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Cierre de empresas: el trabajo en la era del descarte

Buenos Aires, 23 febrero (NA) – El reciente cierre de la histórica fábrica de neumáticos FATE en Argentina no es simplemente una noticia económica. Es, sobre todo, un símbolo. Un símbolo de cómo las sociedades contemporáneas están redefiniendo el sentido del trabajo, el rol de las empresas y la dignidad de las personas que sostienen con su esfuerzo cotidiano la producción.

Que cientos de trabajadores queden de un día para otro en la calle nos obliga a pensar más allá de la coyuntura: ¿qué significa, filosóficamente, que una empresa con décadas de historia desaparezca en la era de la globalización, la importación masiva y la inteligencia artificial?
Queda más que claro que las empresas generan negocios para obtener ganancias, y que cuando la ecuación cambia, lamentablemente las personas que brindan su fuerza de trabajo a cambio de un salario, se transforman en números de una liquidación indemnizatoria.

Como señalamos, las compañías nacen para generar dividendos: esa es su razón de ser en la mayoría de los casos. Sin embargo, ante la noticia repentina del cierre definitivo, es cuando se instala la lógica de que los trabajadores tienen la precepción de que son meros números en una planilla, en donde quizás se pierde de vista la dimensión humana del trabajo.

En este resonante caso, el cierre de FATE nos recuerda crudamente que, para muchos empresarios, los empleados son costos a reducir y no vidas que dependen de un salario.
La pregunta es inevitable: ¿puede una sociedad sostenerse si el recurso humano del trabajo se convierte muchas veces en descartable de un día para el otro?

Vivimos en una época marcada por los constantes cambios y avances (o retrocesos) en donde la mayoría de los objetos se fabrican para durar poco, los vínculos se vuelven efímeros y, ahora, también los empleos parecen tener fecha de vencimiento. La importación de productos más baratos, muchas veces de menor calidad, desplaza a la producción local y en este contexto, fábricas como las de neumáticos, se vuelven inviables frente a un mercado que privilegia el precio por sobre la sustentabilidad y la soberanía productiva. Agencia Noticias Argentinas.

El resultado es devastador: cientos de familias sin sustento y un país que pierde capacidad de generar trabajo genuino, en donde se debe salir al mercado laboral sin un horizonte claro, pero que seguramente demandará capacitación o ingenio para poder volver al trabajo registrado (porque el “no registrado”, merece otro artículo aparte).

La aplanadora existencia de la inteligencia artificial aparece también como otro factor de cambio: automatiza procesos, reemplaza tareas humanas y promete eficiencia. Pero también plantea un dilema ético: ¿qué lugar queda para el trabajador en un mundo donde las máquinas pueden hacer casi todo?

Qué advertimos: el reemplazo del esfuerzo humano por la lógica algorítmica; y el riesgo es que la tecnología, en lugar de liberar al hombre para tareas más creativas, lo expulse del sistema productivo si no se capacita o si no abre su mente para reconvertirse.

Argentina, como muchos países, enfrenta un cambio de paradigma, el trabajo ya no es garantía de estabilidad ni de identidad como en la época de nuestros abuelos.
Antes, trabajar en una fábrica era pertenecer a una comunidad, tener un oficio, proyectar un futuro. Hoy, el trabajo se fragmenta, y se vuelve en muchos casos transitorio. Por ello, la pregunta filosófica es si estamos dispuestos a aceptar que el trabajo pierda su dimensión de sentido y se reduzca a una mera transacción económica.

Detrás de cada cierre hay historias personales: hijos que ya no tendrán la misma educación, familias que deberán ajustar sus proyectos, personas que verán afectada su autoestima, porque el trabajo no es solo ingreso, es también reconocimiento social, es dignidad, es pertenencia, es “la camiseta”. Y esto viene cambiando… cuando se lo trata como un número, y se erosiona el tejido humano que sostiene a la sociedad.

Por último, queda expuesto que la cuestión sindical, a veces ayuda y en otras entorpece al empresariado, en un sistema que merece una “modernización”, eso esta fuera de discusión, después surgirán matices entre los políticos de turno cuando analizan cada proyecto de ley y se entrecruzan los intereses de los distintos sectores.

No debería leerse únicamente en clave o ecuación económica: es un espejo que refleja la fragilidad del trabajo en la era del descarte, la importación y la inteligencia artificial.
Nos invita a preguntarnos qué modelo de país queremos – y cuál es el que votamos – uno que conciba a las empresas como simples negocios, o uno que entienda que detrás de cada puesto de trabajo hay una vida que merece respeto. #AgenciaNA