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Los algoritmos se orientan a detectar emociones de los consumidores para entrarles por ahí

Buenos Aires, 13 febrero (NA) — Diversos especialistas en psicología del consumidor sostienen que más del 90 % de las decisiones de compra están influidas por factores emocionales, incluso cuando las personas creen estar actuando de forma racional.

Se caracterizan por ser apresuradas, motivadas por alegría, aburrimiento o la búsqueda de control, a menudo justificadas racionalmente después, extrajo la Agencia Noticias Argentinas del informe.

Los consumidores buscan satisfacción, felicidad, o seguridad, convirtiendo el consumo en autorregulación.

En otros tiempos se las denominaba compras impulsivas y se asociaban a cuatro factores: Urgencia, (falta de) premeditación, (falta de) perseverancia y búsqueda de sensaciones.

La predominancia de lo afectivo sobre lo lógico refleja cómo el cerebro utiliza señales emocionales como mecanismo de reducción de riesgo en contextos de alta complejidad.

CONSUMIDOR DEL FUTURO

El consumidor del futuro no elegirá necesariamente la opción más barata ni la más innovadora, sino aquella que le ofrezca mayor coherencia emocional.

Ignorar esa dimensión ya no es un error creativo: es una desconexión estratégica.

Porque, en un entorno donde sobran argumentos, lo que realmente define la decisión es cómo una marca logra hacer sentir a quien la elige.

La inteligencia artificial multiplica estímulos, automatiza mensajes y personaliza ofertas en tiempo real.

Sin embargo, la automatización no reemplaza la necesidad de conexión humana; la vuelve más urgente.

Frente a un paisaje digital cada vez más homogéneo, la diferencia estratégica estriba en interpretar tensiones sociales, aspiraciones colectivas y estados emocionales compartidos.

DATOS CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL

“Las marcas que integran datos con inteligencia emocional entienden que la decisión no ocurre en una hoja de cálculo, sino en la mente y el contexto de la persona”, señala Pablo Silva, especialista de la agencia de comunicación estratégica another.

“Cuando una empresa logra traducir información en empatía, deja de competir solo por precio o innovación y empieza a competir por significado”, añade.

El consumidor actual vive expuesto a un flujo constante de noticias, reseñas, recomendaciones y contenido generado tanto por personas como por inteligencia artificial. Esa abundancia no solo informa; también agota.

RELACIÓN COMPLEJA CON LAS NOTICIAS

Un estudio reciente del Pew Research Center muestra que muchas personas describen su relación con la información como compleja y, en muchos casos, abrumadora, lo que las lleva a ser más selectivas frente a lo que consumen.

Cuando todo compite por atención, la emoción se convierte en un atajo cognitivo: simplifica, filtra y permite avanzar sin analizar cada variable.

Para los próximos años, las emociones que mueven decisiones no son necesariamente espectaculares, son más sutiles:

* Reducir ansiedad, no amplificar urgencia. En un entorno saturado, las audiencias valoran mensajes que simplifican y ordenan, no que presionan.
* Construir pertenencia, no solo alcance. Las comunidades pequeñas y coherentes generan vínculos más fuertes que las campañas masivas.
* Ofrecer claridad como valor diferencial. Explicar con transparencia y sencillez se convierte en una forma de cuidado.
* Priorizar confianza sobre espectacularidad. La coherencia emocional pesa más que el impacto momentáneo.

Esto no implica abandonar el análisis, sino enriquecerlo.

Social listening, interpretación cultural y lectura de microcomunidades permiten comprender cómo evoluciona el estado emocional de las audiencias.

En un mercado donde todo puede compararse en segundos, la emoción correcta inclina la balanza.

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