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Qué opinan los analistas políticos sobre los 1.000 días de Milei en la Presidencia

Buenos Aires, 6 de septiembre (NA) – El presidente argentino, Javier Milei, cumple este sábado 5 de septiembre 1.000 días al frente del Poder Ejecutivo Nacional, desde aquel 10 de diciembre de 2023 en que asumió la Presidencia.

Para tratar de interpretar cómo lleva hoy el mandatario a esta simbólica fecha, la Agencia Noticias Argentinas les pidió su opinión a algunos destacados analistas y consultores políticos, quienes ofrecieron su visión sobre la evolución de Milei a lo largo de su gestión y sobre su impacto en la historia política nacional.

RAÚL TIMERMAN
DIRECTOR DEL GRUPO DE OPINIÓN PÚBLICA.

Durante 2023, siendo que el único que crecía en intención de votos era Javier Milei, hicimos grupos focales con potenciales votantes suyos, para conocer el motivo por el cual lo elegían como futuro presidente.

Y un poco la síntesis de ese voto era “yo estoy harto”, “esto así no va más”, “lo voto a Milei y que sea lo que Dios quiera”.

Ahora pasaron 1.000 días y ya se sabe qué fue lo que Dios quiso con Milei. La pregunta es: ¿lo volvería a votar?

CRISTIAN BUTTIÉ
DIRECTOR DE CB GLOBAL DATA

Se cumplen 1.000 días de gestión de Milei. Tiempo suficiente para poder auditar e identificar los aciertos, los errores, los defectos y virtudes que ha tenido su Gobierno en este tiempo, y lo que se viene de cara a la elección de 2027. En términos generales, lo que podemos interpretar, por lo menos en la imagen del presidente, es que mantiene una tendencia de desgaste. Nunca Milei estuvo mejor que en el lugar desde el cual arrancó, que fue aquel 56% de aprobación. Sí tuvo un efecto de electrocardiograma, pero siempre la tendencia fue a la baja.

Hubo una erosión de un segmento de la sociedad que tiene identidades políticas, principalmente “antikirchneristas”, pero que encuentra en Milei cierta experiencia fallida o cierto descontento. Muy similar a lo que le pasó a Mauricio Macri. Incluso Milei tiene números muy parecidos a los que tenía Macri en 2018. De manera tal que, si Milei no logra revertir esta tendencia, no nos debe sorprender que llegue a la elección de 2027 como Macri llegó a la de 2018.

Claramente el presidente ha logrado consensos y ha reivindicado en la sociedad conceptos que son clave, como el equilibrio fiscal, el superávit y que el Banco central goce de autonomía e independencia, contrarrestando lo que han hecho gobiernos anteriores. En eso el Gobierno retiene acompañamiento.

Pero lo que es cierto también es que su comunicación no ha estado a la altura de las circunstancias, porque son muy pocas las oportunidades en las que pudo coordinar y encaminar una agenda. Casi siempre tuvieron que salir a responder porque la agenda la armaba el contexto.

Vamos a seguir de cerca la evolución del presidente y, obviamente, la evolución de la oposición porque, a diferencia de 2019, no vemos una oposición que logre un consenso transversal entre kirchnerismo, peronismo, gobernadores. Vemos bastante heterogeneidad, y eso es un activo del presidente que, en términos individuales, sigue en una tendencia a la baja. El gran desafío es ver si se puede recuperar o seguirá consolidando esta tendencia.

CARLOS FARA
DIRECTOR DE FARA-VEGGETTI Y EXPRESIDENTE DE LA IAPC

Los 1.000 días del Gobierno de Milei tienen algunas facetas positivas. Todos sabíamos que iba a tener dos grandes desafíos, siendo el Gobierno políticamente más débil desde 1983. Por un lado, la resolución de la crisis económica que, sin poder político, es siempre muy compleja; y, por el otro, la gobernabilidad en general. En ambos retos salió aprobado, porque la Argentina está más ordenada macroeconómicamente; está cumpliendo bastante con el acuerdo con el Fondo; claramente bajó la inflación (dejando de lado el exceso de optimismo del Gobierno); está cumpliendo con la deuda; está teniendo un boom de exportaciones; el dólar está estable; y tuvo el apoyo de Estados Unidos.

