Buenos Aires, 11 octubre (NA) — Ni la rivalidad futbolística, ni las bromas cruzadas, ni siquiera los vaivenes de la política de cada uno. Ni los enfrentamientos más furibundos entre sus presidentes, ni los proyectos políticos o ideológicos antagónicos. Nada parece dañar la arrolladora relación económica bilateral que mantienen la Argentina con Brasil, ya que parece blindada, con una lógica acorazada del “business are business” (“negocios son negocios”).
Y es que la prioridad para las empresas que comercian entre ambas naciones es mantener el flujo de intercambio y aumentarlo cada vez más, independientemente de quien conduzca los destinos de cada nación. Y de cómo esté la relación política entre los gobiernos.
De hecho, ni siquiera se proyecta que sufra algún cambio negativo ante el escenario electoral del presente, sea quien sea el ganador del balotaje que se celebrará en dos semanas entre el actual mandatario Luiz Inácio “Lula” Da Silva y Flávio Bolsonaro, el senador que quedó primero en la ronda original y, según los analistas, tendría más de un 70% de chances de triunfar en el segundo turno.
La fiel demostración de que el vínculo económico entre Argentina y Brasil corre por carriles separados de las vicisitudes políticas es lo que viene ocurriendo en el último tiempo.
Pocas veces en la Historia hubo un momento de tanta tensión política entre los gobiernos de ambas naciones.
La pelea pública entre Javier Milei y Lula Da Silva escaló de tal manera que se llegó hasta el retiro del embajador brasileño en Buenos Aires, reduciendo la presencia diplomática apenas a un Encargado de Negocios, algo que Argentina calificó como “desmedido” y “unilateral”.
Sin embargo, pese a la hostilidad, el año pasado el intercambio comercial entre ambos países siguió creciendo, llegando a los 29.000 millones de dólares.
Es cierto que no alcanzó al récord de 40.000 millones de dólares de 2011 (donde había una sintonía ideológica entre los gobiernos de ambos países) pero significó una suba importante, más teniendo en cuenta el contexto de enfrentamiento Milei-Lula.
Brasil sigue siendo el principal socio comercial de Argentina. Según los datos oficiales, en 2025 Argentina exportó a Brasil 11.757 millones de dólares e importó 17.286 millones.
Eso arrojó un déficit de 5.529 millones de dólares para el país gobernado por Javier Milei.
Sin embargo, en 2026 comenzó a equilibrarse un poco la balanza, de tal manera que, durante los primeros ocho meses de este año el déficit argentino se redujo a 1.635 millones de dólares, frente a más de 4.100 millones en el mismo período de 2025.
Según informó la Cámara de Comercio, Industria y Servicios Argentino Brasileña de la República Argentina (CAMBRAS) -que agrupa a más de 500 empresas que participan del intercambio bilateral- “en agosto de 2026, las exportaciones argentinas crecieron cerca de 7% interanual y las importaciones desde Brasil cayeron cerca de 10%”.
En un marco general donde, en el primer semestre de 2026, el 13% del total de las exportaciones argentinas fueron a Brasil y el 22% de las importaciones llegaron desde el gigante de Sudamérica.
Es decir que, pese al ruido político y a la “guerra” dialéctica y diplomática entre Milei y Lula, ambos países siguen con sus negocios.
El paradigma del “business are business” mantiene su vigencia. Su dominio. Su independencia. Y su hegemonía.
Así como Brasil es el principal socio comercial de Argentina, la ecuación no se repite a la inversa.
El principal socio comercial de Brasil es China, seguido por EE.UU. y luego sí aparece Argentina. Hacia el gigante asiático, el país de Lula destina el 27% del total de sus exportaciones (en especial soja, mineral de hierro y petróleo crudo).
Mientras que al país gobernado por Donald Trump -un ferviente detractor de Lula al que le subió los aranceles de sus productos por el encarcelamiento de Jair Bolsonaro dictaminado por la Justicia- le vende petróleo, productos semielaborados y de aeronáutica. Argentina sí es el principal socio comercial en América Latina y dentro del Mercosur, pero no encabeza la nómina global como sí lo hace Brasil en sentido inverso.
Por eso muchas veces se dice que cuando “Brasil estornuda, Argentina se resfría”. Y no al revés. Aun así, la relación sigue siendo beneficiosa para ambas naciones.
En general, Brasil siempre exportó más de lo que importó de Argentina: sólo en 11 de los últimos 35 años –desde la puesta en marcha del Mercosur- la balanza comercial fue superavitaria para los criollos.
