Buenos Aires, 24 mayo (NA) — Los consumidores de muebles cambiaron su forma de comportarse a la hora de comprar, ya que no compran más por impulso, sino por necesidad, funcionalidad y durabilidad.
El hogar argentino se convirtió en un proyecto en curso, algo que se ajusta, se mejora y se reinventa sin necesidad de esperar a la próxima mudanza.
En ese sentido, especialistas del sector remarcaron que el cambio no es sólo cultural, sino que también es económico.
En un contexto donde los metros cuadrados son escasos y el dinero no sobra, el criterio de compra se volvió más exigente.
Ya no alcanza con que algo sea lindo. Las preguntas que se hace cada vez más gente antes de comprar un mueble son ¿cuánto dura, cuánto ocupa, para cuántas cosas sirve?
De ahí el auge de lo modular, lo plegable, lo que tiene espacio de guardado integrado. El living que también es oficina, el comedor que se desarma cuando no se usa, la biblioteca que avanza sobre el pasillo.
En departamentos de dos ambientes -que son la norma, no la excepción, en Buenos Aires- cada centímetro tiene que justificarse.
En lo estético, el minimalismo frío está cediendo terreno. Lo que gana son los materiales con textura, los tonos naturales, las formas orgánicas.
Espacios más cálidos, menos revista de diseño escandinavo, más lugar donde alguien vive de verdad.
La sustentabilidad entró en la conversación, aunque con matices. Una parte del público -más joven, más urbana- pregunta por madera certificada, por producción local, por el ciclo de vida del producto.
No es todavía la mayoría, y el precio sigue siendo determinante, pero ignorar esa demanda ya empieza a tener costo de imagen para las marcas, según supo la Agencia Noticias Argentinas.
Lo que sí cambió para todos es el recorrido hasta la compra. El cliente ve algo en Instagram, lo busca en tres marketplaces distintos, lee reseñas y después va al local físico a tocar el material y ver el color real.
El canal digital no reemplazó al showroom, sino que lo convirtió en el último paso de un proceso que arranca meses antes.
Todo esto ocurre en un momento desafiante para la industria del mueble, que todavía siente el impacto de la caída del consumo y de un comprador mucho más racional que años atrás.
En ese escenario, muchas empresas del sector —varias de las cuales participarán de Artefacta, la feria que se realizará en junio en La Rural— llegan con propuestas pensadas para estos nuevos consumidores.
Más que vender muebles, hoy el desafío pasa por entender cómo viven los argentinos y qué esperan realmente de sus espacios.
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