Buenos Aires, 8 mayo (NA) — Unos 2.300 casos anuales de cáncer de ovario se diagnostican en Argentina y, debido a que sus señales suelen ser vagas, el 70% se detecta en etapas avanzadas yu esta demora lo convierte en el tumor ginecológico con mayor tasa de mortalidad en el país.
El cáncer de ovario no suele doler en sus inicios, por eso se lo conoce como el “enemigo silencioso”. Sin embargo, el cuerpo envía señales que muchas veces ignoramos y, según explica la Dra. Valeria Valko, lo más importante para diferenciar un malestar pasajero de una alerta real es la persistencia: si los síntomas no ceden, es momento de consultar.
Sentir hinchazón abdominal constante, saciedad rápida al comer, necesidad frecuente de orinar o un dolor pélvico que no desaparece son los principales indicadores. Aunque estos signos pueden confundirse con problemas digestivos, no deben postergar la visita al especialista.
Aunque existen diversos factores de riesgo, como la menopausia, la genética es determinante. Tener antecedentes familiares directos de cáncer de ovario, mama o colon -especialmente vinculados a los genes BRCA1 y BRCA2- exige un seguimiento médico más estrecho.
Otros factores, como no haber tenido hijos o haber cursado el primer embarazo después de los 35 años, también pueden influir debido a la carga de ovulaciones a lo largo de la vida.
“A diferencia de otros cánceres, no existe hoy un test de rutina (como el PAP) que garantice una detección precoz. Por eso, la mejor defensa es el control ginecológico anual. El examen clínico, la ecografía transvaginal y los análisis de marcadores tumorales son las herramientas fundamentales para actuar a tiempo. Escuchar al cuerpo y no postergar los chequeos sigue siendo la estrategia más efectiva”, remarca la Dra. Valko.
Aunque el riesgo aumenta después de los 60 años, existen hábitos que ayudan a reducir el riesgo, como mantener un peso saludable, prolongar la lactancia materna y evitar el tabaquismo. En casos de muy alto riesgo genético, incluso se pueden evaluar cirugías preventivas.
Cuidarse es una decisión diaria. Escuchar al cuerpo y priorizar el chequeo anual sigue siendo la estrategia más efectiva para ganar tiempo y salvar vidas.
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