Buenos Aires, 13 julio (NA) – El intendente de Malvinas Argentinas, Leo Nardini, volvió a exhibir el programa municipal de oficios con la entrega de 1.989 diplomas, pero el acto también dejó una pregunta incómoda para la gestión: cuántos de esos certificados terminan en empleo real y cuántos quedan apenas como una foto de campaña.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, la ceremonia se realizó en el Polideportivo Braian Toledo, en Los Polvorines, donde jóvenes y adultos recibieron certificados por capacitaciones vinculadas al mundo laboral, la tecnología y los oficios.
El municipio destacó que el Centro Municipal de Estudios ofrece más de 60 cursos gratuitos, que otras 978 personas participaron de masterclass durante el cuatrimestre y que alrededor de 20.000 vecinos pasaron por sus aulas desde la creación del espacio.
La cifra puede parecer potente en términos de comunicación, pero también revela la dimensión del problema: si miles de vecinos necesitan capacitarse en oficios para buscar una salida laboral, la gestión de Nardini debe explicar qué pasa después del diploma.
El intendente habló de herramientas para la inserción laboral y el desarrollo de emprendimientos. Sin embargo, la palabra clave es otra: resultados. No alcanza con enumerar cursos de chef, pastelería, barbería, mecánica, carpintería, programación, inteligencia artificial, videojuegos o marketing digital si no se informa cuántos egresados consiguieron trabajo, iniciaron un emprendimiento formal o mejoraron sus ingresos.
Malvinas Argentinas necesita saber si el programa funciona como una política de empleo o como una máquina de entrega de certificados. La diferencia es central. Un curso puede abrir una puerta, pero una gestión municipal debe medir si esa puerta conduce a una salida laboral concreta o si solo ordena expectativas en un distrito con demanda social creciente.
Nardini deberá transparentar tasas de inserción, convenios con empresas, seguimiento de egresados, presupuesto del programa, criterios de inscripción y articulación con el sector productivo local. Sin esos datos, el volumen de diplomas puede transformarse en un número atractivo para redes sociales, pero débil como política pública.
El aval universitario de las certificaciones suma formalidad, pero no resuelve la cuestión de fondo. En el conurbano, la capacitación sin empleo puede convertirse en una promesa incompleta: vecinos formados, pero sin mercado que los absorba.
La gestión municipal tiene derecho a mostrar el esfuerzo educativo, pero también debe hacerse cargo del contexto que expone. Cuando casi dos mil personas egresan de cursos de salida laboral en un solo tramo, el mensaje político es doble: hay oferta de capacitación, pero también hay una necesidad profunda de trabajo.
Nardini celebró los diplomas. Ahora tendrá que mostrar el dato que realmente importa: cuántos vecinos dejaron de buscar una oportunidad y empezaron a vivir de ella.
Agencia NA






