Washington, 17 enero de 2026 (NA) — No cesan las protestas que se extienden por Irán desde el 28 de diciembre, y según denuncian los organismos de derechos humanos, ya dejaron un saldo de cientos de muertos, miles de detenidos y ejecuciones vinculadas a las manifestaciones.
Al principio, privaban los reclamos económicos por el desplome de la moneda iraní, el rial, y la suba de precios de alimentos y combustibles, como puso de manifiesto la cobertura de la agencia Noticias Argentinas.
Pero con el correr de los días, se pasó a cuestionar directamente al sistema político y religioso que gobierna el país desde hace más de cuatro décadas.
La represión se endureció y cuando el presidente Donald Trump ya tenía prácticamente decidida la intervención militar en el territorio iraní, a último momento se echó atrás.
El hijo del difunto sah de Irán, que reside en Washington, salió a decir que confía en que la República Islámica caerá en medio de protestas masivas y pidió la intervención internacional.
“La República Islámica caerá, no si, sino cuándo”, dijo Reza Pahlavi en una conferencia de prensa en la capital estadounidense.
EXILIADO HACE 45 AÑOS
“Volveré a Irán”. Pahlavi vive exiliado en Estados Unidos desde que la revolución islámica de 1979 derrocó a su padre, prooccidental.
Muchos manifestantes corearon el nombre de Pahlavi en las protestas masivas que recorrieron Irán y que el régimen de Teherán reprimió violentamente.
Al menos 2.572 personas murieron en la represión, según organizaciones de derechos humanos, aunque algunas fuentes afirman que la cifra podría llegar a 15.000.
A pesar de sus detractores, Pahlavi declaró que quiere servir de figura decorativa para dirigir la transición hacia una democracia laica.
Pahlavi pidió en repetidas ocasiones la intervención del presidente estadounidense, Donald Trump, que al final no actuó pese a varias advertencias a Teherán.
RETRATOS
Fuera de Irán es muy habitual ver retratos de Pahlaví en las protestas internacionales contra el régimen, desde hace años–, líder desde 2013 de una organización llamada el Consejo Nacional Iraní para Unas Elecciones Libres.
Se trata de un aparato político desde el que montan una alternativa a un régimen que hoy parece más vulnerable que nunca.
Mientras, Trump planea actuar contra los ayatolás, que parecen dispuestos a negociar con el líder estadounidense.
OPOSICIÓN EXTERIOR
No está muy claro tampoco el alcance real de la oposición exterior al régimen, ni por parte de Pahlaví ni de otras organizaciones con distintos intereses.
El príncipe lleva medio siglo hablando en público a favor de un cambio de régimen, pero ni siquiera Trump tiene claro que sea una figura relevante para una posible transición, más allá de que haya hablado alguna vez con Pahlaví y le parezca “un buen tipo”.
Hace 48 años que Reza Pahlaví no pisa Irán.
Al príncipe heredero de Persia [shahzadeh] la Revolución Islámica que destronó a su familia y cambió el régimen iraní lo encontró en Texas.
Pahlaví había llegado al país norteamericano en otoño de 1978 para completar su formación como piloto de combate a bordo de fruto del tercer matrimonio.
Un paso más en la formación internacional que recibió desde su nacimiento como primer varón en la línea de sucesión en 1960, fruto del tercer matrimonio de su padre, el sah de Persia Mohammed Reza, con Farah Diba.
Sus padres llegarían a Estados Unidos pocos meses después, en enero de 1979, huyendo de lo inevitable.
Ese fue el final aparente de una dinastía tan breve como turbulenta, desde 1925 hasta 1979.
EL OCASO DEL SAH
Los Pahlaví, pese a sus fastuosos agasajos a la realeza y dignatarios de Occidente, fueron abandonados por sus aliados occidentales –que además sabían que el sah estaba muriéndose de cáncer– mientras Jomeini tomaba Teherán sin oposición.
El título elegido en la autocoronación de Mohammad en 1967, shahsashan, rey de reyes –recuperado de aquel Sapor I que humilló a Roma al frente del Imperio Persa en el siglo III– resultó antiprofético.
Mohammad moriría en Egipto en 1980. Para entonces, Jomeini y sus ayatolás ya habían abolido por decreto todos los títulos de la familia, así que su hijo se autoproclamase en el exilio como sah, con el nombre de Reza II, tampoco coló mucho.
Hasta el punto de que hoy se le sigue denominando como príncipe heredero, y hasta él mismo acabó renunciando a ese arrebato juvenil.
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