Buenos Aires, 21 agosto (NA) — El teléfono celular acompaña en gran parte de la vida cotidiana, ya que se utiliza para trabajar, estudiar, comunicarse, realizar trámites, comprar, informarse y entretenerse, pero el uso excesivo de estos dispositivos también dio lugar a un fenómeno cada vez más frecuente: la nomofobia.
Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, se trata de un término que describe el miedo o la ansiedad que experimentan algunas personas cuando no tienen acceso a su teléfono móvil o no pueden utilizarlo.
De acuerdo con un análisis publicado en la revista científica BMC Psychiatry, cerca de uno de cada cuatro adultos presenta niveles elevados de nomofobia, una cifra que refleja el crecimiento de la dependencia hacia los dispositivos móviles y el impacto que la hiperconectividad puede tener sobre la salud y el bienestar.
“La tecnología forma parte de la vida cotidiana y aporta innumerables beneficios. El problema aparece cuando la necesidad de estar conectado genera ansiedad, interfiere con las actividades diarias o provoca malestar cada vez que el teléfono no está al alcance”, explicó la Lic. María Eugenia Cisneros (M.P. 1.156).
Cisneros, quien es psicóloga del CMC de Salta de Boreal Salud, añadió: “En esos casos, la relación con el dispositivo deja de ser saludable”.
LAS 5 SEÑALES PARA DETECTAR NOMOFOBIA
Los especialistas señalan que la nomofobia suele instalarse de manera progresiva y, en muchos casos, pasa inadvertida porque determinadas conductas se naturalizaron con el uso cotidiano de la tecnología.
Sin embargo, existen algunas señales que pueden indicar que la relación con el celular dejó de ser saludable y que la dependencia comienza a afectar el bienestar y las actividades diarias:
1. Revisar el celular de manera compulsiva: mirar la pantalla cada pocos minutos, incluso cuando no hay llamadas, mensajes o notificaciones, puede ser una de las primeras manifestaciones de dependencia.
2. Sentir ansiedad cuando el teléfono no está cerca: olvidar el celular en casa, quedarse sin batería o perder la conexión a internet puede generar preocupación, irritabilidad o una sensación de inseguridad desproporcionada.
3. Interrumpir actividades para mirar la pantalla: pausar conversaciones, reuniones, comidas familiares o tareas laborales para revisar el teléfono de manera repetitiva es otra conducta frecuente entre quienes desarrollan una dependencia digital.
4. Necesitar estar siempre disponible: responder mensajes de inmediato, revisar constantemente las redes sociales o sentir que no es posible desconectarse por miedo a perder información importante también son comportamientos característicos.
5. Tener dificultades para concentrarse sin el celular: la necesidad permanente de consultar el dispositivo reduce la capacidad de mantener la atención durante períodos prolongados y favorece la distracción, afectando el rendimiento laboral, académico y las actividades cotidianas.
“Aunque suele asociarse principalmente con adolescentes y jóvenes, la nomofobia puede presentarse a cualquier edad. En los niños y adolescentes, el uso excesivo del celular puede afectar el desarrollo de habilidades sociales, favorecer problemas de atención y dificultar la regulación emocional”, afirmaron los expertos.
Asimismo, añadieron: “En los adultos, la disponibilidad permanente por motivos laborales, las aplicaciones de mensajería y las redes sociales hacen que muchas personas permanezcan conectadas prácticamente durante todo el día, con dificultades para separar el trabajo de la vida personal y los espacios de recreación”.
Los especialistas coinciden en que la dependencia digital se fue instalando de manera progresiva y muchas de sus manifestaciones terminaron por naturalizarse. Reconocer estas señales de manera temprana permite recuperar una relación más saludable con la tecnología y evitar que una herramienta pensada para facilitar la vida cotidiana termine afectando el bienestar emocional, la productividad y la calidad de los vínculos.
Agencia NA