Lo cierto es que el Mercosur (con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay como socios originales), tuvo una semilla fundacional en la “Declaración de Iguazú” firmada el 30 de noviembre de 1985 entre los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney, intentado dejar atrás las históricas rivalidades geopolíticas, económicas y hasta nucleares que Argentina y Brasil mantuvieron por décadas, llegando a ser incluso “hipótesis de conflicto” (hasta bélico) para algunas administraciones en ambos lados de la frontera, en especial bajo regímenes militares.
Ese pacto Alfonsín-Sarney es considerado como la “piedra basal” de un acercamiento que luego, con la creación del Programa de Integración y Cooperación Económica (PICE) en 1986 -impulsó protocolos de intercambio en áreas como bienes de capital, trigo, transporte y energía- encaminó las cosas hacia el Mercado Común del Sur.
El Mercosur se puso oficialmente en marcha el 26 de marzo de 1991 con la firma del Tratado de Asunción, por parte de Carlos Menem (Argentina) y Fernando Collor de Mello (Brasil) – además de Andrés Rodríguez (Paraguay) y Luis Alberto Lacalle (Uruguay)- y, a partir de ahí, el vínculo comercial comenzó a crecer.
En 1993 se comerciaba unos 6.000 millones de dólares, una cifra que fue cinco veces mayor en 2025 cuando se rozó los 30.000 millones.
Como se mencionó, el récord de los 40.000 millones de dólares de intercambio se dio en 2011, durante el primer gobierno de Cristina Kirchner (en Argentina) y Dilma Rousseff (en Brasil).
Pero más allá de que haya ocurrido en un período de coincidencias ideológicas entre los gobiernos de ambas naciones, lo cierto es que el crecimiento de las relaciones comerciales se mantuvo en distintos momentos incluso cuando las administraciones de turno no tuvieran ninguna afinidad.
Las bajas en el comercio entre ambos países respondieron más a problemas económicos internos de cada uno de ellos en determinados años.
Fue la economía, no la política. Y lo sigue siendo aún hoy.
Más allá de la pelea actual o de que pueda llegar a ocurrir en el balotaje brasileño: sea Lula o Bolsonaro quien se quede con el Palacio de Planalto por los próximos cuatro años a partir del 1 de enero de 2027, fecha de la asunción del ganador.
Según CAMBRAS, “las diferencias políticas pueden modificar el clima o la velocidad de determinadas iniciativas, pero la relación empresarial tiene autonomía y una resiliencia considerable frente al ciclo político.
Precisamente por eso instituciones como CAMBRAS cumplen una función de continuidad: mantener abiertos los canales empresariales e institucionales y preservar una agenda común de largo plazo.” Y agrega la cámara empresarial: “la relación entre Argentina y Brasil es mucho más profunda que una coyuntura política determinada”.
MIRADA DE EXPERTOS
El experto en relaciones internacionales y Director de la consultora ABECEB, José Gustavo Pérego, le dijo a Noticias Argentinas que “la relación comercial y de negocios bilateral está mucho más allá de las relaciones cruzadas en términos políticos en los países.
Tanto ahora o cuando estaba Jair Bolsonaro y Alberto Fernández; o en épocas de Fernando Enrique Cardoso y Carlos Menem, o cuando sea.
La relación comercial siempre estuvo -a veces un poco más, a veces un poco menos- por delante de todo”.
Pérego plantea que dentro del Mercosur tiene un peso especial el AC 14, “un acuerdo automotriz con protección arancelaria para el resto de los sectores”.
“En la medida en que el sector automotriz tracciona, aumenta el intercambio. Cuando no tracciona tanto, se cae”, añadió.
El director de ABECEB también quiere derribar ciertos mitos: “La tesis de que las cosas andan mejor cuando hay alineamiento ideológico hay que ponerla entre comillas, porque la realidad es que las dos economías están bastante desancladas una de la otra”.
“Por ejemplo, en el momento donde convivían el gobierno kirchnerista en Argentina con el gobierno de Lula en Brasil ambos países tuvieron procesos de crecimiento fortísimo -en la primera década de este siglo- pero porque son dos economías independientes: allí se dio una suba del precio de los commodities o de productos elaborados a partir de recursos naturales”, indicó.
Y remarcó: “Pero cuando los precios se empezaron a desplomar, los términos de intercambio se reventaron para ambos y ambos se complicaron”.