Todo eso está muy bien. Pero en la faceta vinculada a la micro está muy complicado, y eso está generando mucho mal humor.

De todos modos, ha tenido suficiente buen pragmatismo para poder maniobrar adecuadamente ante situaciones complejas y frente a sus propios errores de praxis política a lo largo de estos 1.000 días.

Es un gobierno que está teniendo una relación muy compleja con la mayor parte de la sociedad, sobre todo después de las elecciones de 2025. El año pasado logró aprobar el test legislativo de medio término, pero era claro que la sociedad iba a incrementar la vara de exigencia, y eso iba a ponerlo en aprietos en cuanto al nivel de aprobación.

Hay dos aspectos que son cuestionados por la gran mayoría de la sociedad, inclusive por núcleos de su propio voto. Y el número uno es el estilo. Confrontativo, agresivo, el tema, el vocabulario. Hay mucha gente que incluso lo votó, especialmente el público de Juntos por el Cambio, que no se siente representada por ese estilo del presidente. Para ellos no es el ideal de presidente que les gustaría tener.

Y el segundo aspecto es su postura frente a temas económicos y sociales muy difíciles, como el de la discapacidad, las universidades o ahora el tema de los morosos. Es un Gobierno que no muestra empatía, que tiene una falta de sensibilidad, y eso está teniendo un impacto muy fuerte en la opinión pública. Y le va a ser difícil revertirlo.

La microeconomía es, sin duda, percibida negativamente, no solamente por la realidad, sino además por esta mencionada falta de empatía. Es un gobierno que se suponía que iba a tener un handicap en materia de comunicación y en el manejo de las redes.

En estas dos materias, para mi gusto, está con déficit. No comunica bien, y de todas las crisis ha salido con problemas: $Libra, Espert, Andis, Adorni, etcétera. Claramente está perdiendo la batalla en la opinión pública y también la batalla en las redes sociales, donde impacta cada vez menos lo que hace o lo que dice.

En ese marco, trata de agarrarse de manera oportunista, como hace cualquier gobierno, de temas de sensibilidad popular para ver si puede cambiar un poco el clima, como el tema Malvinas.
Creo que en estos 1.000 días el pragmatismo lo ha llevado a abrazarse a la casta todas las veces que lo ha necesitado. Y eso era lógico.

Ha tenido una relación oscilante con los aliados dialoguistas en el Congreso y, dentro de todo, bastante ayuda le han dado a pesar de que tiene un déficit en materia de recaudación y eso complica la relación con las provincias. Eso es precisamente lo que estamos viendo ahora.

Y luego ha tenido problemas de corrupción, como tienen todos los gobiernos. Digo… eso no tiene ninguna novedad, pero termina de reforzar el preconcepto de la gran mayoría de la sociedad de que “hay corrupción en todos los gobiernos, y este es uno más”. En ese sentido, no se diferencia.

Pero aún así ha logrado imponer una impronta revolucionaria: su Gobierno ha sido “fundacional” y lo sigue siendo. Ha logrado marcar una agenda del cambio en muchos aspectos, con una mirada muy revolucionaria respecto a cosas que siempre han parecido muy difíciles de cambiar como, por ejemplo, la reforma laboral. Veremos después qué resultados tiene o cuál es el impacto de las grandes inversiones con el RIGI.

Finalmente, está claro que tiene algunos déficits estructurales de los cuales le va a ser muy difícil salir. Porque a medida que va pasando el tiempo, se va consolidando la decepción. A grandes rasgos, diría que el Gobierno tiene una razonable perspectiva de poder ser reelegido el año que viene. Pero todavía falta mucho. A su favor, cuenta con una desarticulación opositora, tanto por los conflictos dentro del kirchnerismo, como por la dificultad para armar alguna tercera opción.

