Buenos Aires, 15 julio (NA) – La gestión de Rodrigo Aybar en Tres de Febrero quedó bajo presión tras el hallazgo de un cuerpo completamente calcinado dentro de un carro de mano incendiado en el barrio Ejército de los Andes, conocido como Fuerte Apache, en la localidad de Ciudadela.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el caso es investigado como una posible muerte violenta y la Justicia busca determinar si la víctima fue asesinada antes de que prendieran fuego al carro en inmediaciones del Nudo 6 del complejo habitacional.
La escena es brutal y vuelve a colocar al municipio frente a una pregunta incómoda: qué nivel de control real existe en uno de los puntos más sensibles del distrito, donde las cámaras de seguridad habrían registrado a dos personas con el rostro cubierto trasladando el carro antes de incendiarlo.
El caso quedó en manos de la UFI N.º 7 del Departamento Judicial de San Martín, mientras personal de la DDI y de Policía Científica realizó pericias para determinar la causa de la muerte, identificar a la víctima y reconstruir el recorrido previo de los sospechosos.
Para Aybar, el golpe político es doble. Por un lado, se trata de un hecho de extrema violencia en un territorio históricamente asociado a conflictos de seguridad. Por otro, ocurre en una gestión de transición, luego de la salida de Diego Valenzuela hacia la Legislatura bonaerense, lo que obliga al nuevo jefe comunal a demostrar que no recibió solo el cargo, sino también el control efectivo del distrito.
Fuerte Apache no puede ser tratado como una postal conocida ni como una zona donde el Estado aparece únicamente después de la tragedia. El municipio deberá explicar qué presencia territorial tiene, cuántas cámaras funcionan, qué patrullaje preventivo se realiza, qué alertas hubo y qué coordinación existe con la Provincia.
La hipótesis de un posible ajuste de cuentas agrava la lectura política. Cuando un cuerpo aparece quemado en la vía pública, dentro de un carro, no alcanza con esperar el avance judicial. La gestión local debe dar señales de prevención, urbanismo, iluminación, monitoreo y asistencia territorial.
La actual gestión necesita mostrar autoridad propia y no esconderse detrás del legado de Valenzuela. La seguridad en Tres de Febrero no puede depender de discursos heredados ni de la reacción policial posterior.
El cadáver calcinado en Fuerte Apache deja una imagen difícil de administrar: un distrito donde la violencia extrema todavía encuentra margen para actuar, circular y desaparecer entre pasillos. Y esa postal golpea directamente al municipio.
Agencia NA






