En Argentina, la muerte no necesita fanfarrias. Se cuela en silencio, en una ampolla de cristal que promete alivio pero entrega veneno. El escándalo del fentanilo contaminado, que segó al menos 96 vidas, no es solo una crisis sanitaria: es el retrato de un país vulnerable, donde la codicia y la connivencia política convierten la salud en mercancía. Ariel García Furfaro, el hombre detrás de HLB Pharma y Laboratorios Ramallo, no es un empresario común; es el eje de una red que abraza al kirchnerismo y, contra toda lógica, persiste en las licitaciones del gobierno de Javier Milei. En este drama, dos ministros de Salud, Ginés González García y Mario Lugones, encarnan estilos opuestos pero convergen en un mismo destino: la sombra de la desidia y la sospecha, marcada por palabras y silencios que los incriminan.
Un veneno que no distingue banderas
El fentanilo, opiáceo sintético diseñado para calmar el dolor, se transformó en un asesino silencioso. Más de 305,960 ampollas contaminadas… circularon por 118 centros de salud en 16 provincias. La Justicia investiga 122 casos más, y un faltante de cinco kilos de citrato de fentanilo sugiere desvíos al mercado negro.
La ANMAT sabía desde noviembre de 2024 de “deficiencias críticas” en Ramallo: envases plásticos no autorizados, techos con palomas, personal sin guantes. Un informe de diciembre detalló condiciones insalubres, pero la clausura llegó en mayo de 2025, tras la denuncia del Italiano. Seis meses de inacción que costaron vidas. ¿Negligencia o complicidad?
De verdulero a señor del fentanilo
Ariel García Furfaro no nació en cuna de oro. Su imperio comenzó en una verdulería en Flores. Su pasado está teñido de sangre: en 2002, fue condenado a siete años por intentar quemar vivo a un empleado de su restaurante, Rafael Lupa Cayo, quien sobrevivió con quemaduras en el 65% de su cuerpo. En prisión, se recibió de abogado, defendiendo a criminales como “El Loco del Martillo”. En 2016, su laboratorio Apolo en Rosario explotó, dejando cinco heridos y una causa por estrago culposo que se desvaneció.
El abrazo del kirchnerismo: poder, Sputnik y encubrimiento
García Furfaro no disimula su devoción por Cristina Kirchner. En abril de 2024, se reunió con ella en el Instituto Patria… donde proclama: “¿Cómo no voy a admirar a Cristina? Es un Da Vinci”. Su relación con el kirchnerismo se consolidó en 2020, cuando integró la comitiva oficial del gobierno de Alberto Fernández a Rusia para negociar la Sputnik V. HLB Pharma proyectaba distribuir 50 millones de dosis, pero Rusia rechazó el acuerdo por la incapacidad técnica de la empresa y los antecedentes de su dueño.
Sus conexiones son tangibles: HLB Pharma comparte dirección legal con Top Air SA, propiedad de Lázaro Báez, condenado por la “Ruta del dinero K”. En 2022, García Furfaro fue procesado por contrabando agravado tras importar maquinaria de China por 500,000 dólares, declarada en 5 millones. Pese a todo, siguió operando, protegido por un manto de impunidad.
Dos rostros, un mismo espejo: Ginés y Lugones
La tragedia del fentanilo también desnuda la fragilidad de un sistema sanitario liderado por Ginés González García y Mario Lugones. La gestión de Ginés en la pandemia estuvo marcada por el “vacunatorio VIP”, que lo obligó a renunciar. La Cámara Federal confirmó su procesamiento por abuso de autoridad y peculado el 17 de octubre de 2024, un día antes de su muerte. Ginés se defendió con una frase que resonó: “No cometí ningún delito; esto no tiene que ver con privilegios”.
Mario Lugones, en cambio, es un outsider. Su gestión quedó bajo escrutinio por el fentanilo. Durante meses, mantuvo un silencio ensordecedor. En agosto de 2025… Lugones calificó a los dueños de HLB Pharma como “delincuentes” y afirmó: “Es un atentado a la gente. No tiene antecedentes”. Sin embargo, su declaración fue cuestionada. Alejandro Fantino incluso lo llamó “inútil” y exigió su renuncia. La ANMAT, bajo Lugones, recibió informes críticos sobre Ramallo en noviembre de 2024, pero no actuó hasta mayo de 2025. Ambos, bajo banderas opuestas, fallaron en proteger a los más vulnerables, dejando un saldo de muertes y desconfianza.
La paradoja del mileísmo: la “casta” que no muere
El gobierno de Javier Milei irrumpió con la promesa de erradicar la “casta”, pero García Furfaro no solo sobrevivió, sino que prosperó. Entre 2024 y 2025, HLB Pharma y Ramallo ganaron licitaciones para abastecer hospitales. Milei señaló al kirchnerismo… Sin embargo, la ANMAT, bajo Lugones, demoró seis meses en clausurar Ramallo. García Furfaro afirmó tener “más amigos en La Libertad Avanza que en el kirchnerismo”. Los audios filtrados de Diego Spagnuolo… sugieren coimas en compras de medicamentos, implicando a Karina Milei: “Tengo todos los WhatsApp de Karina. A ella le llega el 3%”.
Los responsables: un clan bajo la lupa
El 20 de agosto de 2025, Kreplak ordenó la detención de García Furfaro, sus hermanos, su madre, y directivos. Chats internos revelan falsificación de datos y condiciones deplorables: ampollas mal selladas, reactivos vencidos bajo la lluvia, arañas en las placas. El Instituto Malbrán confirmó que las bacterias en las ampollas coincidían con las de los pacientes fallecidos, sellando la responsabilidad del clan.
Un país vulnerable que se niega a olvidar
La corrupción mata, y su sombra cruza gobiernos. García Furfaro, protegido por el kirchnerismo, no debería haber sobrevivido al cambio de mando. Que siguiera ganando licitaciones bajo Milei es un recordatorio de que la “casta” no muere con discursos. Que los nombres de los responsables -García Furfaro, los funcionarios que callaron, los políticos que negociaron- queden escritos en la memoria. Que la indignación no se apague, que la justicia sea un faro.