Buenos Aires, 28 octubre (NA) – Diversas técnicas de cuidados paliativos comienzan a implementarse en residencias de larga estadía con el objetivo de cuidar y respetar a los pacientes, porque hablar de cuidados paliativos ya no se debe asociar solo con los últimos días de vida, sino aprender a convivir con personas mayores que atraviesan enfermedades avanzadas, fragilidad, demencia o distintos niveles de dependencia.
Incorporar los cuidados paliativos en residencias de larga estadía puede evitar sufrimientos, internaciones hospitalarias innecesarias y decisiones apresuradas ante una eventual crisis de salud. Los expertos aseguran que el desafío actual es dejar atrás la idea de que se trata de una atención reservada para antes de la muerte, y considerarla como una forma integral de cuidar, preservar la autonomía y acompañar a la persona internada y a su familia.
Los cuidados paliativos son un abordaje destinado a personas que atraviesan enfermedades que amenazan o limitan la vida. Su objetivo no es tratar la enfermedad, sino aliviar síntomas como el dolor o la dificultad respiratoria, disminuir la angustia, evitar sufrimientos y procedimientos innecesarios, sostener la mayor autonomía posible y cuidar la calidad de vida, contemplando las dimensiones psicológicas, familiares, vinculares y espirituales de cada persona.
En otras palabras, los cuidados paliativos no significan “dejar de hacer”, sino “hacer de otra manera, poniendo el cuidado y las necesidades de la persona en el centro”, subrayó la doctora Liliana Lombisani, Directora Médica de Edificio Manantial y especialista en geriatría (MN 99127 / MP 223377).
La mirada de los cuidados paliativos está cambiando y comenzó a adquirir particular importancia en las residencias de larga estadía, donde conviven personas mayores con enfermedades avanzadas, fragilidad, demencia o distintos niveles de dependencia.
Hasta ahora, la muerte se ha hospitalizado, alejándose de la vida cotidiana y familiar. La medicina moderna puede prolongar la vida, aunque a veces solo prolonga la agonía y el sufrimiento, olvidando los deseos del paciente.
“La muerte digna es el derecho a morir en condiciones adecuadas de cuidado, y por eso se están instrumentando lo que llamamos ‘cuidados paliativos humanizados en residencias de larga estadía’, donde es posible respetar la autonomía y los valores de cada persona, sin dolor y acompañado, explicó Débora Gargaglione, psicóloga y licenciada en gerontología.
Uno de los puntos centrales es la necesidad de no esperar a una crisis para comenzar a pensar en cuidados paliativos. Cuando esas necesidades no son detectadas a tiempo, una descompensación puede desencadenar una sucesión de guardias, internaciones, estudios o tratamientos que, aun siendo técnicamente posibles, pueden no coincidir con los deseos, prioridades u objetivos de cuidado de esa persona. Llegar antes permite saber qué requiere ese paciente, qué tratamientos aceptaría, qué situaciones preferiría evitar y de qué manera desea ser acompañado, en algunas ocasiones, al final de la vida.
En Argentina los cuidados paliativos están reconocidos como un derecho. La Ley Nacional 27.678, sancionada en 2022, establece el acceso universal a una atención integral para personas con enfermedades que amenazan o limitan la vida en los sistemas público, privado y de la seguridad social, incluyendo el acompañamiento a las familias. Sin embargo, su aplicación dentro de las residencias de larga estadía todavía enfrenta dificultades vinculadas con la organización institucional, la falta de protocolos específicos, la capacitación de los equipos y la disponibilidad de distintas herramientas terapéuticas.
El desafío, por lo tanto, no pasa solamente por cumplir formalmente con una ley, sino por convertir estos principios en prácticas cotidianas, y para eso se necesita de equipos interdisciplinarios, formación continua y una transformación cultural que permita anticipar escenarios y planificar las decisiones junto con cada residente y su familia, manteniendo como prioridades la dignidad, la autonomía y la reducción del sufrimiento.
Una de las herramientas más importantes para lograrlo es la Planificación Anticipada de los Cuidados: “Se trata de conversar antes de que aparezca una urgencia sobre qué tratamientos desea recibir una persona, cuáles preferiría evitar, quién debería intervenir en las decisiones y dónde quisiera permanecer si su enfermedad avanza”, manifestó Lombisani. Y agregó: “Las directivas anticipadas permiten dejar expresada esa voluntad para un futuro en el que eventualmente la persona ya no pueda comunicarla; hablar de estas cuestiones no significa anticipar la muerte, sino anticipar el cuidado”.
Para muchas personas mayores, una residencia de larga estadía dejó de ser una institución lejana para convertirse en su hogar porque en él están sus pertenencias, ejerce sus rutinas y sostiene vínculos sociales. Y cuando las condiciones clínicas lo permiten, permanecer allí resulta más acorde que una hospitalización.
Sin embargo, la doctora destacó que, de todos modos, los cuidados paliativos no se limitan solo al residente: “Una enfermedad avanzada repercute en todo el entorno afectivo y puede generar temores, agotamiento, incertidumbre, culpa o sobrecarga en quienes acompañan. Por eso, la persona y su familia son consideradas como una unidad de cuidado en un abordaje que busca disminuir el sufrimiento, fortalecer los recursos familiares, prevenir la sobrecarga del cuidador y acompañar el proceso de adaptación y de duelo”.
Agencia NA






