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Fabián Armoa tras el campeonato: “Defiendo esto como mío”

Buenos Aires, 22 mayo (NA) — Con diez títulos nacionales y 19 temporadas en UPCN y un contrato renovado para la temporada 2026/2027, Fabián Armoa volvió a abrir las dos manos para
gritar sus diez campeonatos y volver a sonreír tras ganarle a Ciudad Voley en 3 partidos seguidos.

El entrenador de UPCN San Juan acaba de consagrar al conjunto sanjuanino campeón de la Liga Nacional de vóley por décima vez, y días después firmó su continuidad en el club que lo tiene como referente desde hace casi dos décadas. Un número redondo que, lejos de ser casualidad, es el resultado de un proyecto construido con paciencia, convicción y una identidad que se sostiene en el tiempo.

“Tomás conciencia y decís ´wow´”, dijo el DT en diálogo con Alto Rendimiento por DSports Radio, y completó: “Tiene un sabor especial porque lo veníamos buscando”.

Más allá de la copa, lo que Armoa destaca es la solidez de una estructura que no se sostiene únicamente en resultados: UPCNA mantiene al mismo asistente técnico, la misma dirigencia, el mismo director deportivo desde el primer día. Una continuidad que en el deporte argentino —y en cualquier deporte profesional del mundo— es casi una rareza.

“Soy un contratado, soy un empleado, pero lo siento como mío”, resumió con una frase que dice más sobre el vínculo que sobre el contrato.

El proyecto UPCN es, en ese sentido, una anomalía positiva dentro del ecosistema del vóley nacional. Mientras muchos clubes del interior luchan por sobrevivir una temporada, San Juan construyó un modelo de largo plazo que combina resultados deportivos con arraigo institucional. Y Armoa es, al mismo tiempo, su arquitecto y su símbolo más visible.

“Uno ve las fotos viejas y todos vamos envejeciendo, y ahí estamos, llevando adelante el proyecto”, dijo con una mezcla de orgullo y humor.

LAS CRÍTICAS AL MODELO DE LA ACLAV

Sin embargo, el festejo convive con una crítica sostenida al formato de competencia. Armoa cuestiona con firmeza el sistema de tours o weekends que reemplazó al histórico esquema local-visitante, un modelo que, según él, le quita al club su principal activo: el público.

“Desde el gobernador hasta el chico que estaciona los autos siguen pendientes del equipo, pero no pueden venir a vernos, porque no jugamos en casa”, señaló. La pérdida no
es solo sentimental: jugar de esa manera cuesta más caro, los partidos quedan varados en horarios imposibles —un jueves a las 11 de la mañana en Morón, por ejemplo— y el espectador que podría acercarse termina haciendo zapping por casualidad.

A eso se suma una ecuación institucional que tampoco lo tranquiliza. El modelo televisivo está concentrado en un único canal, con un solo sistema de Video Check, sin una hoja de ruta clara para cuando venza el contrato actual, en cuatro años. Fabián confiesa que los clubes “están encerrados”.

Y fue más allá: “El federalismo tiende a desaparecer. Cada vez hay más equipos de Capital. Estamos dando la vuelta, a lo que era la Liga cuando empezó y si no se trabaja ahora, la liga se va a ir muriendo”. Una advertencia que, viniendo de quien acaba de ganar el título, tiene un peso
particular. No es el quejoso de siempre. Es el campeón que ve el horizonte con preocupación.

LA FAMILIA Y EL PLANO PERSONAL

La temporada de su hijo Manuel tuvo un capítulo que excedió con creces cualquier partido de vóley. El voleibolista de la Selección Argentina, criado entre canchas y redes— estuvo atrapado en Emiratos Árabes durante el conflicto regional de la guerra que estalló en marzo, cuando los misiles
sobrevolaban Dubai y Abu Dhabi en medio de la escalada entre Irán e Israel.

“Yo estaba acá solito con la perra, la pasamos muy mal”, admitió Armoa con una honestidad que desarma. “Con un poquito de conciencia sabía que no iba a pasar nada, pero esa sensación de decir ´no lo voy a ver nunca´, fue difícil”, agregó.

Fue Carla Morel —su esposa y ex jugadora de gran nivel en el vóley femenino argentino— quien logró moverse entre papeles y trámites y sacarlo en el primer vuelo disponible. “No sé cómo hicieron. Salieron y los misiles les pasaban por arriba como fuegos artificiales”, recordó. La anécdota, contada con alivio retrospectivo, dejó también una reflexión más profunda: “Nos hizo revalidar todo nuestro sentimiento por la Argentina, por la tranquilidad, por la felicidad. Son esas cosas que te hacen ver la vida que tenés como una gran vida”.

Hoy Manuel está de vuelta. Entrena en estas semanas previas al inicio de la temporada de Selección, trabajo en UPCN, hizo pesas y se mantuvo en forma como si tuviera que demostrar todo de nuevo, y está listo para la disputar la Liga de las Naciones, que arranca en junio en Brasil.

Su padre lo sigue de cerca. “Voy a ir a Buenos Aires para ver algunos entrenamientos”, aseguró, con la mezcla de objetividad del entrenador y el orgullo inevitable del padre. Pero Manuel no es el único hijo que sigue el camino del vóley. Juan, el menor, trabaja como entrenador en la Universidad de Concepción, en Chile, y este año tuvo su propio logro internacional: ascendió con un equipo en Grecia a la primera división. “En casa es todo vóley, todo el día”, se ríe Armoa. Una dinastía en construcción, con la misma impronta que define al padre: trabajo, proceso y pertenencia.

Al cierre de la charla, Armoa dejó una reflexión que resume su mirada sobre el deporte argentino más allá del vóley: “El fútbol es profesional por el dinero, pero dista mucho del alto rendimiento. El vóley está muy cerca del alto rendimiento porque se trabaja de manera espectacular, pero dista mucho de ser profesional. Los que estamos dentro tenemos que abandonar las mezquindades y engrandecer la deporte”. Una tensión que conoce de adentro, que lo incomoda, pero que no le impide seguir construyendo. #AgenciaNA