Buenos Aires, 4 febrero (NA) – En 2015, un equipo internacional de arqueólogos identificó en una cueva de la isla de Muna, al sureste de Sulawesi, Indonesia, una de las evidencias más antiguas de arte rupestre realizadas por humanos. Se trata de una plantilla de mano con un dedo estilizado en forma de garra, cuya antigüedad mínima fue estimada en 67.800 años, un registro que modificó el conocimiento sobre el origen del arte y la capacidad simbólica humana.
Según un artículo de National Geographic, el hallazgo se produjo en la cueva Liang Metanduno, un sitio conocido por los habitantes locales por sus pinturas prehistóricas de figuras humanas, embarcaciones y animales, realizadas con pigmentos rojos y marrones. Hasta entonces, se creía que esas representaciones tenían apenas unos pocos miles de años.
La investigación fue encabezada por el arqueólogo indonesio Adhi Agus Oktaviana, de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Indonesia (BRIN), junto con el explorador de National Geographic Maxime Aubert, arqueólogo y geoquímico de la Universidad Griffith de Australia. Para determinar la antigüedad de las pinturas, el equipo aplicó una técnica innovadora de datación por ablación láser de la serie del uranio, que permite analizar microscópicos depósitos de carbonato formados sobre los pigmentos de ocre.
Los resultados del estudio fueron publicados en enero en la revista Nature y mostraron que la plantilla de mano de Muna era unos 16.600 años más antigua que el arte rupestre previamente documentado en Sulawesi y aproximadamente 1.100 años anterior a las plantillas de manos halladas en España, algunas de ellas atribuidas a neandertales.
Para los investigadores, el hallazgo aportó evidencia clave sobre el desarrollo cognitivo temprano de los humanos modernos en el archipiélago indonesio durante el Pleistoceno tardío. La modificación intencional de la silueta de la mano para transformarla en una garra fue interpretada como una muestra de pensamiento abstracto y capacidad simbólica avanzada.
El equipo también logró datar plantillas de manos en otras cuevas de la región, con edades que oscilaron entre los 44.500 y los 20.400 años. Estos datos sugirieron la existencia de una tradición artística sostenida durante decenas de miles de años, incluso durante el último máximo glacial, cuando el nivel del mar era más bajo y gran parte del sudeste asiático formaba la masa continental conocida como Sondalandia.
Los investigadores sostuvieron que estos descubrimientos cuestionaron las visiones eurocéntricas que ubicaban el surgimiento de la modernidad cognitiva exclusivamente en Europa. Además, el arte rupestre de Indonesia aportó pistas fundamentales sobre las rutas migratorias de los primeros humanos que, hace unos 65.000 años, cruzaron mares abiertos para llegar a Australia.
En una región donde los restos humanos del Pleistoceno son escasos, las pinturas rupestres de Muna se consolidaron como una de las principales fuentes de evidencia sobre la presencia humana temprana. Para los científicos, estas imágenes funcionan como una ventana excepcional al pensamiento, la imaginación y las capacidades tecnológicas de los primeros pobladores del sudeste asiático. #AgenciaNA






