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El día que la Paraguay de Chilavert estuvo a segundos de amargar a la Francia anfitriona

Buenos Aires, 4 julio (NA) – El Mundial de Francia 1998 quedó marcado en los libros de historia por la coronación de la generación dorada de Zinédine Zidane. Sin embargo, para llegar a la gloria, los galos tuvieron que atravesar un verdadero calvario en los octavos de final. El 28 de junio de 1998, en el Estadio Félix Bollaert de Lens, la modesta pero guerrera Selección de Paraguay, comandada espiritualmente por el legendario arquero José Luis Chilavert, estuvo a solo un suspiro de arruinarle la fiesta al mismísimo país anfitrión.

Esta es la crónica de una de las batallas defensivas más épicas y dramáticas en la historia de los mundiales, donde nació el primer “Gol de Oro”.

UN MURO GUARANÍ IMPENETRABLE

Francia llegaba al cruce como la gran favorita tras arrasar en la fase de grupos. No obstante, arrastraba una baja sensible: Zidane estaba suspendido. El director técnico paraguayo, el brasileño Paulo César Carpegiani, diseñó una estrategia perfecta para maniatar el ataque francés.

Con una línea del fondo liderada por Celso Ayala, Carlos Gamarra y Francisco “Chiqui” Arce, Paraguay le propuso a Francia un partido físico, áspero y de muchísimo desgaste. Cada vez que los delanteros galos lograban vulnerar la zaga, se topaban con la gigantesca e intimidante figura de José Luis Chilavert. El arquero no solo atajaba todo lo que le tiraban, sino que jugaba con los nervios de todo el estadio, demorando las salidas y ordenando a sus compañeros a puro grito.

Francia atacaba con desesperación a través de Thierry Henry, David Trezeguet y Yuri Djorkaeff, pero el arco paraguayo parecía estar maldito. Los 90 minutos reglamentarios terminaron con un agónico 0 a 0, llevando la definición al tiempo suplementario.

LA TENSIÓN DEL ALARGUE Y EL MALDITO MINUTO 114

Paraguay jugaba con el reloj a su favor. La Albirroja apostaba todas sus fichas a aguantar el marcador o forzar los penales, una instancia donde Chilavert se agigantaba y era considerado el mejor del mundo. El desgaste físico de los sudamericanos era heroico (Gamarra jugó gran parte del partido con un hombro dislocado).

El partido se jugaba bajo la modalidad del “Gol de Oro”: el primer equipo en marcar en la prórroga ganaba el encuentro de forma inmediata.

A los 114 minutos de juego, a solo seis del final de la prórroga y de los ansiados penales, llegó la jugada que rompió el corazón guaraní. Robert Pirès lanzó un centro llovido al área paraguaya, David Trezeguet la bajó de cabeza hacia el punto penal y el defensor central Laurent Blanc apareció como un centrodelantero fantasma para fusilar a Chilavert. Gol de Francia. Final abrupto del partido.

EL CONSUELO DE LOS VALIENTES Y LA IMAGEN DEL MUNDIAL

La desazón paraguaya fue total. Varios futbolistas se desplomaron en el césped envueltos en llanto tras haber rozado la hazaña histórica. Fue en ese preciso instante donde se produjo una de las imágenes más icónicas de la historia de la Copa del Mundo: José Luis Chilavert, con el pecho inflado, fue levantando a cada uno de sus compañeros caídos, exigiéndoles que salieran de la cancha con la cabeza en alto.

Francia respiró aliviada y avanzó en su camino al título, pero aquel conjunto paraguayo se ganó el respeto y la admiración del planeta entero. Estuvieron a solo seis minutos de llevar al dueño de casa a la lotería de los penales, demostrando la mística inquebrantable de la garra guaraní.

Agencia NA.