Con respecto al escenario que se pueda plantear tras el balotaje, Pérego señaló que, gane quien gane, “es inviable que el gobierno brasileño sostenga un déficit nominal de 8 puntos”.
“El gobierno que gane, no importa el color que sea, va a hacer un ajuste”, precisó.
Y subrayó: “Los libertarios tienen la teoría de que si gana Bolsonaro va a ser mejor para Argentina y hay otros que dicen que es preferible que gane el Lula. Pero ninguna de esas dos teorías aplica porque, en términos generales, el comercio bilateral está dado por una dinámica propia, que no tiene modificaciones y la inflación de dólares es extra a Mercosur. Así que eso no impacta”.
El experto plantea también que hay que mirar con atención qué pasa en el Congreso brasileño donde el poder de determinados bloques y personajes -como Valdemar Costa Neto, referente del Partido Liberal que llevó a Bolsonaro a la Presidencia- tienen un peso muy importante y pueden condicionar hasta la continuidad o caída de un gobierno y presionar -vía impeachment- sobre el poder político y hasta el Judicial.
Por su parte el ex embajador argentino en Brasil Juan Pablo Lohlé planteó que si bien –por historias de orígenes diferentes- Brasil y la Argentina han tenido “una relación de competencia y rivalidad, eso en algún momento se agudizó y en otros se aminoró”.
“En los últimos 40 años de democracia tuvimos una relación de cooperación, de amistad y entendimiento, que dio origen al Mercosur. Hoy tenemos una relación distante con Brasil, porque tanto Jair Bolsonaro con Alberto Fernández como también Milei con Lula generaron distorsiones en el vínculo”, señaló.
Y agregó: “Pero los países son más importantes que los presidentes y la dimensión histórica es más importante que lo que está aconteciendo hoy. Salir de la rivalidad e ir a la cooperación fue un acierto de fines del siglo pasado y comienzo del actual”.
Lohlé, quien estuvo al frente de la representación diplomática argentina en Brasilia entre 2003 y 2011 (durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner) subrayó: “La relación entre Milei y Lula obviamente es muy distante, muy formal, prácticamente inexistente en lo personal. Y lo mismo ocurrió con Fernández y Jair Bolsonaro”.
“Nuestras culturas son próximas, pero cuando las cabezas no se cruzan, es muy difícil que los brazos se abracen”, sostuvo.
Y aseguró; “Nos va a llevar tiempo la reconstrucción de la relación. Si se produce una coincidencia en los procesos políticos de cada país, eso puede mejorar la relación, pero el problema es cuando son tan distintos y hay tantas diferencias. No hemos aprendido qué hacer en esas circunstancias. Pero es claro que la forma en que está la relación no es buena”.
Aun así, Lolhé analizó que, más allá de las tensiones políticas, el intercambio comercial sigue en marcha.
Y precisó: “En el caso de Argentina y Brasil, las cadenas productivas siguen funcionando en algunos sectores. Y esto se ve claro en las economías provinciales, por ejemplo, tanto en la exportación de manzana, uva, ajo, pera, aceituna. Las producciones regionales siguen más allá de la cuestión política”.
“La cuestión comercial, en algún sentido, tiene una pseudoautonomía de las tensiones políticas”. ¿Por qué? “Porque la cadena ya está hecha; no necesitan de los gobiernos para transportar los productos que venden, salvo que empiezan a poner limitaciones paraarancelarias en las fronteras y demás. Eso hasta hoy sigue normal”, completó.
El diplomático -también representó a Argentina en la Embajada en España, entre 1992 y 1993, y ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), entre 1989 y 1991, bajo la Presidencia de Carlos Menem- señaló: “En nuestra época (NdeR: cuando fue embajador entre 2003-2011) llegamos a un punto del comercio de 40 mil millones de dólares, algo que nunca más se logró. Fue el punto más alto de la Historia”.
“Pero las cadenas siguen funcionando”. Lolhé señala que en la actual coyuntura “hay cuestiones de orden más complejo como es la cadena del sector automotriz, porque empieza a haber una competencia de la industria china que empieza a fabricar autos en Brasil, y esto va a generar problemas en Brasil y en la Argentina, tanto para la industria automotriz como para la industria autopartista. Supongo que los sectores deberán tomar en cuenta esto y habrá que ver qué medidas se toman al respecto”, remarcó.
Sobre lo que puede pasar en Argentina de acuerdo al resultado electoral del balotaje brasileño, Lolhé señala: “Si gana Lula, acá festeja la oposición, básicamente el kirchnerismo. Lo que representa (Axel) Kicillof, los que representan el progresismo, son los que van a festejar”.
