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Una escuela incendiada en Merlo expone el descontrol tras los festejos

Buenos Aires, 18 julio (NA) – El municipio de Merlo quedó atravesado por una postal de descontrol luego de que la histórica Escuela Primaria N°1, inaugurada en 1862 por Domingo Faustino Sarmiento, fuera saqueada, vandalizada e incendiada durante los festejos por el triunfo de la Selección Argentina ante Inglaterra.

Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el ataque también afectó a la Escuela Secundaria N°25, que funciona en el mismo entorno educativo, y obligó a suspender las clases mientras docentes y directivos intentaban recuperar el edificio.

El hecho golpea directamente a la gestión de Gustavo Menéndez porque no ocurrió en un lugar imprevisible ni en una zona alejada del control municipal. El edificio está ubicado cerca de un punto habitual de concentración popular en Merlo, por lo que el municipio debía prever un operativo especial para ordenar la desconcentración, cuidar edificios públicos y evitar el vandalismo.

La violencia no fue menor. Los atacantes ingresaron por los techos, forzaron puertas, dañaron mobiliario, robaron elementos de valor, afectaron el suministro de agua y provocaron incendios que dejaron a la comunidad educativa frente a una escena de devastación.

El municipio puede intentar separar el festejo del vandalismo, pero la responsabilidad política aparece igual. Cada vez que la Selección juega una instancia decisiva, los centros urbanos se llenan de gente. Y cuando esos festejos ocurren frente a escuelas, monumentos, comercios o edificios públicos, la gestión local debe tener un plan de prevención, vallado, presencia municipal y coordinación policial.

En Merlo, el problema es todavía más grave porque no se dañó cualquier edificio: fue atacada una institución histórica, con valor patrimonial, educativo y comunitario. El resultado no fue solo material. Hubo alumnos sin clases, docentes limpiando daños y familias preguntándose cómo una celebración terminó destruyendo un espacio escolar.

Menéndez deberá explicar qué operativo se montó, cuántos agentes municipales hubo, si funcionaron las cámaras, qué coordinación existió con la Policía bonaerense y por qué no se protegió un edificio tan sensible.

El ataque también deja una pregunta social más profunda. Una escuela destruida durante un festejo habla de una calle que el Estado no logró ordenar, de una comunidad educativa que queda sola y de una gestión que llega después del daño.

La alegría deportiva duró una noche. El desastre en la escuela quedó para el día siguiente. Y esa diferencia marca el problema central: Merlo celebró sin control y ahora debe hacerse cargo de una postal que golpea al municipio donde más duele, en la educación pública.

Agencia NA