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La fortaleza del dueño de la Suizo Argentina

Buenos Aires, 12 febrero (NA) – El edificio vidriado en la esquina de Ramsay y Monroe, en el barrio de Belgrano, es la sede de la droguería Suizo Argentina, empresa cuyo nombre empezó a ser conocido tras el escándalo de las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad.

El edificio, una construcción moderna que contrasta con la fisonomía más clásica de la avenida Monroe, tiene continuidad en la esquina de Ramsay y Figueroa Alcorta, donde se encuentra uno de los estudios de diseño más prestigiosos del país.

De alrededor de 20 metros por lado, la sede de la Suizo Argentina, sobre la planta baja con dispositivos electrónicos para el ingreso, suma tres pisos de oficinas con vistas a la calle y en cuyo interior puede apreciarse el movimiento de los empleados, que para las 8 ya están en sus puestos de trabajo. Iluminación uniforme y muebles funcionales, sin demasiados lujos, es lo que puede verse a través de los cristales que, llamativamente, carecen de cortinas que den un poco de privacidad a las más expuestas.

La construcción tiene dos ingresos vehiculares, uno sobre cada arteria, que se comunican por el centro y funcionan, en algunos casos, como entrada y salida. Así, pudo apreciarse ingresar un Volvo de última generación por el portón de Monroe y retirarse, diez minutos más tarde, por la salida de Ramsay.

Esto parece funcionar de manera selectiva, ya que los vehículos que ingresaron por Ramsay estacionaron y volvieron a salir por el mismo portón, siempre asistidos por un efectivo de la Policía de la Ciudad. Una SUV BMW, también de última generación, ingresó por ese lugar y allí permaneció hasta horas de la tarde.

La seguridad es algo que la familia Kovalivker se toma muy en serio: lo primero que se aprecia al llegar por Monroe es la presencia de un móvil, rojo y con al menos dos personas, de la empresa San Miguel; son quienes custodian el ingreso por esa puerta y asisten, también, a quienes deben dejar o retirar mercadería, movimiento más bien escaso durante la jornada.

Además del puesto fijo, la seguridad se ve reforzada por un efectivo de la Comunal 13A —de ronda por la cuadrícula, no fijo— y la presencia alternativa de las diferentes divisiones de la Policía Federal que custodian el Monumento a los caídos, emplazado en el Parque de las Américas. La presencia del cronista fue rápidamente alertada y se hizo saber dentro del edificio, en el que no se apreció la llegada de las principales autoridades en el transcurso de la jornada.

Cámaras fijas apuntando en diferentes direcciones sobre los muros y un domo 360° sobre el poste que se encuentra justo delante del ingreso de Ramsay 2500 completan la seguridad del lugar, donde nada parece librado al azar: desde la primera pregunta del personal privado de guardia hasta los múltiples controles, que incluyen acceso por huella o llaves electrónicas incluidas en los celulares de los empleados para abrir el molinete que, finalmente, da acceso al resto del edificio.

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