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Mundial 2026: la ciencia explica por qué los penales no son pura suerte

Buenos Aires, 10 junio (NA) — Si lo miramos como un espectador, el penal parece algo sencillo. Pero si lo vemos en primera persona, en cambio, puede ser una de las situaciones más tensas de un partido.

La ciencia lo viene estudiando desde hace años y asegura que los penales no son pura suerte, si no que son una prueba comprimida de habilidad, control emocional, atención, memoria motora, toma de decisiones y tolerancia a la presión.

Un estudio de investigadores de la Universidad de Groningen, en Países Bajos, reconstruyó la experiencia de ocho futbolistas profesionales de elite que participaron en una tanda de penales decisiva de la Eurocopa. Según explica la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) el hallazgo central fue que la presión no aparece de una sola vez: cambia durante todo el proceso.

Según pudo saber la Agencia Noticias Aregentinas, no es lo mismo el momento posterior al alargue, cuando se decide quién patea, que la espera en el círculo central, la caminata hacia el área o los segundos finales frente al arquero. Cada etapa activa emociones, pensamientos y estrategias distintas.

LA ESPERA

La espera puede ser una “tortura silenciosa”, indican desde la UNQ. En el círculo central, los jugadores no tienen control sobre lo que ocurre: miran patear a otros, dependen de aciertos y errores ajenos, reciben información parcial, escuchan a sus compañeros, ven al arquero rival y empiezan a anticipar su propio turno. Esa falta de control alimenta la ansiedad.

En cambio, a medida que el futbolista se acerca al punto penal, algunos logran recuperar foco: piensan en su rutina, en el lugar elegido, en la carrera, en la respiración.

EL CONTROL

Los estudios muestran que la percepción de control puede modificar la forma en que el jugador interpreta sus propias señales corporales. El corazón acelerado, la respiración corta o la tensión muscular no son necesariamente enemigos, si no que el problema aparece si el futbolista lee esas sensaciones como prueba de que está por fallar.

LA PRESIÓN

Otra investigación citada por la UNQ buscó probar el fenómeno en condiciones experimentales. Un equipo de la Universidad de Huddersfield, en Reino Unido, estudió qué ocurre cuando futbolistas profesionales de academia patean penales bajo distintos niveles de presión. Para eso, los jugadores ejecutaron remates en escenarios de baja y alta exigencia psicológica.

El resultado fue claro: bajo presión aumentaron la ansiedad cognitiva, la percepción de presión y la frecuencia respiratoria. Además, los remates se volvieron más variables. No necesariamente todos patearon peor de la misma manera, pero sí se alteró la consistencia.

Asimismo, la presión no siempre destruye la técnica, muchas veces la desordena apenas lo suficiente como para que el margen entre gol y error se vuelva microscópico.

Esto puede explicar por qué un jugador extraordinario puede fallar un penal decisivo: porque el contexto cambia la tarea. En un entrenamiento, el penal es una repetición técnica. En una final del mundo, es una acción técnica dentro de un huracán emocional, social y simbólico.

NO ES UNA LOTERÍA

La ciencia pone bajo sospecha la vieja aseveración de que “Los penales son una lotería”. La preparación psicológica, las rutinas previas, la elección anticipada del remate, el manejo de la respiración, la conducta del arquero y el apoyo del grupo pueden inclinar la balanza.

Por eso muchas selecciones trabajan los penales como un escenario entrenable. No alcanza con patear cien veces después de la práctica, si no que es necesario recrear presión: la espera, el cansancio, la mirada externa, las consecuencias, el ruido, las interrupciones, la demora del árbitro, las provocaciones del arquero, entre otros factores.

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