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Como en el Big Ben de Londres, pero en Retiro: así es el reloj más exacto de la Ciudad

Buenos Aires, 18 febrero (NA) – Desde su inauguración el 24 de mayo de 1916 en el barrio de Retiro, la Torre Monumental no tardó en convertirse en un símbolo y referencia para todos aquellos que llegaban a la ciudad de Buenos Aires. Incluso hoy es considerada Monumento Histórico Nacional.

La construcción, en aquél entonces, fue una de las más altas de la Ciudad (60 metros de alto) conformada por 55 mil ladrillos traídos desde Gran Bretaña.

Junto a toda esa estructura, también llegó desde Inglaterra el imponente reloj Gillet & Johnston, que imita a su gemelo en la Torre Big Ben. Toda la ornamentación exterior remite a la cultura de las cuatros naciones que integran la corona británica y remata en una cúpula de cobre, que alberga cinco campanas de bronce: la mayor de 7.000 kilos.

Dicen que tanto el reloj de Retiro como el de Londres funcionan igual. Tan solo que el que llegó a nuestro país es, por claras razones, más pequeño y no tiene el particular mecanismo por el contrapeso de los peniques británicos, que tanto caracterizan al Big Ben y que le dan esa precisión exquisita. Sin embargo, ambos poseen un péndulo de cuatro metros de largo (varían únicamente en peso) y sus campanas hacen sonar la misma melodía: la del Cuarto de Westminster.

A eso se le suma que el de acá canta mejor, ya que una de las campanas principales de Londres está rajada desde sus comienzos y le termina dando un toque distintivo a su sonoridad. Sonoridad también mucho más potente por sus dimensiones y peso. Por ejemplo, mientras que la campana mayor de Retiro pesa 7.000 kilos, la de Londres pesa aproximadamente el doble. Lógico, ya que es el reloj de sonería de cuatro esferas más grande del mundo.

A pesar de ello, el de Buenos Aires no tiene nada que envidiarle. Desde su inauguración hace más de un siglo no ha parado de funcionar, a excepción de algunos pormenores generados por su antigüedad o por inclemencias climáticas como fuertes tormentas y rayos, atraídos por el material de la estructura de la cúpula.

El trabajo de mantenimiento y preservación está a cargo de Javier Terenti, quien hace ya casi 20 años es el encargado de cuidar este monumento. “Todas las semanas vengo al reloj y hago el proceso de mantenimiento preventivo, que consiste en la lubricación, la limpieza de las partes, observo detenidamente cada rincón la maquinaria y ajusto todas las piezas, entre otras tareas”, cuenta el Jefe de Sección de Relojería de la Dirección General de Competencias Comunales y Talleres de la Ciudad, quien, además, cuida junto a su equipo más de 40 mecanismos ubicados por todo el territorio porteño.

Terenti ya conoce cada pieza y sabe cómo proceder en cada caso con tan sólo escuchar al reloj, como un cardiólogo auscultando a su paciente. La mayoría de las partes son las originales que arribaron de Inglaterra hace 110 años. Y si alguna se llegase a romper habrá que pedirle a un taller que fabrique una igual. “El reloj es el corazón de la torre, es el que le da vida, no sólo al edificio, sino a todo lo que lo rodea”, cuenta el relojero. Y añade: “Es el reloj por excelencia de Buenos Aires y no sólo cuidamos su mecanismo, sino también las historias de vida que lo tienen como protagonista y el esfuerzo de todos aquellos que lo mantienen funcionando hace más de un siglo”.

Todavía en 2026, el corazón del reloj está protegido por el mueble de madera original, que está barnizado y conservado en perfecto estado.

Hasta hace un tiempo había que darle cuerda cada dos días con una palanca que todavía está a mano por si hay algún corte de luz. Ese mecanismo fue reemplazado por un sistema de motores. Tres pesas cuelgan desde el sexto piso: una es la cuerda del carrillón, que suena cada 15 minutos; otra es la del reloj en sí, la que mantiene el péndulo en permanente movimiento, y la última es la que hace sonar la campana mayor cada hora: una campanada a la 1, 12 campanadas a las 12. Las pesas van bajando a medida que pasa el tiempo.

Cuando alguna de las pesas llega a la parte más baja, en el cuarto piso, el motor que la controla se activa y la vuelve a subir para que el mecanismo siga funcionando. Junto a las pesas cuelga el péndulo de 100 kilos calibrado para marcar los segundos con precisión.

Un sistema de transmisión y engranajes sale desde el reloj hacia cada uno de los cuatro cuadrantes para hacer girar las agujas de casi dos metros, de modo tal que el minutero y la hora de las cuatro caras de opalina de 4,40 metros de diámetro indiquen el mismo preciso momento del día.

Ya en un séptimo piso de la torre, subiendo por una escalera empotrada en la pared, están las cuatro campanas del carrillón que suenan cada 15 minutos. Tienen un sistema de poleas y lingas unidos a unos martillos que las golpean cada vez que la máquina se activa un piso más abajo. Y suenan con las mismas notas que el Big Ben: 4 golpes de martillo a las y cuarto, 8, a las y media, 12 a las menos cuarto y 16 en las horas exactas.

