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Murió “Cacho” Elías, el histórico cofundador de la famosa churrería El Topo

BUENOS AIRES, 23 febrero (NA) — La gastronomía popular y el turismo de la Costa Atlántica están de luto. Juan Carlos “Cacho” Elías, cofundador de la legendaria cadena de churrerías El Topo, falleció este fin de semana a los 85 años en la ciudad de Necochea.

Según supo la Agencia Noticias Argentinas, la noticia fue confirmada este domingo por la propia empresa a través de un emotivo comunicado difundido en sus redes sociales, donde despidieron al histórico emprendedor recordando su carisma y su espíritu incansable.

EL MENSAJE DE DESPEDIDA: “EL DE LAS IDEAS LOCAS”

“Juan Carlos, Cacho, el Ruso. El de las ideas locas, el carismático. Un trabajador incansable. El que cuando te aconsejaba sobre el trabajo te hablaba en 3ra persona. Hoy se fue a las 3 am. Ya debe estar contando sus miles de anécdotas en donde quiera que esté”, publicó la cuenta oficial de El Topo en Instagram.

El sentido posteo, que rápidamente se llenó de comentarios de clientes de distintas generaciones, concluyó con un saludo para su familia: “Un gran abrazo a Betty, su compañera de toda la vida, sus hijas y nietos y nietas. ¡Gracias por todo Cacho!”. Como señal de duelo, la empresa anunció que la tradicional “madriguera” de la calle 83 en Necochea permanecerá cerrada por el resto del verano.

DE LAS MOTOS VELOCES A REVOLUCIONAR VILLA GESELL

La historia de “Cacho” Elías y su socio Hugo Navarro (fallecido tiempo atrás) parece sacada de una película. Ambos nacieron en Buenos Aires y se hicieron íntimos amigos en los años 60 unidos por su pasión por las motocicletas.

Antes de amasar harina, se ganaban la vida esquivando el tráfico porteño a toda velocidad como repartidores exprés de los pesados rollos de películas que debían circular de cine en cine para las proyecciones diarias. Dos graves accidentes en moto bajo la lluvia terminaron con esa etapa y los obligaron a reinventarse.

Tras un primer intento fallido con “La Fábrica de Churros” en el barrio de Belgrano (fueron desalojados porque el humo y la grasa entraban por las ventanas de los vecinos), un amigo motoquero les sugirió probar suerte en un pequeño paraje costero que empezaba a llenarse de jóvenes bohemios: Villa Gesell.

EL NACIMIENTO DE UNA LEYENDA CON SABOR A ROQUEFORT

Llegaron a la costa en octubre de 1967 y alquilaron un local destruido sobre la única avenida del pueblo. Lo refaccionaron a pulmón y abrieron justo para la temporada de verano de 1968.

El nombre, con su característica tipografía al revés para llamar la atención, fue sugerencia de un filetero local apodado “El Principito”, inspirado en el famoso muñeco de la televisión, Topo Gigio.

El éxito fue arrollador desde la primera madrugada. Mientras los jóvenes volvían de los fogones en la playa, Elías y Navarro ya estaban listos a las 3:30 AM friendo churros para saciar el hambre de la multitud. Fue precisamente “Cacho” quien impulsó la idea que los haría famosos en todo el país: romper las reglas de la repostería clásica y ofrecer churros salados rellenos con queso roquefort.

Con esa misma audacia, “Cacho” construyó un símbolo indiscutido de las vacaciones argentinas, dejando un legado que hoy administran sus herederos, pero que mantiene intacto el sabor de aquellas primeras madrugadas geselinas.

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