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Elecciones Brasil 2026: claves para entender la votación que marcará el destino de América Latina

Buenos Aires, 11 octubre (NA) — La primera vuelta de las elecciones en Brasil causó sorpresa a propios y extraños, de un lado y otro de las trincheras, e incluso en aquellos que parecen distantes de los contendientes más importantes.

El triunfo del candidato de derecha Flávio Bolsonaro (Partido Liberal, PL) sobre el mandatario de centroizquierda Luiz Inácio “Lula” Da Silva (Partido de los Trabajadores, PT) con el 47,03% contra el 45,16% -una diferencia del 1,87%, 2,2 millones de votos- no sólo dejó en offside a todas las encuestas (ninguna presagió ese resultado) sino que puso en la puerta de la Presidencia de la principal potencia de Sudamérica a este senador de 45 años que hasta el momento no era el miembro de su familia con mayor proyección política.

En ese sentido, su clímax electoral había sido en 2018 cuando obtuvo su banca en la Cámara Alta representando al Partido Social Liberal (PSL) de Río de Janeiro y obteniendo 4,3 millones de votos (31%).

Ahora multiplicó 13 veces aquel caudal al cosechar 56 millones de apoyos y superando no sólo a Lula sino a su propio padre, Jair Bolsonaro, que en la primera ronda de las elecciones de 2022 había obtenido 5 millones de votos menos, quedando segundo detrás del líder del PT.

Hoy Flávio Bolsonaro no sólo acapara claras chances de ganar el balotaje contra Lula que se disputará en tres semanas, el 25 de octubre próximo -los analistas aseguran que tiene más del 70% de posibilidades de conseguirlo-, sino que puede convertirse en un nuevo líder de la derecha regional que viene creciendo en toda América Latina, referenciado -como Javier Milei- en el Estados Unidos de Donald Trump.

Pero, incluso, adquiriendo una mayor relevancia política que su propio padre -que está con prisión domiciliaria, condenado a 27 años de encierro por el intento de Golpe de Estado contra Lula de aquel 8 de enero de 2023- y que su hermano Eduardo Bolsonaro -prófugo en los Estados Unidos por la sentencia del Superior Tribunal Federal a 4 años de cárcel por intentar forjar sanciones externas contra Brasil-.

Ese empuje de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales resultó algo inesperado en el panorama político de la octava economía del mundo y su potencial triunfo en la segunda ronda cambiará el escenario de toda la región por el propio peso específico que representa Brasil.

Las encuestas son otras grandes derrotadas: si bien estuvieron cerca de acertarle al 45% que obtuvo Lula, quedaron muy lejos del 47% del candidato del PL.

Hay analistas que argumentan que pudo haber habido un “voto vergonzante” hacia Bolsonaro que generó un subregistro en los sondeos y, por ende, el desconocimiento de quién resultaría primero.

Lo que sí se demostró es la polarización extrema de Brasil: el 92% de los votos se concentraron entre estos dos postulantes, haciendo prácticamente desaparecer al resto de las 11 opciones presidenciales.

En ese contexto es probable que -de ganar la Presidencia- el menor de los Bolsonaro no sólo busque el indulto y/o la amnistía de sus parientes, sino que encare una campaña para forjar el juicio político contra los miembros del STF que los condenaron. Pero para eso necesitará mayorías especiales en el Poder Legislativo algo que parece difícil de alcanzar ya que va a estar muy fragmentado.

Sin embargo, después de esta elección el peso del conservadurismo de derecha en el Congreso brasileño (como en gran parte del mapa político del país) será mucho mayor.

Allí surge la duda de qué podría pasar en una potencial disputa de liderazgos en la familia Bolsonaro entre padre e hijo porque Brasil -como ningún país del mundo- se puede permitir un poder bicéfalo, como preanuncian algunos analistas.

Así como hay estudios que señalan que las chances de Bolsonaro de ganar el ballotage hoy están 7 a 3 con respecto a Lula, la primera encuesta realizada por Datafolha post primera ronda indica que la intención de votos del candidato del Partido Liberal está en 52% frente al 48% del postulante del Partido de los Trabajadores que busca su reelección.

A esos números se llega sacando los votos en blanco e indecisos.

Lo concreto es que el resultado de las urnas dejó mucha tela por cortar. Estas son las claves que quedaron de la elección del domingo 4 de octubre y las proyecciones de lo que pueda llegar a ocurrir de aquí al desenlace en tres semanas:

1- Flávio Bolsonaro no sólo sacó 5 millones más de votos que su padre Jair en primera vuelta (56 millones contra 51 millones), sino que ganó en más Estados: en total fueron 14 y el Distrito federal. Es decir, dos más que el patriarca de la familia hace 4 años. Y le arrebató 719 municipios más a Lula. Mientras que en 2022 Jair Bolsonaro había conquistado 2.191 municipios y Lula se quedó 3.379, en este 2026 Flávio Bolsonaro obtuvo 2.906 contra los 2.663 que fueron para el líder del PT. Es decir, en esto Bolsonaro hijo también superó al padre.

2- En cambio, Lula perdió 3,7 millones de votos comparando la primera vuelta del 2022 y la del 2026: en aquel entonces había conquistado 57,2 millones de sufragios contra 53,8 millones de hoy. Encima, el líder del PT vio fugarse votos en 25 de los 27 Estados y perdió dos que en 2022 lo tuvieron como ganador: Tocantins y Minas Gerais.

