Buenos Aires, 24 mayo (NA) – El analista económico Salvador Di Stefano aseguró que la Argentina atraviesa una transformación estructural de su economía que ya comenzó a modificar la rentabilidad de los negocios, el empleo y los hábitos de consumo.
Según explicó, el país está dejando atrás un esquema basado en inflación alta y devaluaciones constantes para ingresar en un régimen de baja inflación, mayor estabilidad cambiaria y foco en la productividad, un proceso que —advirtió— implicará cierres de empresas pequeñas, más desempleo formal y una fuerte reconversión económica, especialmente en las grandes ciudades y el conurbano bonaerense.
“El PIB va a crecer porque la oferta de bienes y servicios está aumentando de manera muy fuerte gracias a la suba del petróleo y a la cosecha récord”, sostuvo el analista, aunque aclaró que esa mejora macroeconómica no necesariamente se traduce en bienestar inmediato para todos los sectores. “Después viene un comerciante del conurbano y me dice que la está pasando mal y yo le tengo que creer”, señaló por Splendid AM 990.
Di Stefano diferenció el crecimiento agregado de la economía respecto de la situación cotidiana de muchas pequeñas empresas y comercios urbanos. En ese sentido, explicó que la desaceleración inflacionaria cambió completamente la lógica de funcionamiento de los negocios argentinos. “Con una inflación del 100% anual, un kiosco podía sobrevivir con una dotación de capital muy chica porque la inflación disimulaba errores. Hoy, con inflación más baja, necesitás otra escala para sostener alquileres, salarios y costos”, afirmó.
El economista sostuvo que muchos sectores todavía no comprenden la profundidad del cambio. “Estamos ante un cambio de régimen económico. Ya no alcanza con especular con el dólar. Los argentinos siguen teniendo 170.000 millones de dólares guardados y el año pasado compraron 45.000 millones más. Todos los que compraron dólares perdieron plata porque no entendieron el nuevo escenario”, remarcó.
Según describió, el nuevo esquema favorece especialmente a las economías vinculadas a la minería, la energía y el agro, mientras obliga a una profunda adaptación en el comercio minorista y los servicios urbanos tradicionales. “La estructura económica del conurbano va a cambiar. Va a haber más cierre de empresas, más desempleo formal y más precarización, pero es un proceso necesario porque la estructura anterior estaba sostenida por inflación y devaluación permanente”, explicó.
En esa línea, según supo la Agencia Noticias Argentinas, planteó que la reconversión también implica cambios en los patrones de consumo y en la forma de hacer negocios. “Antes tenías un comercio atendido por el dueño, la esposa y un empleado. Hoy la gente compra por plataformas y el comerciante tiene que transformarse en un operador logístico con venta digital. Hay quienes se adaptan rápido y quienes llegan tarde”, sostuvo.
Di Stefano consideró además que el Gobierno no logró explicar adecuadamente la magnitud de esta transformación. “Hubo un error en la comunicación del plan económico. No se explicó suficientemente que esto era un cambio de régimen”, afirmó. No obstante, defendió la sustentabilidad del programa económico y rechazó la posibilidad de una crisis cambiaria en el corto plazo.
“El Banco Central hoy está limpio de pasivos. No están las Leliqs, no están los pases, no están los puts. Tenés reservas creciendo y más de 100.000 millones de dólares proyectados en exportaciones. No veo problemas con el dólar ni riesgo de devaluación fuerte”, aseguró.
El economista también destacó el crecimiento de las provincias vinculadas a la producción primaria y energética. “El interior está creciendo como nunca. Rosario tiene niveles históricos de empleo, la cosecha fue récord y lo que está pasando en minería en Salta y Jujuy es una revolución que no vimos nunca”, indicó.
Aun así, reconoció que la transición será compleja para amplios sectores sociales. “Estos procesos generan tensiones porque modifican completamente el mapa de negocios del país. Muchos todavía no terminan de entender que el comercio, la industria y hasta el agro van a funcionar de otra manera”, señaló.
Por último, insistió en que la nueva etapa económica exige abandonar definitivamente la lógica especulativa para enfocarse en productividad, inversión y eficiencia. “Cada vez que hablemos de economía tenemos que hablar de producción, competitividad y empleo, no de especulación financiera. El que sobreviva será el que logre adaptarse al nuevo régimen”, cerró.
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