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La insistente Keiko Fujimori compite en la segunda vuelta por la Presidencia del Perú

Buenos Aires, 6 junio (NA) — La candidata de derecha a la presidencia del Perú, Keiko Fujimori, enfrentará mañana en segunda vuelta a Roberto Sánchez, dispuesta a desquitarse de sus tres derrotas previas en esta elección.

A los 51 años, vuelve a intentarlo, con arraigo de su Fuerza Popular en Lima pero en desventaja frente a su rival en el interior del país, según las encuestas previas.

Para sus seguidores, representa el orden, la experiencia y la continuidad de un modelo que asocian con estabilidad y crecimiento económico, supo la Agencia Noticias Argentinas.

Para sus detractores, es la heredera de un proyecto político que nunca terminó de rendir cuentas por las violaciones a los Derechos Humanos durante la década de 1990, bajo el mandato de su padre, Alberto Fujimori.

ESTUVO CERCA DE LA POLÍTICA DESDE SU JUVENTUD

Keiko Sofía Fujimori Higuchi tenía apenas 19 años cuando se convirtió en primera dama, luego de la separación de sus padres.

Su madre, Susana Higuchi, había denunciado públicamente maltratos dentro del entorno presidencial y aquella crisis familiar terminó con una joven Keiko desempeñando un rol que ninguna otra mujer de su edad había ocupado en América Latina.

Durante seis años acompañó a su padre en actos oficiales, viajes y reuniones con mandatarios extranjeros. Mientras la mayoría de los jóvenes de su edad asistían a la universidad o daban sus primeros pasos en el mundo laboral, ella observaba desde cerca cómo funcionaba el poder.

Vivió en un lugar que puede resultar incómodo para cualquier político: demasiado cerca del poder como para desaparecer de la escena política, pero al mismo tiempo demasiado lejos como para alcanzarlo.

LA PRESIDENCIA DE ALBERTO FUJIMORI

Alberto Fujimori había llegado a la Presidencia en 1990 como un “outsider” y rápidamente se convirtió en una de las figuras más influyentes de América Latina.

Su gobierno derrotó militarmente a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, dos organizaciones armadas que habían llevado al país a una espiral de violencia.

También logró controlar una hiperinflación que había devastado la economía peruana, sigue la crónica del sitio francés.

Keiko estudió Administración de Empresas en la Universidad de Boston y cursó posgrados en Estados Unidos, pero regresó al Perú en 2005.

Al año siguiente fue elegida congresista y, cuatro años después, asumió la conducción del espacio político fundado por su padre, donde comenzó a construir su propio liderazgo.

Sus seguidores empezaron a hablar de una nueva etapa, de un “fujimorismo 2.0” o incluso de un “keikismo”; no obstante, ella nunca rompió con la figura de Alberto Fujimori ni renegó de su legado.

Por el contrario, siempre defendió los aspectos centrales de la gestión de su padre y mantuvo cerca a dirigentes históricos del movimiento.

En 2011 alcanzó la segunda vuelta y fue derrotada por Ollanta Humala. Cinco años después volvió a presentarse y perdió frente a Pedro Pablo Kuczynski por un margen mínimo, y en 2021 protagonizó otra elección ajustada frente a Pedro Castillo, cayendo por apenas unas decenas de miles de votos.

NO SE RINDIÓ

Las tres derrotas consecutivas habrían sido suficientes para retirar de la política a muchos otros dirigentes, pero Keiko Fujimori no se rindió.

Mientras Perú atravesaba una etapa turbulenta de fragmentación política, ella continuó al mando de una de las estructuras partidarias más sólidas del país.

Fuerza Popular conservó una amplia presencia en el Congreso y se transformó en un actor decisivo en la vida institucional peruana.

Sus adversarios sostienen que el fujimorismo fue uno de los protagonistas de la crisis política que llevó a Perú a tener nueve presidentes en una década.

Señalan el papel de su bancada parlamentaria en los procesos que terminaron con la renuncia o destitución de varios mandatarios.

Keiko niega las acusaciones y asegura que las decisiones adoptadas por su partido respondieron a mecanismos previstos por la Constitución y que la responsabilidad de las crisis fue de los propios gobiernos.

PROBLEMAS CON LA JUSTICIA

A las disputas políticas se sumaron los problemas judiciales, ya que Keiko fue investigada por presunto lavado de dinero en el marco del caso Odebrecht, la trama de corrupción que salpicó a buena parte de América Latina.

Pasó por prisión preventiva en dos tramos: trece meses entre octubre de 2018 y noviembre de 2019, y otros tres meses y medio a principios de 2020; en total, cerca de dieciséis meses detrás de las rejas.

El Tribunal Constitucional anuló el juicio en octubre de 2025 al considerar que los cargos centrales carecían de sustento jurídico. Un juez ejecutó el fallo y archivó el proceso en enero de 2026, semanas antes del inicio de la campaña.

La decisión despejó el principal obstáculo que enfrentaba para volver a competir, aunque Fujimori quedó imputada por cargos menores vinculados con declaraciones falsas ante organismos electorales.

La campaña actual la encuentra ahora sin la presencia de su padre, fallecido en 2024 y divorciada de Mark Vito, con quien tuvo dos hijas.

Ambos candidatos se enfrentan a la inseguridad reinante ya que el crecimiento de las extorsiones, los homicidios y el crimen organizado desplazó a la economía del centro de preocupaciones para muchos peruanos.

Keiko Fujimori construyó su discurso alrededor de esa demanda social: promete combatir la delincuencia con mano dura, impulsar reformas en el sistema judicial y penitenciario y aplicar políticas inspiradas en el presidente salvadoreño, Nayib Bukele.

Al mismo tiempo, busca acelerar inversiones mineras, reducir trámites burocráticos y ampliar proyectos de infraestructura vinculados a la agroexportación.

Su apuesta es clara: convencer a los peruanos de que el país necesita autoridad, experiencia y capacidad de gestión.

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