Buenos Aires, 13 julio (NA) – El intendente de Hurlingham, Damián Selci, quedó expuesto por la interna del peronismo bonaerense, que ya empieza a proyectar una posible pelea local entre el camporismo y el sector alineado con el gobernador Axel Kicillof.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el distrito aparece dentro del mapa de municipios donde la tensión entre cristinistas y kicillofistas podría derivar en una competencia directa por la intendencia. Selci, dirigente de La Cámpora, transita su primer mandato y tiene margen para buscar la reelección, mientras que el exintendente Juan Zabaleta aparece dispuesto a volver a competir.
El problema para Hurlingham no es solo electoral. La disputa amenaza con convertir al municipio en un tablero de facciones, donde la gestión cotidiana queda subordinada al reacomodamiento del peronismo provincial.
Selci llegó al poder con el discurso de ordenar el distrito y mostrar una administración propia. Pero la instalación de una posible interna con Zabaleta vuelve a ponerlo frente a una debilidad política: Hurlingham corre el riesgo de ser administrado mirando más la pelea entre Cristina Kirchner, La Cámpora y Kicillof que los problemas concretos de los vecinos.
El jefe comunal deberá demostrar que su gestión no será arrastrada por la interna. Para eso necesita mostrar resultados en seguridad, salud, calles, servicios urbanos, transporte, empleo y atención municipal, no solo alineamiento político.
La discusión también deja mal parado al oficialismo local porque reactiva una pregunta que parecía cerrada: quién conduce realmente el peronismo de Hurlingham. Si Selci debe enfrentar al exintendente que gobernó el distrito durante años, la campaña puede transformarse en una pelea de estructuras antes que en una evaluación seria de la gestión.
Zabaleta, por su parte, busca volver a instalarse como alternativa con un discurso crítico hacia La Cámpora. Esa tensión puede servir para ordenar al kicillofismo, pero también confirma que los vecinos quedarán en medio de una batalla que excede al municipio.
El riesgo para Selci es evidente. Si la interna crece, cada decisión de gobierno será leída en clave electoral: cada obra, cada acto, cada nombramiento y cada anuncio municipal. La administración local quedará bajo sospecha de funcionar como plataforma de supervivencia política.
Hurlingham necesita gestión, no una guerra de aparatos. Y Selci deberá probar que puede gobernar sin convertir el municipio en una trinchera camporista.
La elección todavía queda lejos, pero el daño puede empezar antes. Cuando la interna se instala demasiado temprano, la gestión suele quedar en segundo plano. Y en Hurlingham, esa es la factura política que el intendente deberá evitar.
Agencia NA






