente el recuerdo de uno de los momentos más icónicos y rebeldes del automovilismo argentino: el día que Carlos Alberto Reutemann se cansó de las jerarquías y desobedeció a su equipo para ganar una carrera inolvidable.

Según supo Noticias Argentinas, el paralelismo entre ambos sucesos, separados por más de 40 años, expone las presiones y complejidades de la Fórmula 1. Mientras Colapinto acató con visible frustración la orden de dejar pasar a Pierre Gasly, lo que le costó la chance de sumar puntos, la historia del “Lole” en una situación similar tuvo un desenlace completamente diferente.

El hecho que marcó la carrera de Reutemann ocurrió en el Gran Premio de Brasil de 1981, bajo una intensa lluvia en el circuito de Jacarepaguá. Lole, al volante de un Williams, lideraba la carrera de punta a punta por delante de su compañero y vigente campeón del mundo, el australiano Alan Jones. Desde el box, la orden fue clara y repetida: en cuatro oportunidades le mostraron la pizarra con la indicación “Primero Jones, Segundo Reutemann”.

Reutemann ignoró el cartel, siguió a fondo y cruzó la meta en primer lugar, desatando un conflicto histórico en la escudería. “No vi ninguna orden, ni señal desde boxes. No sé si lo pusieron, pero yo no vi nada”, declaró un desafiante Lole tras la carrera, mientras un furioso Alan Jones se negaba a subir al podio.

Este domingo, Colapinto vivió la otra cara de la moneda. Tras superar en pista a Gasly, su ingeniero le pidió por radio que le devolviera la posición. El argentino obedeció, pero su enojo fue evidente. “¡Ey, díganle (a Gasly) que me deje pasar!”, exclamó más tarde cuando la situación se invirtió y el francés lo perjudicaba. Su frustración final, con insultos al aire por la radio, demostró la impotencia de una situación que, para Reutemann, solo tuvo una respuesta posible: la desobediencia y la gloria.