Buenos Aires, 24 junio (NA) – La Cámara de Líneas Aéreas en Argentina (JURCA) responsabilizó a la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA) por las demoras y cancelaciones en Aeroparque a causa de la implementación de las nuevas medidas de control de tráfico aéreo impuestas por el organismo estatal.
JURCA advirtió hoy, mediante un comunicado, a los pasajeros sobre las causas de las demoras, reprogramaciones, cancelaciones y desvíos de vuelos con destino al Aeroparque Jorge Newbery desde el 18 de junio pasado y hasta la fecha.
La cámara informó a todos los pasajeros que “las demoras, cancelaciones, reprogramaciones y desvíos a aeropuertos alternativos que están afectando la operación aérea en el Aeroparque son responsabilidad exclusiva de la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA), empresa a cargo del control y la gestión del espacio aéreo nacional”.
En el comunicado sostienen que valoran “la modernización y actualización tecnológica del sistema de gestión del tránsito (ATM) aéreo adoptada por EANA”. No obstante, aducen que “el modo de implementación ejecutado por EANA está impactando severamente tanto a los vuelos de cabotaje como a los internacionales, generando graves perjuicios para los pasajeros, quienes enfrentan demoras y cancelaciones, cambios de itinerario y complicaciones en sus planes de viaje”.
Agregan que, “por su parte, las líneas aéreas han debido afrontar enormes costos adicionales de gasto de combustible por horas de espera en el aire, desvíos a aeropuertos alternos, costos operativos imprevistos asociados a aterrizajes en los mismos, reposicionamiento de aeronaves para continuar con el itinerario, reprogramaciones de pasajeros, pérdidas de conexiones, servicios de comida y hotelería, e incluso la cancelación total de vuelos por vencimiento de las tripulaciones”.
“Las aerolíneas que integran JURCA lamentan profundamente los inconvenientes ocasionados a sus pasajeros, por razones completamente ajenas al control de las líneas aéreas. Desafortunadamente, a la fecha, no tenemos información cierta de hasta cuando continuarán estas afectaciones a nuestras operaciones”, señala el comunicado.
Y concluye instando “a las autoridades competentes a adoptar con urgencia las medidas necesarias para restablecer la normalidad operativa, en especial en atención a la inminente temporada alta de invierno, en resguardo de los derechos de los pasajeros y de la sustentabilidad del sector aerocomercial argentino”.
Finalmente recomiendan a los pasajeros revisar el estado de su vuelo con su compañía aérea.
El ATM (Air Traffic Management) constituye el núcleo operativo de la aviación moderna. Se trata de un conjunto integrado de sistemas, procedimientos y servicios que permiten planificar, supervisar y controlar el movimiento de aeronaves en el espacio aéreo, garantizando su seguridad y eficiencia.
Este sistema combina funciones esenciales como la gestión del espacio aéreo, la coordinación del flujo de tráfico (ATFM) y los servicios de tránsito aéreo (ATS), apoyándose en tecnologías de vigilancia, comunicaciones y procesamiento de datos en tiempo real. En términos operativos, el ATM es el “cerebro digital” que coordina cada vuelo, desde su planificación hasta su aterrizaje.
En el caso argentino, la modernización del ATM implica la sustitución de sistemas que llevaban hasta 19 años en funcionamiento, lo que evidencia la magnitud del salto tecnológico en curso. Esta actualización busca unificar la gestión del espacio aéreo en todo el país mediante una plataforma de última generación que integra datos de radar, meteorología y planes de vuelo, permitiendo operaciones más precisas y eficientes. Sin embargo, este tipo de transición no es inmediata ni exenta de dificultades.
Las demoras y cancelaciones registradas se explican principalmente por el período de adaptación operativa que sigue a la entrada en servicio de un nuevo sistema. Durante esta fase, los centros de control —como los de Ezeiza, Córdoba y Mendoza— deben operar bajo protocolos reforzados de seguridad y con un nivel adicional de vigilancia y validación de datos, lo que puede ralentizar el flujo de operaciones aéreas. En la práctica, esto se traduce en una reducción temporal de la capacidad de gestión del tráfico: se autorizan menos movimientos por hora para garantizar que cada operación se realice sin riesgos.
Además, la implementación de un sistema ATM implica no solo el reemplazo de software y hardware, sino también una profunda reconfiguración del trabajo de los controladores aéreos, quienes deben adaptarse a nuevas interfaces, herramientas y procedimientos. La transición incluye programas de capacitación progresiva y uso de simuladores, pero durante ese proceso es habitual que las operaciones se vuelvan más conservadoras, incrementando los tiempos de separación entre aeronaves y, por ende, los retrasos.
Desde una perspectiva técnica, otro factor clave es la integración de sistemas en tiempo real. El nuevo ATM funciona como una plataforma centralizada que conecta múltiples fuentes de información —radares, comunicaciones, meteorología y planes de vuelo—.
Cualquier ajuste, calibración o inconsistencia en estos flujos de datos durante la fase inicial puede obligar a aplicar restricciones operativas. En aviación, donde la seguridad es prioritaria, cualquier duda sobre la precisión de la información implica automáticamente una reducción del ritmo de operaciones.
A esto se suma la necesidad de garantizar la interoperabilidad entre distintas regiones de control. El sistema argentino se está desplegando de forma progresiva en las distintas Regiones de Información de Vuelo (FIR), lo que implica que durante un tiempo coexistan tecnologías nuevas y antiguas. Esta convivencia puede generar cuellos de botella en la coordinación entre centros, especialmente cuando un vuelo pasa de un área con el nuevo sistema a otra que aún no completó la transición.
Este comportamiento no es exclusivo de la Argentina. Experiencias internacionales muestran que los sistemas ATM, cuando operan cerca de su capacidad o en procesos de cambio, pueden generar retrasos significativos. Estudios del sector señalan que los desequilibrios entre capacidad operativa y demanda de vuelos, o los ajustes en la gestión del flujo aéreo, son causas recurrentes de demoras, incluso en sistemas avanzados.
Paradójicamente, el objetivo de la modernización es justamente el opuesto: reducir demoras, mejorar la previsibilidad y optimizar las rutas, lo que a largo plazo permitirá vuelos más directos, menor consumo de combustible y mayor capacidad operativa. El nuevo sistema también está diseñado para absorber el crecimiento del tráfico aéreo derivado de la expansión del mercado aerocomercial.
En síntesis, las demoras y cancelaciones registradas no constituyen un fallo estructural del sistema, sino una consecuencia esperable de un proceso de transformación tecnológica profundo, en el que la prioridad absoluta es preservar la seguridad operacional. La implementación del ATM implica reemplazar casi dos décadas de infraestructura con una arquitectura digital completamente nueva, lo que exige tiempo, ajustes y adaptación humana. Como ocurre en toda transición crítica, el sistema primero debe aprender a funcionar antes de alcanzar los niveles de eficiencia que promete.
Agencia NA






