Buenos Aires, 24 enero (NA) – Cuando levanten la mano y se apruebe la reforma laboral que impone este Gobierno, el trabajador quedará ampliamente desprotegido frente a un empresariado envalentonado por un sistema diseñado para otorgarles todos los beneficios.
A esta gestión no le hizo falta modificar la ley para poner al Ministerio de Trabajo (hoy degradado a Secretaría) al servicio exclusivo del capital. Lo hicieron pisando las paritarias, impidiendo que los gremios alcancen recomposiciones reales y mintiendo con un dato inflacionario que, para los trabajadores, es ridículo.
Blindaron al empresario ante cualquier conflicto. Lo más preocupante es el cercenamiento del derecho de huelga, algo que ya vivimos como “modelo de prueba” con la brigada antipiquetes y los despidos por supuestos bloqueos de establecimientos.
Estas herramientas son utilizadas abusivamente, como vimos en el reciente conflicto con una empresa arenera: el dueño, aduciendo un bloqueo en un buque, despidió personal abusando de su posición. Olvidan que los trabajadores de a bordo no sólo cumplen funciones comerciales, sino náuticas, velando por la seguridad del buque y la navegación.
El Gobierno siempre estuvo cerrado al diálogo. La única negociación que entienden es el “toma y daca”, hoy en manos de los gobernadores. Los legisladores que apoyen esto tendrán que rendir cuentas por decidir de espaldas al pueblo trabajador. La política está desequilibrando la balanza de poder, y no quedan dudas de que vienen ganando las empresas.
Este fue el leitmotiv de la era de Javier Milei. Desde el inicio, el Presidente que prometió “liquidar el Estado” apuntó contra la navegación fluvial, la marina y la pesca: primero con la ley Bases y la desregulación pesquera; luego con el DNU 70/23 declarando “esencial” la actividad; siguió con la modificación del REGINAVE eliminando figuras históricas como el sereno de buque; y recientemente con el DNU 340/25 intentando abrir las aguas a banderas extranjeras.
Son recetas calcadas de los años 90. Los argentinos terminaremos trabajando en nuestras propias aguas pero como extranjeros, en buques con “bandera de conveniencia”, sin cobertura social, salud ni derechos. La experiencia nos dice que esto no genera trabajo ni renueva la flota; al contrario, destruye lo poco que queda. Como dice irónicamente el propio Presidente: no se pueden esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo.
EL ENGAÑO DEL BANCO DE HORAS
Un punto crítico es la eliminación de las horas extras mediante el “banco de horas”. La hora extra remuneraba el esfuerzo por encima de la jornada legal. Eliminar su pago y canjearlo por francos a conveniencia de la empresa es explotación gratuita. El riesgo empresario desaparece y se carga sobre las espaldas del trabajador.
En nuestra actividad esto es gravísimo. Por cuestiones operativas y de seguridad, el buque demanda que el personal esté las 24 horas a bordo. No es una elección, es una obligación de seguridad de la navegación. Meter todo en una misma bolsa es abolir condiciones históricas y reducir el salario de facto.
Hoy es casi imposible negociar. Hay una intransigencia con sesgos de prepotencia que alimenta el conflicto constante. Nosotros vamos a mantenernos en la lucha y en reuniones permanentes con legisladores. Hay muchos lobos disfrazados de cordero, pero tomaremos nota de qué lado se pone cada uno. Tenemos memoria y sabemos que no todos son iguales; si no recordamos quién defiende a quién, esto no se soluciona nunca. #AgenciaNA






