Buenos Aires, 10 junio (NA) — Detrás de los nombres rutilantes que configuran la primera línea de los cuerpos técnicos del fútbol profesional, suelen tejerse alianzas silenciosas, sociedades que desafían las barreras idiomáticas y las distancias geográficas para consolidar metodologías de trabajo exitosas.
En el entorno cercano de Rodolfo “El Vasco” Arruabarrena, la fisionomía del grupo de colaboradores inmediatos ha mantenido históricamente una impronta marcadamente argentina, con laderos de la jerarquía de Diego Markic y Juan Gobet como ayudantes de campo, y el preparador físico Gustavo Roberti dictando las pautas del acondicionamiento atlético. Sin embargo, en el último lustro, una figura joven, multicultural y proveniente del norte de África se ha transformado en un eslabón indispensable para la planificación táctica del entrenador bonaerense. Se trata de Amr Hussein Mokhtar, un estratega e intérprete analítico nacido en Egipto que, a sus 31 años, custodia los secretos conceptuales del búnker del “Vasco” en cada uno de sus desafíos internacionales.
La génesis de esta relación profesional y humana se remonta a los meses finales del año 2020 en la convulsionada capital de Egipto, El Cairo. Por aquel entonces, Arruabarrena desembarcaba en el continente africano para asumir las riendas del ambicioso proyecto futbolístico del Pyramids FC, una institución con un enorme poderío económico que buscaba romper la histórica hegemonía de los gigantes Al-Ahly y Zamalek.
En las estructuras internas del club de El Cairo ya se encontraba desempeñando funciones operativas Amr Mokhtar, un exdefensor central que había decidido colgar los botines de forma prematura para volcar su vocación hacia la dirección técnica, el análisis de video a través de herramientas tecnológicas avanzadas y el estudio pormenorizado del juego. Nacido el 1° de abril de 1995 y poseedor de la Licencia B de director técnico, el joven egipcio dominaba a la perfección múltiples idiomas, una cualidad que inicialmente llamó la atención del cuerpo técnico argentino entrante.
Lo que comenzó como una asignación protocolar de traducción y asistencia logística institucional pronto mutó en una profunda simbiosis futbolística. El “Vasco” descubrió en Mokhtar no solo a un facilitador idiomático capaz de transmitir conceptos complejos a los futbolistas locales, sino a un obsesivo de la táctica con un ojo clínico para la detección de falencias en los esquemas rivales.
Durante la estadía de Arruabarrena en el banco de suplentes del Pyramids FC, que se extendió por 38 partidos oficiales en el marco de la exigente Liga Premier de Egipto y las competiciones organizadas por la Confederación Africana de Fútbol, Mokhtar se convirtió en el principal consultor del entrenador argentino sobre la idiosincrasia del jugador local y las variables contextuales de la región. La química de trabajo demostró ser tan fluida y productiva que el DT argentino tomó la determinación de asimilar de forma definitiva al analista egipcio dentro de su riñón técnico, independizándolo de la plantilla de empleados fijos del Pyramids FC, donde también había colaborado previamente con el estratega croata Ante Čačić y el local Ehab Galal.
El verdadero punto de inflexión en esta historia secreta se consolidó a principios de 2022, cuando la Asociación de Fútbol de los Emiratos Árabes Unidos contrató a Rodolfo Arruabarrena con la misión de reconducir el destino del seleccionado mayor de cara al tramo final de las eliminatorias para la Copa del Mundo. Lejos de prescindir de los servicios de su colaborador africano, una de las primeras exigencias del Vasco a las autoridades de la federación en Dubái fue la incorporación inmediata de Amr Mokhtar a la delegación oficial.
En el Golfo Pérsico, el analista de El Cairo asumió un rol central en la preparación de los 14 encuentros internacionales que afrontó el combinado emiratí, actuando como un puente de dos culturas: amalgamaba la intensidad y la disciplina de la escuela futbolística argentina comandada por Markic y Roberti con el temperamento y la mentalidad de los futbolistas árabes, una tarea de orfebrería humana que incluso fue sumamente valorada por el prestigioso entrenador portugués Paulo Bento durante la posterior transición de mandos en la selección nacional.
La ratificación definitiva de la confianza mutua quedó en evidencia a mediados de 2024, cuando la liga más millonaria y competitiva del continente asiático, la Liga Profesional Saudí, llamó a la puerta del técnico argentino. Al tomar el control estratégico del Al-Taawoun FC, Arruabarrena volvió a convocar a Mokhtar para que armara las valijas y asumiera las funciones de ayudante de campo secundario y jefe de análisis táctico en Arabia Saudita. A lo largo de una exigente temporada que contempló 29 partidos oficiales frente a planteles repletos de estrellas internacionales de élite, el profesional egipcio se consolidó en la mesa chica del cuerpo técnico.
Aportando la frescura conceptual de la nueva generación de entrenadores globales que combinan el pizarrón tradicional con la digitalización del rendimiento físico, Mokhtar ha sabido ganarse el respeto de un grupo humano consolidado desde la época de gloria del Vasco en el banco de Boca Juniors. Mientras la órbita del entrenador argentino contempla nuevos horizontes competitivos, la presencia de este joven estratega de El Cairo sigue blindando la estructura técnica de un equipo de trabajo que habla el mismo idioma universal: el del fútbol de alta competencia.
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