Buenos Aires, 5 febrero (NA)- Son argentinos. Y trabajaron por años en la ONU. Son un hombre y una mujer. Él es el candidato elegido por el gobierno de Javier Milei para conducir las Naciones Unidos. Ella tendrá el aval de varios países y organizaciones que aún no se conocen.
Él ha tenido un rol protagónico en las tensiones nucleares internacionales de los últimos años. Ella ha lidiado con las armas químicas (algo compartido por ambos), el desarme y la utilización de niños en las guerras. Él tuvo que negociar con Vladimir Putin y Volodymyr Zelensky para evitar una catástrofe nuclear. Ella debió pujar con líderes de las máximas potencias y jefes guerrilleros para frenar masacres masivas y el sufrimiento de miles de niños.
Él fue amenazado de muerte por Irán. Ella sufrió un sospechoso “accidente” en el metro de Nueva York cuando buscaba bloquear un precipitado ataque contra Siria. Ambos han estado en organizaciones que -con ellos trabajando en su interior- ganaron el Premio Nobel de la Paz.
Él se graduó en Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina (UCA), luego en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) y finalmente realizó una maestría en Relaciones Internacionales en el Instituto Universitario de Altos Estudios de la Universidad de Ginebra, Suiza, y obtuvo un doctorado en Historia y Política Internacional en la misma casa de estudios.
Ella tiene una maestría en Estudios Estratégicos por la University College of Wales (1981) y un B.A. en Estudios españoles y americanos por la Universidad de Newcastle Upon Tyne. Él tiene 64 años. Ella, 71. Él suele tener mucha exposición. Ella cultiva un bajo perfil. Y ambos son los argentinos que competirán por la Secretaria General de Naciones Unidas cuando -en pocos meses- el portugués Antonio Guterres termine su mandato.
Rafael Mariano Grossi, titular del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y Virginia Gamba Stonehouse se conocen desde hace años. Y se respetan. Pero no son amigos. Grossi es un diplomático de carrera. Gamba es una funcionaria técnica.
Entre 2002 a 2007, Rafael Grossi fue jefe de gabinete del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con sede en Viena (Austria), y de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas –OPAQ-, en La Haya (Países Bajos). Ambas organizaciones recibieron el Premio Nobel de la Paz: la primera en 2005, cuando Grossi formaba parte de sus filas. La segunda, en 2013, cuando ya no estaba allí.
En tanto, en 1995 fue Virginia Gamba, como miembro del Consejo Ejecutivo Pugwash (1985-1996), quien recibió el Premio Nobel de la Paz junto al profesor J. Rotblat por impulsar y defender el desarme nuclear en el mundo. Así, Grossi y Gamba se suman a los otros dos Premio Nobel de la Paz que tiene la Argentina: Carlos Saavedra Lamas (1936) y Adolfo Pérez Esquivel (1980), aunque ellos lo recibieron en forma individual.
Tanto Grossi como Gamba creen que es necesario que la ONU recupere su rol central en el freno a las guerras, en un contexto donde la proliferación de los conflictos bélicos –más de 60 en todo el mundo- parece ser la regla.
Gamba señala que hay un cambio de época, de paradigma: “En los últimos 30 años había una tendencia donde primaba la idea de que la resolución de los conflictos tendría que ser pacífica y con diálogo. Así se consiguieron muchos acuerdos de paz y tratados”.
Pero ahora la cosa cambió porque “hay falta de confianza, de credibilidad y mucha ignorancia sobre las Naciones Unidas y qué puede hacer. Hay que volver a ganar ese espacio de diálogo, a poner en valor la búsqueda de soluciones no militares a los conflictos”. En un contexto donde, además, el negocio de la industria armamentística “está movilizando trillones de dólares y todo está dado con la militarización”, razona Gamba. Y agrega: “hay una mentalidad preponderante en este momento donde se valora más una salida militar a la pacífica. Y eso es lo que tenemos que traer a la mesa otra vez. Naciones Unidas tiene que ser el lugar donde eso pase”.
Tanto Grossi como Gamba son críticos de la situación actual que atraviesa la ONU. Ven que la organización -a la que tanto quieren- está enfrentando un momento crítico y comparten la idea de que hay que reconstruir su imagen y su protagonismo. Según Grossi, “se necesita un secretario general que se ponga las botas y vaya donde existe el problema, que cruce la línea del frente aunque haya una guerra; necesitamos eso porque esa credibilidad es la credibilidad inspiradora, que es la que, al fin y al cabo, justifica éticamente a todo el liderazgo”.
Grossi planteó: “soy argentino, orgulloso de serlo, y encarno la idea de una Argentina que defiende al multilateralismo”. Pero el diplomático es consciente de que el mundo atraviesa un momento muy difícil y particular: “observamos que los signos de los tiempos son signos de conflicto. Donde a la tensión geoestratégica o política -que es natural a la vida de las naciones- se suma un regreso furioso y cruel de la guerra en todas sus formas, en todas sus manifestaciones y en prácticamente todos los rincones del planeta”.
En otra conferencia –realizada a mediados de 2025 en la Universidad Torcuato Di Tella- Newsweek Argentina le preguntó a Grossi qué tan cerca se estaba de una potencial Tercera Guerra Mundial. Y su respuesta fue alarmante: “Estamos en un nivel de riesgo que se puede pasar de 1 a 10 en cuestión de segundos”. Hoy, habiendo pasado apenas unos meses de ese preocupante diagnóstico, la situación es mucho peor ya que se han desatado más conflictos bélicos sumamente peligrosos. #AgenciaNA.






