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Murió Sonny Rollins, leyenda del jazz y uno de los saxofonistas más influyentes del siglo XX

Buenos Aires, 26 de mayo (NA) – El saxofonista estadounidense Sonny Rollins, una de las figuras más influyentes de la historia del jazz y referente fundamental del bebop, murió este lunes a los 95 años en su casa de Woodstock, Nueva York.

La noticia fue confirmada por su portavoz, Terri Hinte, quien señaló que el músico atravesaba diversos problemas físicos que en los últimos años lo habían mantenido alejado de la vida pública.

Dueño de un sonido inconfundible y de una búsqueda artística permanente, Rollins fue considerado uno de los grandes innovadores del saxofón tenor junto a John Coltrane y Charlie Parker. Desde sus primeros pasos en el bebop hasta sus exploraciones en el free jazz, construyó una carrera marcada por la improvisación y la experimentación constante.

“Siempre me consideré una obra en progreso”, había dicho en una entrevista con Associated Press en 2007, al explicar su necesidad de reinventarse y evitar la repetición.

Entre sus discos más emblemáticos se encuentra Saxophone Colossus, editado en 1956 y considerado una obra clave del hard bop. También dejaron huella álbumes como Way Out West, A Night at the Village Vanguard y Freedom Suite, donde desarrolló su célebre formato de trío sin piano.

Fuera del ámbito del jazz, millones de oyentes conocieron su música gracias a su participación en el disco Tattoo You, de The Rolling Stones. Allí interpretó el recordado solo de saxofón de Waiting on a Friend, inspirado, según contó, tras observar bailar a Mick Jagger.

Nacido como Theodore Walter Rollins el 7 de septiembre de 1930 en Harlem, Nueva York, comenzó a tocar el saxofón a los 11 años y muy pronto compartió escenario con figuras como Thelonious Monk, Miles Davis y Bud Powell.

Su carrera estuvo atravesada también por períodos de crisis personal. En los años 50 sufrió una fuerte adicción a la heroína, que derivó en arrestos y tratamientos de rehabilitación. Tras recuperarse, regresó a la escena junto al quinteto de Max Roach y Clifford Brown.

En el punto más alto de su popularidad, Rollins sorprendió al retirarse temporalmente de los escenarios para dedicarse exclusivamente a estudiar y practicar música en soledad, muchas veces sobre una pasarela del puente de Williamsburg, en Nueva York.

Durante las décadas siguientes alternó períodos de silencio con regresos celebrados por la crítica. En los años 2000 obtuvo nuevos reconocimientos gracias a discos como This Is What I Do, ganador del Grammy al mejor álbum instrumental de jazz.

La fibrosis pulmonar lo obligó a retirarse definitivamente de los escenarios. Su último concierto fue en 2012 y dejó de tocar dos años después.

Rollins deja una vasta obra grabada y numerosas sesiones inéditas. “Después de que me vaya de este planeta no voy a tener nada que decir sobre lo que pase”, dijo en 2020 en una entrevista con The New York Times.

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