Buenos Aires, 26 febrero (NA) — En los sistemas modernos de producción, los empleados dejaron de ser un número y se los considera personas, cuyo rendimiento en el trabajo varía según el equilibrio físico y emocional de cada uno.
Ya no se trata de “irse de vacaciones” para un reseteo de las energías, sino de integrar la salud mental en la estrategia corporativa del empleador, con políticas, protocolos y recursos que prevengan el agotamiento y fomenten resiliencia, recabó la Agencia Noticias Argentinas.
Planificar no es improvisar ni esperar que las vacaciones resuelvan el desgaste emocional, también impacta en los números.
La Kaiser Family Foundation estima que, por cada dólar invertido en programas de bienestar, las empresas ahorran entre 1,88 y 3,92 dólares en costos médicos.
Johnson & Johnson, por ejemplo, redujo gastos en 250 millones de dólares en una década gracias a estas iniciativas.
El ROI es tangible: la Fundación máshumano reporta mejoras del 25 % en desempeño general cuando se implementan planes integrales, y Gallup confirma que las compañías con altos niveles de engagement logran un 21 % más de rentabilidad y 41 % menos ausentismo.
SALUD MENTAL
Según la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es un estado que permite afrontar el estrés y trabajar adecuadamente.
Para lograrlo, las empresas deben crear entornos que reduzcan riesgos psicosociales y promuevan bienestar.
El Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) lo define con claridad: planificar significa diseñar acciones estructuradas que aborden factores como carga laboral, liderazgo y clima organizacional, con fases concretas: diagnóstico, objetivos, implementación y evaluación.
“La fatiga no espera. Por eso insistimos en que cuidar no es un discurso de moda, sino una decisión estratégica”, afirma Víctor Dosoretz, CEO y cofundador de Briut Salud.
La última Encuesta de Bienestar de Aon indica que el 87 % de las organizaciones tiene alguna iniciativa de bienestar y el 83 % cuenta con una estrategia formal, lo que supone un salto de más de 25 puntos desde 2020. Además, el 41 % integra el bienestar en su estrategia de negocio general.
El McKinsey Health Institute señala que los empleados que viven experiencias laborales positivas reportan mejor salud holística y mayor innovación.
El burnout, en cambio, está directamente vinculado a cargas excesivas y falta de apoyo.
Prevenirlo exige intervenciones organizacionales que actúen sobre las demandas y los facilitadores: políticas flexibles, rediseño de tareas y acceso a recursos de salud mental.
EL ESTRÉS DE LA HIPERCONECTIVIDAD
La hiperconectividad, de la que las organizaciones no son ajenas, no es una percepción subjetiva.
El Digital 2025 Global Overview Report indica que las personas pasan en promedio más de 6 horas y 30 minutos al día frente a pantallas, lo que equivale a casi 100 días al año conectados.
No se trata solo de consumo de contenido; se trata de exposición constante a estímulos, comparaciones, urgencias y demandas.
A esta saturación se suma el desgaste emocional. La Organización Mundial de la Salud advirtió que los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron de forma significativa en los últimos años, especialmente entre poblaciones jóvenes, vinculados a estrés crónico y sobrecarga digital.
El wellness actual no gira solo en torno a salud física; gira en torno a gestión emocional.
La psicología del comportamiento explica que, frente a entornos impredecibles, las personas resisten buscando microestructuras que devuelvan sensación de control.
Un ritual repetido diariamente organiza el tiempo, reduce incertidumbre y crea límites simbólicos.
Lo que parece trivial —un journaling nocturno o una rutina de cuidado facial— es en realidad una arquitectura emocional.
La consultora another recomienda el autocuidado como resistencia: skincare nocturno, journaling, café sin prisa, se erigieron en declaraciones culturales. #AgenciaNA






