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Restauración del Instituto Bernasconi: como en París, pero en Parque Patricios

Buenos Aires, 30 mayo (NA) — El Instituto Bernasconi es una de las escuelas históricas de la Ciudad de Buenos Aires y desde hace años es protagonista de una serie de restauraciones que te trasladan a París, pero estando en el barrio porteño de Parque Patricios

Desde afuera, la escuela-palacio ubicada en Cátulo Castillo 2750 impone respeto: columnas, esculturas con estilo neorrenacentista y su característico “reloj de la torre” sobre la entrada principal. Pero lo que sorprende del edificio no es su magnitud, sino la experiencia de los alumnos al transitarlo.

La idea de una escuela palaciega no fue casual. A fines de la década de 1920, el arquitecto Juan Waldorp diseñó el edificio con un estilo ecléctico europeo, pensando en el espacio como parte de la experiencia educativa de los chicos. Su nombre era conocido dentro de la arquitectura de la época. Nacido en Ensenada en 1885, Waldorp fue director de Arquitectura del Consejo Nacional de Educación, desde donde proyectó una serie de “escuelas-palacio” que buscaban que la experiencia de la educación pública fuera atravesada por edificios monumentales, tales como la escuela Presidente Uriburu en el barrio de Caballito, la N°5 de 7 Juan B. Peña en Flores, la Herrera Vegas en Recoleta y la Escuela Primaria Común N° 6 “Manuel Dorrego” en Saavedra.

La construcción fue encomendada luego de que Félix Fernando Bernasconi, un próspero comerciante, dispusiera, antes de su fallecimiento en 1914, que su fortuna se destinara a la edificación del colegio. Sus bienes fueron donados al Consejo Nacional de Educación, organismo en el que ya se desempeñaba el emblemático proyectista como director de Arquitectura.

El profesional planificó un edificio que rompía con la idea tradicional de escuela. Distribuyó cuatro niveles sobre dos manzanas, en donde se construyeron dos piletas de natación con agua caliente en su subsuelo, sesenta aulas amplias, un majestuoso auditorio con 400 butacas y áreas audiovisuales, un centro de orientación vocacional y educativa, y la biblioteca de consulta y lectura para los estudiantes.

Todos los detalles respondían a la lógica de escuela palaciega, como las esculturas con simbolismos mitológicos griegos, que fueron realizadas por el artista argentino Alberto Lagos y se encuentran en la entrada principal del instituto, sobre la calle Catamarca, donde se puede observar “el reloj de la torre” que funcionó durante años y hacía eco despertando a los vecinos del barrio.

Esa concepción no se limitaba a lo edilicio. En sus jardines aún se puede observar un histórico aguaribay plantado por el célebre perito Francisco Pascasio Moreno cuando, a fines del siglo XIX, ya que el terreno pertenecía a su quinta familiar. Lejos de ser un detalle menor, estas huellas refuerzan el valor del Bernasconi como un espacio donde la historia, la educación y la arquitectura se entrelazan.

En el Bernasconi la formación no se limitaba al aula, sino que se extendía a través de recorridos que moldeaban la vida escolar: subir por escaleras de mármol de Carrara, transitar galerías, detenerse en la biblioteca, el teatro con butacas aterciopeladas o el museo escolar destinado al estudio de mamíferos y aves. Esta concepción de la educación posicionó a la escuela como uno de los centros educativos más emblemáticos del país.

APOGEO, CAÍDA Y RESURGIMIENTO

El paso del tiempo y la falta de mantenimiento afectaron el patrimonio. Durante décadas, este modelo marcó la vida escolar de miles de alumnos, pero el edificio no quedó exento del desgaste. En el año 2012 la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires detectó problemas edilicios. Estaba deteriorado y descuidado.

En busca de su mejora, la Ciudad lanzó un plan de obras para privilegiar la restauración, conservación y recuperación patrimonial. Entre 2024 y 2025 se llevaron adelante trabajos que incluyeron la restauración de fachadas de patios y de la entrada principal, junto a arreglos en instalaciones eléctricas, de gas y sistemas termomecánicos. A esto se le sumaron tareas de iluminación, revoques y pintura general.

“Nuestras escuelas palacio son un orgullo de Buenos Aires y un testimonio de nuestra historia educativa. Cuidarlas es respetar nuestra identidad y requiere un gran esfuerzo porque no son solo parches; estamos haciendo obras de fondo en edificios emblemáticos para que vuelvan a brillar como el primer día y que los chicos pasen su día en un entorno que los invite a aprender y a querer estar ahí”, sostuvo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, tras anunciar el plan de infraestructura escolar.

“El Bernasconi es uno de los complejos educativos más emblemáticos de la Ciudad, con un patrimonio cultural único. Cuidar estos espacios es también cuidar la experiencia de aprendizaje de miles de chicos”, sostuvo la ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel.

Uno de los espacios donde estas transformaciones se vuelven más visibles es en la Biblioteca “Joaquín V. González”, conformada por tres salas integradas: sector de colecciones, sala de lectura y un área de literatura infantil. Este espacio es visitado por alumnos, docentes e investigadores para consultar archivos digitales, físicos y materiales respecto de la historia de la educación. Su creación fue impulsada por Rosario Vera Peñaloza, la destacada educadora y pedagoga riojana que siguió esta línea de modelo educativo con una clara visión para la formación infantil dedicándose a llevar la pedagogía fuera de las aulas.

El sector fue reinaugurado en 2025 tras una restauración integral. La intervención combinó la pintura general de paredes y cielorrasos, pulido, ignifugado y plastificado de los pisos de madera, cambio de vidrios e instalación de cortinas blackout, restauración de molduras e instalación eléctrica e iluminación. Esta actualización intervino en el espacio, el confort de lectura y acompañó el crecimiento de la comunidad educativa. Y este año se prevé la iniciación de la obra de acondicionamiento de cubierta del teatro y tareas de mejora integral.

Con la recuperación patrimonial no sólo se pone en valor un edificio, sino también una forma de entender la educación pública. Su conservación no implica únicamente preservar el pasado, sino sostener un modelo que sigue formando parte de la identidad arquitectónica y educativa de la Ciudad. #AgenciaNA