MANUEL ZUNINO
DIRECTOR DE PROYECCIÓN CONSULTORES

Milei aún conserva uno de sus principales activos: la capacidad de ordenar la conversación pública y mantener la iniciativa política. En el primer tiempo de su gobierno logró construir y responder a la demanda de estabilidad con baja de la inflación y una idea de orden económico y público. Pero esa etapa empieza a agotarse. Después de un esfuerzo prolongado, la sociedad ya no demanda solamente estabilidad, empieza a exigir bienestar, mejores ingresos, salarios y calidad del empleo.

Sería un error confundir desgaste —este año acumula una caída promedio de seis puntos en gestión, imagen, rumbo e intención de voto— con derrumbe. Una parte de la sociedad todavía le reconoce capacidad para resolver los problemas y por eso el malestar económico no se transforma completamente en sanción política.

Además, Milei logró modificar la naturaleza de su apoyo. En 2023 irrumpió desde una polarización vertical, “la gente” contra “la casta”, pero durante su gobierno giró hacia la histórica división peronismo-antiperonismo, hasta convertirse en el principal referente de este último polo. En un escenario de alta polarización, donde el rechazo pesa tanto como la adhesión, ese giro le permitió recomponer su base: compensó parte del voto original que perdió incorporando electores del PRO. Así consolidó un núcleo duro distinto y más heterogéneo que el de 2023, que combina jóvenes y adultos mayores, sectores populares y niveles socioeconómicos altos.

Hoy está transitando el “efecto tercer año”: la herencia pierde eficacia como argumento y el Gobierno empieza a ser evaluado por lo que hace. Después de 1000 días dominados por la capacidad de Milei para producir sentido, conflicto y centralidad, empieza definitivamente un tiempo más clásico y menos discursivo: el de los resultados concretos.

ANALÍA DEL FRANCO
DIRECTORA DE ANALÍA DEL FRANCO CONSULTORES

Como balance de estos 1.000 días en cuanto a su posicionamiento, él no ha logrado ampliar su base de adhesiones, al menos hasta el momento. Por el contrario, se ve circunscrito hoy a su core, a su núcleo duro, que es lo que sacó en la primera vuelta de 2023. Hay un tercio que lo sigue acompañando. No es poco si uno lo mira considerando el ajuste que él provocó, de esta política económica tan dura para la cotidianeidad.

Ahora, si lo miramos en términos electorales, obviamente él logra más que ese 30%, siempre ayudado por una oposición que no convence o no se organiza. En definitiva, a pesar del mencionado magro crecimiento en adhesiones, sigue medianamente competitivo.

La pregunta es “qué cosas lo llevaron a no poder ampliar su rango de adhesiones” o incluso a perder el respaldo que obtuvo en el ballotage de noviembre de 2023. Porque él sí cumplió su promesa de controlar la inflación. Lo que ocurre es que la opinión pública funciona así: “OK, controlaste la inflación, pero ahora dame otra cosa”, “¿qué más me das?, ¿más trabajo?, ¿mejor calidad de vida?”. Y todo eso no sucede con el control de la inflación. Sucede todo lo contrario: cierran fábricas, el salario no aumenta, disminuye la calidad de vida. Todo esto es lo que lo ha llevado a perder ese “anillo” que él había logrado en el ballotage.

Por otro lado, también hay otra cuestión que fue influyendo en sus propios votantes: el estilo. El estilo agresivo nunca gustó, y ahora menos. Ya no se tolera en vistas de una peor situación económica. Pero también mantuvo cosas positivas en este aspecto. Por ejemplo, se le valora en su núcleo duro ser una persona sincera, frontal.

Otra cosa que aparece en los estudios como una “decepción” es que “el ajuste lo tenían que hacer otros”, la política. Y esto se acentúa porque la gente ahora los ve como “lo mismo”.

En síntesis, Milei hubiera crecido en adhesiones si hubiera habido una situación económica que medianamente acompañara el “sacrificio” de la gente, el ajuste. Mantiene su núcleo duro y puede generar algún tipo de adhesiones. Si uno pregunta al encuestado si adhiere o no al oficialismo, casi se divide en mitades. Pero la adhesión dura es de un 8%; los otros 40 puntos de adhesiones con críticas.

Agencia NA