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El robo de cargas en América Latina se vuelve un riesgo estructural

Buenos Aires, 22 mayo (NA)- El crecimiento del comercio y la logística en América Latina, que en 2025 avanzó un 6,4%, está dejando un efecto colateral cada vez más visible: la expansión y sofisticación del robo de mercancías en tránsito.

Lejos de tratarse de episodios aislados, el fenómeno se ha consolidado como una amenaza estructural para las cadenas de suministro, con impacto directo en costos, tiempos operativos y estrategias empresariales. En este nuevo escenario, especialistas y operadores coinciden en un diagnóstico clave: asegurar la carga dejó de ser una opción para convertirse en un componente central del negocio logístico.

El aumento del delito ocurre en paralelo a una transformación profunda del comercio regional. La expansión del eCommerce, la mayor circulación de bienes y la integración con mercados internacionales multiplicaron los flujos logísticos, pero también ampliaron la exposición al riesgo, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas.

Esta dinámica ha favorecido la aparición de bandas criminales cada vez más organizadas, que operan con inteligencia previa, conocimiento de rutas y selección estratégica de objetivos. Informes del sector estiman que las pérdidas por robo de carga en América Latina superan los 5.500 millones de dólares anuales, reflejando el peso económico de un delito que afecta a toda la cadena productiva.

México es hoy uno de los epicentros de esta problemática. El Reporte Anual 2025 de Overhaul muestra que el 82% de los robos de carga se concentra en apenas diez estados, principalmente en el eje logístico del centro del país, con el Estado de México y Puebla como zonas críticas.

Esta concentración geográfica coincide con los principales corredores comerciales y revela un patrón claro: el delito se focaliza donde circula el mayor volumen de mercadería. A esto se suma un nivel de violencia creciente. Diversos reportes indican que ocho de cada diez robos implican agresión directa contra los conductores, muchas veces con armas de fuego, lo que transforma al transporte de carga en una actividad de alto riesgo físico además de económico.

El problema no se limita a México. En Brasil, la mayor economía regional, el robo de cargas también presenta características estructurales. La actividad delictiva se concentra en los principales centros productivos, especialmente en el sudeste del país, donde operan redes organizadas que seleccionan mercancías en función de su valor y facilidad de comercialización.

Productos como alimentos, electrónicos, cigarrillos o bienes de consumo masivo figuran entre los más robados, ya que permiten una rápida reventa en mercados paralelos. Esta lógica evidencia un cambio de paradigma: el delito ya no es oportunista, sino estratégico, guiado por criterios económicos y logísticos.

En otros países de la región, el fenómeno adopta características similares. En Colombia, por ejemplo, los robos al transporte de carga generan pérdidas millonarias y afectan la eficiencia operativa del sector. Informes recientes indican que los costos logísticos pueden incrementarse entre 10% y 30% como consecuencia de estos incidentes, debido a retrasos, pérdida de mercadería y necesidad de reforzar la seguridad.

En Perú, la expansión de rutas y corredores comerciales también ha sido aprovechada por organizaciones criminales, que utilizan la infraestructura logística para actividades ilícitas como el narcotráfico o la minería ilegal, complejizando aún más el escenario de seguridad.

Esta creciente sofisticación del delito está redefiniendo la forma en que las empresas abordan la logística. Las modalidades de robo incluyen desde falsos controles policiales y bloqueos de rutas hasta la utilización de tecnología para interferir sistemas de rastreo o manipular documentación digital. En muchos casos, los ataques se producen mientras los camiones están en movimiento y con un alto grado de planificación, lo que dificulta la respuesta inmediata y maximiza las pérdidas.

El impacto del robo de cargas va mucho más allá de la pérdida de mercadería. Se trata de un fenómeno con efecto dominó sobre toda la cadena de suministro. Aumentan los costos operativos, se generan retrasos en la distribución, se deteriora la confianza entre proveedores y clientes, y, en última instancia, esos costos adicionales terminan trasladándose al precio final de los productos. Este contexto también afecta al sistema asegurador, que enfrenta una mayor siniestralidad y responde con ajustes en las primas.

En este sentido, el encarecimiento de los seguros es uno de los indicadores más claros del agravamiento del problema. En mercados como México, el incremento del robo de carga ha impulsado subas de hasta un 20% anual en las pólizas de transporte, reflejando el mayor riesgo percibido por las aseguradoras.

Sin embargo, paradójicamente, la penetración del seguro en la región sigue siendo baja: en América Latina, apenas entre el 20% y el 30% de las mercancías transportadas cuenta con cobertura adecuada, lo que deja a una gran parte de la carga expuesta a pérdidas críticas.

Este desfasaje está comenzando a corregirse. A medida que el entorno se vuelve más riesgoso, las empresas incorporan el seguro como una herramienta estratégica, no solo para cubrir pérdidas, sino para sostener la continuidad operativa y financiera. En un contexto de elevada volatilidad, contar con cobertura adecuada permite mitigar el impacto de incidentes, acelerar la recuperación y preservar la estabilidad del negocio.

Al mismo tiempo, el enfoque de seguridad está evolucionando hacia modelos más integrales. Las empresas combinan seguros especializados con tecnología avanzada: monitoreo satelital en tiempo real, geolocalización, análisis predictivo de rutas y sistemas de trazabilidad. A esto se suman protocolos de prevención cada vez más específicos, diseñados en función del tipo de carga, el recorrido y los riesgos asociados a cada operación.

El resultado es un cambio profundo en la lógica del sector. La seguridad logística deja de ser un elemento accesorio para convertirse en un factor clave de competitividad. En un entorno donde el delito es cada vez más sofisticado, la diferencia entre una operación eficiente y una fallida puede depender de la capacidad de anticipar riesgos y proteger la mercancía.

En definitiva, el auge del robo de cargas en América Latina refleja las tensiones propias de una economía en expansión, pero con brechas estructurales en materia de seguridad. El desafío para empresas y gobiernos será lograr un equilibrio entre crecimiento logístico y protección de la cadena de suministro. Mientras tanto, para el sector privado, la conclusión parece inevitable: asegurar la carga ya no es solo una práctica prudente, sino una condición necesaria para operar en la región. #AgenciaNA.