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Reeditan Los suicidas del fin del mundo, el libro que marcó un hito en la crónica argentina

Buenos Aires, 12 febrero (NA) – Más de 20 años después de su publicación original, Los suicidas del fin del mundo vuelve a las librerías en una nueva reedición que confirma su condición de clásico contemporáneo. Publicado por primera vez en septiembre de 2005, el libro de Leila Guerriero (Junín, 1967) se convirtió con el tiempo en una pieza esencial del periodismo narrativo argentino. La recuperación del título por parte de Anagrama reactualiza una investigación que, lejos de perder fuerza, dialoga con un presente atravesado por crisis económicas y tensiones sociales que remiten al origen de aquella tragedia.

El punto de partida fue una serie de muertes que sacudió a Las Heras, en el norte de Santa Cruz. Entre 1997 y 1999 —aunque los casos se extendieron hasta 2000— al menos doce jóvenes, y en total veintidós personas, se suicidaron en esa localidad petrolera azotada por el viento y el aislamiento. No hubo listados oficiales ni estadísticas concluyentes: apenas el registro manuscrito del sepulturero y una comunidad sumida en el desconcierto.

Guerriero viajó en 2002 a ese territorio para intentar comprender qué había ocurrido. Recorrió las calles de tierra y asfalto, golpeó puertas, entrevistó a madres, hermanos, novios, amigos, docentes, peluqueros y prostitutas. Escuchó durante meses versiones contradictorias: rumores sobre sectas, supersticiones ligadas a antiguos cementerios indígenas, hipótesis sobre contagio social. Pero también recogió el peso de un contexto económico que había transformado al pueblo.

UNA SÍNTESIS DE LA DÉCADA MENEMISTA

Las Heras había crecido al calor del ferrocarril y la explotación petrolera estatal. Durante décadas, el yacimiento Los Perales convirtió a Santa Cruz en una de las principales cuencas del país. Sin embargo, el proceso de privatización de YPF iniciado en 1991, bajo el gobierno de Carlos Menem, implicó despidos masivos y una reconfiguración brutal del tejido social. De tener alrededor de 50.000 empleados en todo el país, la empresa pasó a unos 5.000. En 1995 la desocupación en la zona trepó al 20% y miles de personas abandonaron el pueblo. El progreso prometido dejó paso a la precariedad, el desempleo y la fragmentación.

En ese escenario, la muerte de jóvenes de alrededor de 25 años adquirió una dimensión colectiva. El libro no ofrece respuestas cerradas ni teorías concluyentes. “Los datos dicen pero nunca explican”, escribe Guerriero. Su apuesta fue otra: construir un relato coral donde las voces de los dolientes —“los solos, los rotos a pedazos”— delinean un mapa humano atravesado por la pérdida, el silencio y la imposibilidad de comprender.

Con una prosa seca y precisa, alejada del sensacionalismo, la autora convirtió el paisaje en un personaje más. El viento constante, el polvo, la noche interminable y la sensación de intemperie funcionan como telón de fondo y metáfora de una comunidad a la deriva. La crónica avanza como un descenso contenido, sin golpes de efecto, sostenida en la escucha atenta y en una ética del detalle que rehúye el juicio y la espectacularización.

El libro consolidó a Guerriero como una de las voces centrales del género en lengua española. Con más de 25 años de trayectoria en medios como La Nación, Rolling Stone y Granta, y autora de títulos como Plano americano, Zona de obras, Opus Gelber, La dificultad del fantasma y La llamada, la periodista encontró en Los suicidas del fin del mundo una forma que marcaría su obra posterior: investigación rigurosa, estructura literaria y una mirada que privilegia la complejidad por sobre la consigna.

UNA HISTORIA QUE PODRÍA REPETIRSE

La nueva reedición de Anagrama no sólo recupera un texto clave, sino que lo inscribe en una actualidad que vuelve a interpelar a las economías regionales y a las comunidades dependientes de industrias extractivas. La Patagonia petrolera, escenario de conflictos laborales y ajustes cíclicos, reaparece como espejo de un país que repite tensiones estructurales.

A dos décadas de su aparición, Los suicidas del fin del mundo persiste como un recordatorio incómodo: detrás de las cifras y los titulares hay historias que no encuentran explicación fácil. La crónica de Guerriero no clausura el enigma de Las Heras, pero lo rescata del olvido y lo convierte en memoria escrita. Ese gesto —escuchar, narrar, no simplificar— es el que transformó aquella investigación en un hito del periodismo argentino contemporáneo. #AgenciaNA