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Descubren que un dinosaurio necesitaba llorar para cazar a sus presas en el mar

Buenos Aires, 12 junio (NA) — Un reciente estudio reveló que una especie de dinosaurio desarrolló glándulas lagrimales específicas para excretar el exceso de sal del entorno marino, lo que sugiere que “lloraba” cuando cazaba.

El estudio fue publicado recientemente en la revista Historical Biology. Tras examinar minuciosamente fragmentos óseos de Spinosaurus procedentes de Marruecos, Brasil y el Reino Unido mediante tomografías computarizadas, se identificó una depresión ósea situada justo encima de la órbita de los ojos.

En los últimos años, los paleontólogos debatieron intensamente el verdadero estilo de vida del Spinosaurus y sus parientes más cercanos, ya que sus característicos hocicos alargados sugerían una existencia ligada al agua, aunque no se había determinado con precisión si eran nadadores activos o siemplemente cazadores de ribera.

El descubrimiento del equipo de científicos liderado por Andrea Cau, experto adscrito al Museo Paleontológico OPHIS, se centra en una pequeña estructura anatómica en el cráneo.

LLANTO SALINO

Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el nuevo estudio asegura que dicha cavidad albergaba una glándula de sal especializada, un órgano indispensable para que los animales que habitan o capturan presas en medios marinos filtren el sodio de su sangre.

En ese sentido, los datos geológicos de la investigación respaldan esta hipótesis evolutiva, ya que los restos fósiles con esta cavidad proceden de antiguos litorales costeros, mientras que los ejemplares de agua dulce carecen de dicha fosa.

Asimismo, la revolucionaria propuesta científica sobre este llanto salino generó opiniones encontradas y reabrió las discusiones en los principales centros académicos internacionales.

CONTROVERSIAS PALEONTOLÓGICAS

Entre quienes optan por el escepticismo se encuentra el investigador Paul Sereno, paleontólogo de la Universidad de Chicago, quien advierte que la supuesta marca ósea no es una constante en todos los cráneos analizados.

Según dicho experto, la ausencia del rasgo en piezas similares recuperadas en el norte de África sugiere que podría tratarse de una simple deformación del fósil debida al paso del tiempo.

Por otro lado, David Martill, científico de la Universidad de Portsmouth, argumenta que la presencia de la glándula apoya la teoría de una existencia acuática prolongada en el tiempo.

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