Buenos Aires, 12 julio (NA) — Marie Jeanneret fue una enfermera suiza que se convirtió en asesina serial tras envenenar y matar al menos a seis personas con atropina, un derivado de la belladona, aunque la Justicia estimó que pudieron ser más de 30.
Nacida el 13 de enero de 1836, en Locle, en el cantón suizo de Neuchâtel, esta mujer también intentó asesinar a más personas, pero la Justicia logró constatar otras tres que lograron salvarse y permitieron llevar adelante la investigación con éxito.
Jeanneret quedó huérfana muy joven y fue criada por su tío, aunque sus padres le habían dejado una buena herencia para mantenerse.
Ella ofrecía sus servicios de enfermería a cambio únicamente de alojamiento y comida, pero con el correr del tiempo desarrolló una obsesión con su propia salud y se automedicó con atropina durante tres años para tratar diversos síntomas que los médicos, a quienes importunaba constantemente, consideraban en gran parte imaginarios.
Un doctor notó su preferencia por los tratamientos sobre los remedios, especialmente si le causaban dolor, y le exigió que le quemara la espalda con un hierro al rojo vivo.
Esta mujer ya tenía marcas en la columna vertebral que demostraban que ya había conseguido lo que quería, pero aun así, la consideraron lo suficientemente cuerda.
En junio de 1868, Marie-Catherine Fritzgès, de 24 años, enfermó en la pensión Desarzens de Ginebra y finalmente lograron salvarla.
Fritzgès había entablado amistad con otra huésped, Jeanneret, que en ese entonces tenía 32 años y que fue quien la envenenó con grandes dosis de atropina.
La víctima más joven de esta enfermera fue Jenny-Julie Juvet, de 11 años, a quien la múltiple homicida le había dado bombones, mientras que la más grande fue Louise-Marie Lenoir, de 72.
En el juicio, declaró que había administrado los medicamentos con la convicción de que mejorarían a los pacientes.
Sin embargo, el juez le preguntó: “Al ver los resultados de sus tratamientos, ¿por qué continuó administrándolos?”. Pero ella no dio una respuesta al planteo y se limitó a decir que amaba a sus pacientes.
El jurado se negó a imponerle la pena de muerte, porque entendía que también había salvado otras vidas y no quedaba claro si su intención era matar a esas víctimas.
Esa determinación del tribunal llevó a las autoridades de Ginebra a abolir por completo la pena capital, por lo que le dieron 20 años de prisión, la pena máxima para ese momento, tras declararla culpable, pero con circunstancias atenuantes.
Jeanneret murió el 4 de abril de 1884, en Ginebra, cuando tenía 48 años.
Agencia NA






