Buenos Aires, 21 febrero (NA) — El homicidio del ingeniero Roberto Wolfenson se encuentra cercano a conmemorar su segundo aniversario y Rosalía Paniagua, la empleada doméstica que confesó el asesinato realizado por estrangulamiento con un collar que tenía el nombre de su hijo, continúa detenida y con condena firme.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el hecho ocurrió en el country La Delfina de Pilar, el 22 de febrero de 2024, cuando el hombre fue hallado muerto en el interior de su vivienda, lo que generó conmoción entre los allegados y a nivel social, no sólo por tratarse de un barrio cerrado sino por la ausencia de signos de ingreso forzado. Las sospechas pronto se concentraron en el círculo íntimo.
La investigación dio un giro clave en junio de 2025, cuando las pericias revelaron que debajo de las uñas del empresario había ADN de Paniagua, un dato determinante para la fiscalía que sostuvo desde el inicio que existió un forcejeo previo al estrangulamiento.
Con el avance del expediente, también se estableció que faltaba el celular de la víctima y la acusación encuadró el hecho como homicidio criminis causa, es decir que la empleada lo había matado para consumar u ocultar otro delito.
Sin embargo, durante el juicio oral ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°4 de San Isidro, Paniagua admitió su responsabilidad y reconoció que utilizó el cordón de un collar que llevaba puesto, con el nombre de su hijo, hecha por el menor cuando tenía 12 años, para asfixiar a Wolfenson tras una discusión que, según su versión, se descontroló.
En la audiencia, la acusada declaró ante los jueces y dio detalles del ataque. Sostuvo: “Me siento avergonzada. Voy a decir la verdad. Me voy a hacer cargo de lo que hice por mis hijos; ya no viene al caso seguir mintiendo”.
Según el relato de Paniagua, Graciela Orlandi, la entonces pareja del fallecido, le habría solicitado a la imputada que le sacara el celular al hombre y citó: “Quiero saber en qué anda mi marido”. Situación que se salió de control, tal como declaró la imputada en presencia de los hijos de Wolfenson, Esteban y Laura.
“El señor me descubrió agarrando el celular y empezó la pelea, la discusión. Me empezó a decir cosas malas: que era una desgraciada, una puta, una paraguaya ladrona y que iba a llamar a la policía. Me agarró de los pelos. No quise lastimar al señor. Todo se me nubló cuando me dijo ‘la concha de tu madre’, y se me fue de las manos”, relató.
En detalles, la apuntada explicó la forma en que inició la disputa: “Fui a la oficina y agarré el celular. Pero no escuché cuando el señor subió. Me vio y empezó todo eso. Me cacheteó, me agarró de los pelos. Empezamos a pelear. Nos lastimamos. En algún momento me agarró del cuello, yo le pegué un cabezazo en la cara. Le pedía que me soltara para irme”.
“No sé en qué momento terminé con todo eso. Estaba encima mío, lo agarré del cuello. Se me nubló todo. Le gritaba ‘soltame hijo de puta’. Le apreté el cuello con las manos. Presioné con el codo. Tenía un hilo en la mano y le pateé el cuello. No quería hacerle daño. Lo pateé en el pecho. Me levanté. No sabía si estaba muerto. No sabía si llamar a la policía”, continuó.
Asimismo, señaló que salió del barrio privado con el celular del fallecido, que tenía “la boca y la naríz hinchada”, pero que el personal de seguridad situado en la guardia, no se percató: “Ni me miraron. El hilo me lo llevé y lo tiré en la calle”.
Respecto al teléfono, la señalada sostuvo que tiró el chip en la estación Derqui del ferrocarril San Martín. Ahí mismo intentó vender el dispositivo y en otras ocasiones días después, sin suerte: “No lo tiré en ese momento. Dejé pasar unos días. Mi marido se sentó y me dijo que si no me deshacía del aparato iba a ir a la policía. Me dio un martillo y lo rompí”.
Es que su pareja, Miguel Ángel Villasboa, desconocía el crimen real, ya que según el testimonio, la mujer le habría indicado que solamente le robó el móvil a su jefe, lo que provocó un gran enojo por parte del esposo de la imputada.
“Mi intención no fue robar ni matar al señor. Se me fue de las manos. El señor me iba a acusar de ladrona. Por mi culpa estoy separada de mis hijos. Me hago cargo, por mi culpa están sufriendo mis hijos. Reconozco mi error, me gustaría pedirle perdón a los hijos del señor, siento culpa, pero no fue mi intención”, concluyó.
El tribunal no dio lugar a atenuantes y en noviembre de 2025 la condenó a prisión perpetua por homicidio agravado en concurso con robo, el fallo quedó confirmado y la sentencia firme, por lo que la mujer permanece alojada en una unidad del Servicio Penitenciario. #AgenciaNA






