Buenos Aires, 29 junio (NA) — Cada vez que arranca a disputarse Wimbledon una imagen se repite: todos los jugadores salen a la cancha vestidos rigurosamente de blanco. En una era en la que los deportistas suelen lucir indumentarias coloridas y diseños cada vez más llamativos, el tercer Grand Slam de la temporada sigue aferrado a una de las tradiciones más antiguas y estrictas del deporte.
La norma es tan rigurosa que no solo alcanza a las camisetas y los pantalones. También se extiende a las faldas, medias, gorras, cintas para el pelo e incluso a las suelas de las zapatillas, que solo pueden tener pequeños detalles de color de hasta un centímetro.
Pero, ¿por qué Wimbledon obliga a todos los tenistas a vestirse de blanco? La respuesta está en una combinación de historia, elegancia y costumbres de la Inglaterra victoriana.
UNA TRADICIÓN NACIDA EN EL SIGLO XIX
Según accedió la Agencia Noticias Argentinas, la costumbre se remonta a finales del siglo XIX, cuando el tenis era un deporte practicado principalmente por las clases altas británicas. En aquella época, mostrar manchas de transpiración en la ropa era considerado poco elegante e incluso impropio. El color blanco permitía disimular mejor el sudor y se convirtió en el estándar de la indumentaria para jugar al tenis.
Cuando se disputó la primera edición de Wimbledon, en 1877, los jugadores ya competían vestidos de blanco y el torneo mantuvo esa tradición durante décadas. Sin embargo, la regla no se oficializó hasta 1963, cuando el All England Club incorporó formalmente el código de vestimenta en su reglamento.
Con el paso de los años, lejos de flexibilizarse, la norma se volvió cada vez más estricta. El torneo fue limitando el tamaño de los logos, los colores permitidos y cualquier elemento que pudiera romper la imagen uniforme que caracteriza al campeonato.
LAS POLÉMICAS QUE GENERÓ EL CÓDIGO DE VESTIMENTA
A lo largo de la historia, varias figuras del tenis chocaron con la tradicional regla de Wimbledon. El estadounidense Andre Agassi llegó a boicotear el torneo durante algunos años por su desacuerdo con la obligación de vestir de blanco. Roger Federer, por su parte, recibió un llamado de atención en 2013 por usar zapatillas con suelas naranjas.
También hubo controversias en el tenis femenino. En 2023, Wimbledon introdujo una excepción histórica al permitir que las jugadoras utilicen shorts interiores oscuros para reducir la ansiedad relacionada con la menstruación. Fue uno de los pocos cambios significativos en una tradición que parecía inamovible.
Pese a las críticas, el All England Club sigue defendiendo la norma. Para los organizadores, el blanco forma parte de la identidad del torneo y ayuda a que la atención se centre en el juego y no en la indumentaria de los deportistas.
Más de un siglo después de su nacimiento, la regla continúa vigente y convierte a Wimbledon en un torneo único. En un deporte cada vez más moderno, el Grand Slam londinense sigue demostrando que algunas tradiciones están hechas para perdurar.
Agencia NA






