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“Hola a todos, yo soy el León”: con tribuna adicta, Milei ofreció otra función a la medida de su ego

Buenos Aires, 1 marzo (NA) – Con tribunas abarrotadas de militantes entusiastas, que ensordecieron el ambiente con cada arenga motivadora del presidente, Javier Milei volvió a ser el protagonista de una Asamblea Legislativa reconvertida en espectáculo, a la medida de su ego monárquico.

En prime time televisivo, el jefe de Estado se subió al pupitre, levantado varios centímetros con una tarima disimuladamente colocada para la ocasión, y como quien lleva una corona imaginaria empezó a narrar su obra pasada y por hacer.

ANTES DE QUE SE LEVANTARA EL TELÓN

Antes de que hiciera su imperial entrada, el “ansiedómetro” se elevó a niveles estratosféricos, y las miradas se posaron en los balcones para repasar la concurrencia de los invitados.

También los ojos se enfocaron en las sillas vacías que dejaron la totalidad de los senadores peronistas y los diputados La Cámpora, que nunca llegaron (a excepción de la controversial Florencia Carignano), en una decisión que dio que hablar en lo simbólico.

Sí dieron el presente el resto de los diputados de Unión por la Patria, como el líder de Patria Grande, Juan Grabois, quien enarboló un cartel con la consigna: “El coraje se contagia” y “$Libranos del mal”.

También Juan Marino se sumó a la escenografía opositora con su pancarta “Milei = Despidos”.

La izquierda, por su parte, recibió a Milei a su estilo: con carteles de protesta, tildándolo de “gatito mimoso de Trump”, denunciando el cierre de Fate y cuestionando el apoyo a la guerra estadounidense e israelí contra Irán.

Los diputados libertarios fueron los primeros en bajar al recinto, y en grupos empezaron a sacarse fotos como si estuvieran en una gala o una fiesta de casamiento.

Un nutrido y efusivo grupo de militantes ubicado en una galería del segundo vitoreó a Sebastián Pareja, en una sobreactuación que pareció remitir a la interna aún abierta con la contrarte de Las Fuerzas del Cielo.

El adalid de este último grupo, el todavía poderoso Santiago Caputo se ubicó en un palco del primer piso, y siguió los acontecimientos con mirada impertérrita, aplausos medidos y dejando escapar alguna que otra sonrisa socarrona en clave “Peaky Blinders”.

El bullicio se apoderó de la ceremonia de punta a punta, pero hubo un momento en que el ruido sucumbió ante un atronador silencio: cuando la vicepresidenta Victoria Villarruel, vestida de negro impoluto ingresó a la sala y se hizo cargo de la sesión.

En cambio, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, recibió un caluroso reconocimiento que contrastó con la antipatía libertaria para con la titular del Senado.

Un incidente, que no pasó de ser una simple anécdota de mal gusto, generó algo de zozobra antes de que Milei llegara al recinto: el intento fallido del “Niño Brocoli” de infiltrarse en la zona reservada para la prensa legislativa acreditada.

El fundador de la Juventud libertaria Juan Boutet, que buscó acomodarse entre los periodistas con extremo sigilo sin el tipo de credencial requerida, fue detectado rápídamente y expulsado con eficacia por el personal de prensa de la Cámara.

PANIC SHOW

Milei avanzó a través de la explanada acompañada de su inseparable hermana Karina Milei, hasta el incómodo encuentro con Villarruel.

Tras firmar los libros de honor, y acompañado por la comitiva de recepción, atravesó algunos pasillos internos y salió a la cancha del recinto a dar su recital libertario, con aires de magnificencia.

Un grupo ruidoso de la tribuna empezó a corear las estrofas de “Panic show”, la canción de La Renga que el presidente se apropió hace ya algunos años para convertirlo en un himno de su repertorio militante.

“Presidente, presidente”, fue el grito de guerra que le siguió, y al que se unió toda la parcialidad oficialista que colmó las galerías del recinto.

“Ustedes también podrían gritar porque es el presidente de usrtedes aunque no les guste”, provocó Milei, grandilocuente.

Ante el pataleo de los diputados de la oposición que se sintieron ofendidos por la burla recibida, el mandatario redobló la apuesta: “Ustedes no pueden aplaudir porque se les escapan las manos en bolsillos ajenos.

En un pasaje de su discurso, Milei ponderó la tarea realizada por la jefa de senadores de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, quien marcó muy alto en el aplausómetro de la velada.

Cuando desde el peronismo le reclamaron por haber estropeado la bandera de la Justicia Social, Milei explotó y le enrostró al peronismo que tiene a su líder presa.

“Manga de ladrones delincuentes, por eso tienen a la suya presa”, rugió, desorbitado.

En esa circunstancia, diputados del peronismo le recordaron las causas de corrupción en las que se involucró el Gobierno, como la causa Libra, ANDIS y el narco escándalo de José Luis Espert.

“Sigan con las operetas que la gente sabe”, contestó Milei, desgañitando la voz.

“¡Sigan mintiendo, manga de ladrones, manga de chorros!”, embistió otra vez, y aseguró que Cristina Kirchner “va a seguir presa” porque “es una chorra porque fue de lo más chorro de la historia”.

“¡Tobillera, tobillera!”, gritaron poseídos, como en un rito satánico, los manifestantes mileístas que colmaban las gradas.

En varios momentos del discurso, desde los oposición le cuestionaron la veracidad de los números proporcionados por Milei respecto de la evolución de la economía durante su gestión.

“Tienen alergia a los datos”, disparó, y minutos más tarde mandó a los diputados peronistas a “leer los números”.

Otro de los hits que la militancia libertaria sacó a relucir fue el polémico “saquen al pingüino del cajón”.

“Si quieren se lo explico con dibujitos para que lo entiendan”, se burló Milei cuando estaba explicando un concepto.

Noticia en desarrollo…

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