3- Este último distrito es clave: más allá de ser el segundo Estado con más votantes (10%), desde 1989 quien gana en Minas Gerais, gana en el país. En este caso, Flávio Bolsonaro obtuvo el 48,24% de los apoyos contra el 43,3% de Lula.

-A Bolsonaro hijo le faltaron apenas tres puntos para ganar en primera vuelta (se necesita más del 50% para lograrlo), pero es algo que hoy parece imposible de conseguir ya que eso no ocurre desde las elecciones de 1994 y 1998 con Fernando Henrique Cardoso quien se quedó con la Presidencia superando al propio Lula sin necesidad de balotaje. Después de esos hitos, siempre se recurrió al segundo turno.

4- Es la séptima vez que Lula compite por el Palacio del Planalto. Y en esa carrera de más de 37 años, tuvo tres derrotas (además de las de 1994 y 1998, la restante fue en 1989 contra Fernando Collor de Mello) y tres victorias: 2002, 2006 y 2022. En todas Lula necesitó del balotaje para llegar a la Primera Magistratura del país. A esos tres triunfos presidenciales del PT, hay que sumar los dos de Dilma Rousseff (2010 y 2014), quien no pudo terminar su segunda Presidencia por un “impeachment” rodeado de polémicas. Este intento de Lula por su cuarto mandato llega después de todo lo ocurrido en este tiempo –incluso aquella condena que lo llevó a prisión por 580 días y cuya causa posteriormente fue declarada nula- y con un líder que tiene 80 años.

5- Es obvio que el PT y el propio Lula también enfrentan el desgaste producto de años de ejercicio del poder. Sumado a cuestiones que afectaron su actual postulación para esta segunda reelección y potencial cuarto mandato: problemas económicos en los hogares por la suba de los precios (pese a la recuperación que tuvo el salario y la baja desocupación, 5,3%), endeudamientos de las familias (casi el 82%), hechos de corrupción (que han salpicado al oficialismo y la oposición) y, sobre todo, la inseguridad y la violencia en las calles. El accionar cada vez más extendido y virulento de grandes cárteles criminales, como el Primer Comando Capital (con base en San Pablo) y el Comando Vermelho (en Río de Janeiro) ha sembrado un caldo de cultivo para que el mensaje pro “mano dura” de Flávio Bolsonaro –que elogia el modelo represivo de Nayib Bukele en El Salvador- registre muchos apoyos.

6- Aunque la tasa de homicidios y muertes violentas intencionales en Brasil fue de 19,1 por cada 100.000 habitantes en 2025 (según los datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública), siendo la más baja desde 2012, es 5 veces superior a la de Argentina (3,6 homicidios dolosos cada 100.000 habitantes), lo que hace que el discurso punitivista y pro-armas de los Bolsonaro haya prendido tan fuerte frente a esa problemática. Y, con eso, el arrastre de votos se potencia.

También la ventaja electoral del senador derechista de Brasil se inscribe dentro de una ola general de derrotas de los oficialismos que se viene registrando en Sudamérica: de las últimas 15 elecciones en la región, 13 fueron ganadas por opositores. Y, en general, de derecha.

En ese contexto, en Brasil se vienen tres semanas de muchísima negociación política de los dos postulantes que quedaron para el balotaje en busca de esos votos que fueron para otros candidatos, además de intentar seducir a los que impugnaron su decisión, a los que sufragaron en blanco y, sobre todo, a los que no fueron a las urnas.

En ese escenario, quien afronta una carrera más allanada para el balotaje es, sin dudas, Flávio Bolsonaro.

No sólo porque quedó más cerca del 50%, sino porque detenta mucha más sintonía ideológica con los votantes de otros candidatos presidenciales que fueron relegados: sacando al que quedó tercero (Augusto Cury) del centrista Avante -obtuvo el 2,89% con 3,5 millones de votos-, los que siguieron fueron referentes de la derecha como Renán Santos, de Misión, (2,24% con 2,7 millones de votos) y Ronaldo Caiado del PSD (2,18% con 2,6 millones de votos).

A Lula, en tanto, el camino se le hace mucho más cuesta arriba ya que le quedan escasos “mares” adonde ir a pescar voluntades.

Si bien la tasa de personas que no fueron a votar –en Brasil el sufragio es obligatorio- fue la más alta en décadas, apenas alcanzó al 21,08% de los 158 millones habilitados, unas décimas por encima de 2022.

Es decir, votó el 78,92% del padrón (unos 125 millones de personas) y entre ellos hubo menos del 5% entre impugnados y en blanco. Por eso, el PT debe intentar reclutar voluntades entre esos 33 millones de ciudadanos que se ausentaron el domingo. Una tarea por demás difícil.

Ese es el escenario que se proyecta para una segunda vuelta. Aunque la política está muy lejos de ser una ciencia exacta a veces aparecen sorpresas, circunstancias y vicisitudes -además de anuncios- que pueden torcer el rumbo de un destino supuestamente predeterminado.

Pero es mucho más complejo el sendero que debe transitar Luiz Inácio “Lula” Da Silva -aún con las armas que le dan su propia experiencia de vida y el ejercicio del poder- que el que le toca afrontar a Flávio Bolsonaro.

En unas elecciones que, en apenas tres semanas, definirán no sólo el futuro del gigante Brasil. También el de toda Latinoamérica. Y del mundo.

Agencia NA