En el octavo piso está la campana principal que se activa después del carrillón sólo cuando son las horas en punto, con un golpe de martillo por cada hora. A más de 11.000 kilómetros de distancia aérea, en Londres, y con una diferencia de tres horas, sucede lo mismo.

SU PRECISIÓN AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

A lo largo del siglo XX, el monumento se convirtió en fiel testigo del desarrollo urbano y de las distintas oleadas inmigratorias, que convirtieron a Retiro en una de las principales puertas de entrada a la ciudad de Buenos Aires, a través del puerto y de la estación del ferrocarril. Ambos fuertemente ligados a la precisión de este reloj tan argentino como inglés.

Resulta que el de la Torre Monumental tuvo la función extraordinaria de regular todos los relojes de las estaciones ferroviarias nacionales. Cuando sonaba el reloj a las doce del mediodía, desde el Ferrocarril Central Argentino se emitía un telegrama que lo tomaban todas las estaciones y, en cada una de ellas, a partir de la información brindada, se ponían en hora los relojes de cada estación, en caso de haber quedado atrasados. La finalidad era controlar el horario de los trenes para así mejorar la calidad del servicio.

Algo similar continúa sucediendo hoy. El reloj sigue siendo referencia horaria de muchos pasajeros que salen apurados de la terminal de trenes de Retiro y que, aún teniendo la hora en el celular, confían mucho más en la certeza temporal que brinda el más que centenario mecanismo. Incluso algunos huéspedes de un famoso hotel que se construyó cerca de la torre lo toman de referencia para sus actividades y hasta avisan desde allí a las autoridades si notan que el antiguo reloj empieza a retrasarse. Aunque esto es en contadas ocasiones.

HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA TORRE

La edificación fue concebida como un regalo de la comunidad británica residente en Argentina para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo en 1910, aunque su construcción comenzó recién en 1912, luego de que la fábrica de gas inglesa ubicada en el predio se retirara. Las obras estuvieron a cargo de la empresa Hopkins y Gardon, bajo la supervisión del arquitecto Ambrose Macdonald Poynter.

También la Primera Guerra Mundial condicionó el inicio de las obras, siendo inaugurada finalmente en 1916 con la presencia del presidente de la Nación, Victorino de la Plaza, y el ministro plenipotenciario inglés, Reginald Tower. Apellidos de los referentes políticos que ya marcan, con algo de gracia, lo predestinado de esta emblemática edificación.

Ubicada en la Plaza Fuerza Aérea Argentina (antiguamente Plaza Británica), específicamente en la intersección de las avenidas San Martín y del Libertador, frente a la estación ferroviaria de Retiro, a la Torre Monumental la mayoría de las personas la conoce como la Torre de los Ingleses, debido a su origen.

Algo similar sucede con su construcción de referencia londinense. Big Ben no es el nombre original de la obra, ya que en realidad así se le dice a la campana mayor del famoso reloj. La nomenclatura oficial fue Torre del Reloj, hasta que en 2012 fue rebautizada como Torre de Isabel, en honor al Jubileo de Diamante de la reina Isabel II.

Otro gran distintivo es el estilo gótico de la torre de Londres, mientras que la de aquí adoptó un estilo renacentista.

VISITAS GUIADAS A UN MIRADOR ICÓNICO

Todas estas historias y más detalles sobre la construcción se pueden apreciar en las visitas guiadas que el lugar ofrece desde su mirador. Durante las noches de luna llena y cuarto creciente, de 20 a 21.30, el público puede acceder al mirador de la Torre Monumental (Av. Dr. José María Ramos Mejía 1315, frente a la estación de Retiro) y disfrutar de una charla que recorrerá la historia del centenario Monumento Histórico Nacional.

Durante la visita, el ascenso al mirador permite observar la salida de la luna y disfrutar de vistas panorámicas sobre el barrio de Retiro y el paisaje urbano nocturno. La actividad es sin costo, con inscripción previa y cupos limitados, y se suspende por lluvia.

Cronograma:

– Martes 3 de marzo (luna llena) de 20 a 21.30. La inscripción estará disponible a partir del 24 de febrero.

Además, se realizarán visitas guiadas especiales al histórico reloj, que permitirán conocer su funcionamiento y acceder a un sector del edificio no habitual al público.

– Viernes 20 de febrero a las 9.30. La inscripción estará disponible a partir del 13 de febrero.

Esta propuesta es sólo para mayores de edad, requiere calzado cómodo y no es apta para personas con movilidad reducida ya que incluye un tramo de subida empinada por escalera hasta el reloj. La actividad está incluida con el valor de la entrada a la Torre Monumental, y se suspende por lluvia.

Dirección: Av. Dr. José María Ramos Mejía 1315 (frente a la estación de Retiro).

Horario: lunes, martes, jueves y viernes de 10 a 17; miércoles de 13 a 17;

sábados, domingos y feriados de 10 a 18. Primer martes de cada mes cerrado. #AgenciaNA