Buenos Aires, 15 mayo (NA) — Mientras la industria automotriz china sorprende con nuevas SUV capaces de navegar sobre el agua, en Argentina ya existía hace más de medio siglo un vehículo que mezclaba ruta y río en una misma propuesta: la histórica Boyita, una casa rodante anfibia convertida hoy en objeto de culto.
Uno de los casos más recientes que se dio en China es el de la Yangwang U8, una SUV híbrida enchufable de lujo desarrollado por la automotriz china BYD, que puede flotar y desplazarse sobre el agua durante hasta 30 minutos en situaciones de emergencia gracias a sus motores independientes y un sistema especial de sellado.
Pero mucho antes de esa tecnología, la industria nacional ya había desarrollado una solución similar, aunque mucho más artesanal y con espíritu recreativo. La Boyita nació a fines de los años 60 como una casa rodante ultraliviana que también podía navegar.
Creada por el ingeniero Jorge Berichit, egresado del Otto Krause y vinculado a la emblemática firma Carrocerías El Detalle, la Boyita se produjo entre 1969 y 1980 y llegó a exportarse a distintos países de América Latina e incluso a Alemania.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, la gran innovación de la Boyita era su estructura completamente estanca construida en PRFV, es decir, plástico reforzado con fibra de vidrio. Eso le permitía flotar y adaptarle un motor fuera de borda de entre 5 y 15 HP.
La pequeña casa rodante pesaba apenas 350 kilos y podía ser remolcada por autos populares de la época. Su diseño redondeado, sus pequeñas ruedas y los faros traseros tomados del Fiat 1500 terminaron convirtiéndola en una silueta inconfundible en las rutas argentinas.
UNA CASA RODANTE ARGENTINA QUE TAMBIÉN PODÍA NAVEGAR
La Boyita tenía capacidad para cuatro personas y ofrecía distintas comodidades para viajar: comedor convertible en cama, cuchetas, cocina a garrafa, tanque de agua potable y baño opcional. Incluso contaba con batería propia y aislación térmica.
En publicidades de principios de los años 70 aparecía presentada como “la primera casa anfibia del país”. Una de esas campañas, publicada en la revista Auto Club del ACA, recomendaba su uso para “cazadores y pescadores comodones” y destacaba la posibilidad de sentirse “libre con la casa a cuestas”.
Con el tiempo, la Boyita se convirtió en una pieza icónica de la industria argentina. Se fabricaron alrededor de 1.500 unidades y todavía hoy existe una comunidad de propietarios llamada Boyita Club, que organiza encuentros y mantiene viva la historia de esta singular creación nacional.
La Boyita también dejó su huella en la cultura popular. Una de las unidades apareció en la película argentina “El último verano de la Boyita”, dirigida por Julia Solomonoff en 2009, y su figura sigue despertando nostalgia entre quienes crecieron viéndola en campings, rutas y ríos.
Berichit continuó ligado a los proyectos innovadores incluso décadas después. Ya mayor, impulsó el desarrollo del Tecnotren, un vehículo ferroviario ultraliviano pensado para recuperar vías abandonadas durante los años 90 con un motor diésel derivado del Fiat Duna.
Más de 50 años después de su aparición, la Boyita sigue siendo recordada como una de las ideas más originales de la industria nacional: una casa rodante que podía entrar al agua y navegar cuando todavía nadie hablaba de SUV anfibias ni vehículos flotantes. #AgenciaNA






