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Pilar Prades, “la envenenadora de Valencia”: mató con arsénico a empleadores y gente de su entorno

Buenos Aires, 19 julio (NA) — Pilar Prades Expósito, más conocida como “la envenenadora de Valencia”, fue una empleada doméstica que envenenó con arsénico a varias personas, entre ellas empleadores y gente allegada, y se convirtió en la última mujer ejecutada en España.

Nacida en Bejís en 1928, en una familia humilde, cuando tenía 12 años se mudó a Valencia para empezar a trabajar.

Era una mujer introvertida y analfabeta y se desempeñó en varias casas de familia como empleada doméstica hasta que en 1954 empezó a trabajar para el matrimonio de Enrique Vilanova y Adela Pascual, que tenían una chacinería. Prades no solo hacía sus tareas sino que también atendía el comercio cuando se acumulaban los clientes.

El 19 de marzo de ese año, Pascual cayó enferma y en un principio se le diagnosticó gripe, pero finalmente falleció. Tras su muerte, Vilanova despidió a Pilar, cerró el negocio y abandonó Valencia.

Prades empezó a trabajar en la casa del médico militar Manuel Berenguer y su esposa, María del Carmen Cid, recomendada por quien era cocinera en esa vivienda, Aurelia Sanz Hernanz.

Al poco tiempo, Hernanz se enfermó y el doctor Berenguer internó a la mujer en el hospital, donde pareció experimentar cierta mejoría.

Enseguida, la esposa del médico presentó los mismos síntomas, por lo que consultaron a otros especialistas y realizaron una prueba para confirmar la presencia de veneno, algo que ya venían sospechando.

Berenguer empezó a sospechar de Prades y se contactó con Vilanova, el anterior jefe de ella.

Posteriormente, el doctor denunció a la empleada doméstica y se exhumó el cadáver de Pascual, en el que hallaron restos de arsénico.

La asesina confesó los hechos tras 36 horas sin comer ni dormir, al tiempo que se halló entre sus pertenencias un frasco de un matahormigas con base de arsénico que se sospechó fue el arma homicida.

Pese al consejo de su abogado, Prades se declaró inocente, pero igualmente fue condenada a muerte por garrote vil, que se trataba de una máquina utilizada para aplicar la pena capital.

El mecanismo de ejecución era mediante un collar de hierro atravesado por un tornillo acabado en una bola y, al girarlo, causaba a la víctima la rotura del cuello.

El verdugo designado para llevar a cabo la ejecución fue Antonio López Sierra, de quien una leyenda reciente decía que, tras saber que se iba a ejecutar a una mujer, se negó a hacerlo.

La ejecución, a cargo de López Sierra, estaba prevista para las 6:00, pero tardaron más de dos horas porque esperaban un indulto que nunca llegó.

Agencia NA