“Pero si gana Bolsonaro, va a ser como un triunfo de Milei, porque fue allá, hizo su acto en el inicio de campaña, algo que fue muy criticado en Argentina ya que es la primera vez que un presidente tiene una intervención directa como con una alocución y criticando al presidente en ejercicio -en este caso, Lula- acusándolo de ‘corrupto’ y de ‘ladrón’. Un acto insólito, muy cuestionado en Brasil y muy cuestionado a nivel internacional, porque es una práctica que no es usual”, evaluó.
El diplomático plantea que si gana Bolsonaro puede llegar a haber ”una cooperación mayor entre Argentina y Brasil”, teniendo en cuenta el vínculo con el actual gobierno argentino de Milei.
“Y si gana Lula, vamos a estar en este estado de latencia de la relación, donde van a funcionar las cuestiones institucionales, el comercio, las migraciones, los préstamos de electricidad, los acuerdos ya firmados, pero no creo que vaya a haber ninguna innovación”, indicó.
Sin embargo, Lolhé planteó una cuestión que sí le preocupa: lo que está ocurriendo en materia nuclear: “Argentina -que tiene un acuerdo con Brasil a través de una institución que es la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares, que conducen en forma alternativa ambos países- aparentemente ha dejado de pagar las contribuciones anuales a ABACC”.
“No se sabe por qué. Pero es la base de la cooperación nuclear. Es un tema muy importante en la relación, no sólo de Brasil, sino regional y e internacional”, detalló.
Por último, el ex embajador señaló que obviamente un potencial triunfo de Flávio Bolsonaro impactará en los equilibrios políticos de la región ya que inclinaría a Brasil hacia esa tendencia creciente de propuestas de derecha que viene ganando espacios (como el caso de Keiko Fujimori en Perú, Abelardo de la Espriella en Colombia, José Antonio Kast en Chile, que se sumaron a otros que estaban en esa línea, como Ecuador y Paraguay).
Y el peso del gigante de Sudamérica, con sus 215 millones de habitantes y su papel como octava economía del mundo, es, sin dudas, determinante para todos.
“Los dos países más importantes de la región tienen gobiernos de centroizquierda, con Claudia Sheinbaum en México y Lula en Brasil, a lo que habría que sumar Uruguay con Yamandú Orsi. El resto son gobiernos de derecha”, sostuvo.
Y completó: “Pero es bueno aclarar que todos los presidentes de estos países, a pesar de haber ganado elecciones con votos de derecha, dialogan con el presidente de Brasil. La Argentina no dialoga. Esto es un déficit de ambos lados, pero yo, como argentino, planteo que es un déficit del lado argentino”.
El ex canciller Rafael Bielsa afirmó en declaraciones a NA que “el PBI nominal de Brasil es unas 3,8 veces el argentino, según el FMI para 2026, y sus exportaciones de bienes, unas cuatro veces mayores, según el cierre de 2025”
“Flávio Bolsonaro repitió que sus alianzas serán con Estados Unidos, Israel y la Argentina; en el programa registrado ante el Tribunal Superior Electoral, China queda en el capítulo del pragmatismo comercial -vender sin alinearse- y los BRICS, en el de una revisión que no equivale a una salida formal. Milei viajó en julio para ungirlo y se analiza otro viaje antes del balotaje”, explicó.
Y añadió: “Bolsonaro ya ganó la primera vuelta; falta la segunda. Para la Argentina, el resultado puede redefinir la relación con su principal socio regional. Para Washington, puede consolidar un eje político que ya empieza a dibujarse. Chance simple, rojo o negro. En esta mesa no hay cero. Si alguien arranca con ventaja para cobrar, es Estados Unidos”.
En ese panorama, si bien el próximo 25 de octubre se define el futuro político del gigante de Sudamérica y, con ello, el de toda la región, Argentina juega su propio partido.
Un partido que es indiferente desde lo ideológico si se plantean cómo están las cosas hoy en día, con un Javier Milei peleado a muerte con Lula Da Silva y apoyando con todo a Flávio Bolsonaro.
Sin embargo, desde lo económico no parece inmutarse, porque, en definitiva, de eso se trata el paradigma del “business are business”.
Ese que triunfa y se impone, más allá de cualquier rivalidad, contexto y hasta de lo que digan las urnas.
Agencia NA






