Buenos Aires, 2 enero (NA) – Con la reedición de El mago, de John Fowles, el público vuelve a encontrarse con uno de esos clásicos que parecen pertenecer más a los lectores que a los críticos. Publicada originalmente en 1965, la novela conserva intacta su capacidad de seducción, aun cuando sus imperfecciones han sido largamente señaladas por la crítica especializada.
El fenómeno no es nuevo en la historia literaria. Así como generaciones de lectores continúan disfrutando de El guardián entre el centeno sin preocuparse por los supuestos préstamos de J. D. Salinger a Francis Scott Fitzgerald, o regresan una y otra vez a Rayuela pese a las objeciones sobre sus artificios formales, El mago mantiene una relación de lealtad con su público que trasciende los juicios académicos.
Desde una lectura estricta, la novela de Fowles exhibe flancos débiles: una voz narrativa áspera, diálogos a veces mecánicos, referencias eruditas no siempre integradas con fluidez y una intriga que pierde parte de su eficacia en una eventual relectura. Sin embargo, estos elementos no han empañado el placer de miles de lectores cautivados por el ritmo del relato, la astucia estructural y la atracción inquietante que ejerce el universo de la magia negra.
La historia sigue a un joven huérfano, recién salido de Oxford y sin experiencia vital, que acepta un trabajo en una isla griega. Allí cae bajo la influencia de un excéntrico millonario que lo introduce en un sofisticado entramado de juegos psicológicos, engaños y pruebas morales. Fowles (1926–2005) conduce al protagonista —y al lector— por un laberinto de sospechas, fantasías y temores que sostiene la tensión hasta el final.
La reedición también reaviva el debate sobre la etiqueta de “novela posmoderna”, aplicada con frecuencia a El mago. Más allá de su valor cronológico en la literatura inglesa posterior al modernismo, la obra plantea interrogantes clásicos de la novela: la fragilidad de la verdad, la percepción distorsionada de la realidad y la dificultad de distinguir entre cordura y locura, temas presentes desde Cervantes hasta la narrativa contemporánea.
Uno de los núcleos más potentes del libro es la exploración de la figura del carisma negativo: el líder, el erudito o el millonario que promete seguridad a cambio de la renuncia a la voluntad propia. En ese sentido, El mago dialoga con una tradición literaria marcada por la reflexión sobre el poder, la seducción y los peligros de someterse a una autoridad que se presenta como superior.
Sin ser indiscutiblemente una obra maestra, El mago confirma, con esta reedición, su lugar como novela de culto y como experiencia narrativa capaz de ofrecer, aún hoy, una lectura tan inquietante como disfrutable.
#AgenciaNA






