Buenos Aires, 6 marzo (NA) – En el extremo sur de la provincia de Tierra del Fuego, donde el paisaje se vuelve agreste y el clima cambia con rapidez, se encuentra el Faro Cabo San Pío, una construcción histórica que lleva más de un siglo guiando a los navegantes que recorren las aguas del Atlántico Sur. A pesar de su tamaño modesto, la torre se convirtió en uno de los puntos más emblemáticos de la costa fueguina.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el faro comenzó a operar el 22 de marzo de 1919, por lo que ya superó los 105 años de funcionamiento. Desde entonces cumple la misma función: señalizar el cabo y ayudar a orientar a las embarcaciones que navegan por una zona donde las condiciones meteorológicas suelen ser exigentes.
Aunque es fácil distinguirlo desde el mar por su posición estratégica, llegar hasta su base es mucho más complicado. La zona está aislada, sin caminos directos y rodeada de un terreno difícil, lo que explica por qué durante décadas recibió muy pocas visitas.
UN NOMBRE QUE VIENE DE LAS PRIMERAS EXPLORACIONES DEL SUR
El faro toma su nombre del propio Cabo San Pío, el accidente geográfico donde fue instalado. La denominación del lugar se remonta al siglo XIX, cuando fue registrada durante las expediciones de exploración de la Patagonia que encabezó el marino británico Robert Fitz Roy.
Sin embargo, el origen del nombre es aún más antiguo. Hace referencia a una travesía realizada en 1790 por el teniente de fragata Juan José de Elizalde y Ustáriz, quien llegó a la zona a bordo de la corbeta San Pío mientras realizaba tareas de reconocimiento en las costas australes.
Desde entonces el cabo quedó identificado con ese nombre, que décadas más tarde también adoptaría el faro construido en ese mismo punto estratégico de la costa.
UNA OBRA LEVANTADA EN TIEMPO RÉCORD
Uno de los datos más curiosos del Faro Cabo San Pío es la rapidez con la que fue construido. La obra se completó en apenas diez días, durante las primeras semanas de marzo de 1919.
El trabajo fue encabezado por el teniente de fragata Francisco Stewart, quien llegó al lugar a bordo del buque A.R.A. Piedra Buena junto con un equipo de obreros y técnicos. El grupo estaba integrado por albañiles, peones, foguistas y personal de apoyo que se encargó de levantar la estructura en tiempo récord.
El resultado fue una torre de 8 metros de altura, de forma curvada, diseñada para resistir el viento intenso y las condiciones climáticas propias del extremo sur del país.
UN FARO CENTENARIO QUE SE MODERNIZÓ CON ENERGÍA SOLAR
A lo largo de más de un siglo, el faro fue objeto de diferentes tareas de mantenimiento y actualizaciones para asegurar su funcionamiento continuo.
El cambio más importante ocurrió en 1985, cuando se incorporó un sistema de energía solar que permite alimentar la lámpara principal sin depender de combustibles tradicionales. Esta modernización permitió mejorar su autonomía en un lugar donde el acceso es muy limitado.
Actualmente la luz del faro tiene un alcance aproximado de 17 kilómetros, suficiente para señalizar el cabo y advertir a los navegantes que se aproximan a la zona.
UN LUGAR REMOTO AL QUE MUY POCOS LOGRAN LLEGAR
Visitar el Faro Cabo San Pío no es sencillo. La zona se encuentra en un sector aislado del sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego, lejos de rutas principales y con un terreno difícil de atravesar.
El acceso por mar es complicado debido a las características del cabo y a la presencia de rocas en la costa. Por tierra tampoco es fácil: no existen caminos directos y la única forma de llegar suele ser mediante largas caminatas por áreas agrestes.
Por ese motivo, quienes logran acercarse al faro suelen hacerlo tras expediciones planificadas y con autorización previa, lo que mantiene a este pequeño faro centenario como uno de los rincones menos visitados del extremo sur argentino. #AgenciaNA






