Buenos Aires, 31 enero (NA) – La llamada reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional no constituye un proceso de modernización ni una actualización necesaria del sistema de relaciones laborales. Se trata, en esencia, de una propuesta de regresión que busca desmantelar el andamiaje jurídico, social y solidario que protege a los trabajadores, en contradicción con principios consagrados en la Constitución Nacional y en los tratados internacionales de derechos laborales y sociales ratificados por la Argentina.
El debilitamiento del actor sindical y de la negociación colectiva no es un efecto colateral, sino uno de los objetivos centrales de esta iniciativa. Al erosionar estas herramientas se intenta retroceder a un esquema previo al constitucionalismo social, donde el trabajador queda expuesto a una relación desigual, sin tutela efectiva y con un Estado que abdica de su rol de garante del interés general. Ese camino no genera empleo genuino ni desarrollo; genera precarización, conflicto y exclusión.
Uno de los aspectos más graves del proyecto es su impacto directo sobre el sistema de obras sociales y, por extensión, sobre el sistema de salud. La reducción del aporte patronal del 6% al 5% implica una caída relativa del 16,7% en ese componente de la recaudación, sin mecanismos compensatorios ni evaluaciones de impacto que permitan absorber esa pérdida sin afectar prestaciones esenciales.
A ello se suma la reforma del régimen de monotributo, que profundiza la segmentación del mercado laboral, incentiva la precarización y reduce aún más la base contributiva que sostiene al sistema solidario de salud.
Resulta especialmente alarmante la ausencia total de definiciones sobre el financiamiento, control y evaluación de drogas y tratamientos de alto costo, uno de los principales factores de presión económica del sistema sanitario. La iniciativa tampoco contempla períodos de transición ni esquemas de gradualismo, limitándose a reducir ingresos sin planificación ni responsabilidad institucional.
Frente a este escenario, la oposición del movimiento obrero organizado a la reforma laboral debe ser total y sin ambigüedades. No se trata de una discusión sectorial, sino de la defensa de principios constitucionales, derechos colectivos y de un sistema de protección social que garantiza salud, previsibilidad y dignidad.
El Congreso tiene la responsabilidad histórica de evaluar las consecuencias reales de un proyecto que no puede presentarse como solución cuando debilita el trabajo, la negociación colectiva y el sistema solidario de obras sociales. #AgenciaNA






