Buenos Aires, 22 agosto (NA) – A mediados de los años 80, los Rolling Stones atravesaron una de las crisis más profundas de su historia. Después de haber sobrevivido a la muerte de Brian Jones, cambios de formación, conflictos internos y los excesos de la década anterior, la banda que parecía indestructible quedó en una situación inédita: Mick Jagger y Keith Richards ya no tenían la misma idea sobre su futuro.
El conflicto no comenzó con una decisión formal de separarse, sino con una diferencia de prioridades. Mientras Richards consideraba que los Rolling Stones debían continuar, Jagger había empezado a construir una identidad artística por fuera del grupo. Así lo reconstruye el periodista y crítico musical Greg Prato en un artículo publicado por AllMusic, en el que repasa el período que puso en riesgo la continuidad de una de las sociedades creativas más importantes de la historia del rock.
El punto de quiebre había comenzado algunos años antes. Después de la gira de Tattoo You, que terminó en 1982, los Stones entraron en un prolongado período de inactividad. Jagger aprovechó ese paréntesis para grabar su primer álbum solista, She’s the Boss, publicado en 1985. Para Richards, sin embargo, el proyecto representaba algo más que una aventura paralela: era una señal de que su compañero estaba dejando de considerar a los Stones como el centro de su carrera.
La tensión se hizo evidente durante la grabación de Dirty Work. Las sesiones comenzaron en 1985, mientras Jagger promocionaba su debut solista, y su participación en el trabajo de la banda fue, según la reconstrucción de Prato, cada vez más distante. Richards, Ronnie Wood y los demás músicos terminaron cargando con buena parte del trabajo, mientras Jagger registraba varias de sus voces por separado.
Richards describiría años después aquel período como una especie de “Tercera Guerra Mundial”. Para el guitarrista, la situación había llegado a un límite y la respuesta fue tomar distancia. Cuando Dirty Work salió en marzo de 1986, Jagger se negó a realizar una gira para presentarlo y continuó concentrado en su carrera individual.
La reacción de Richards fue comenzar también su propio recorrido fuera de los Stones. Formó los X-Pensive Winos y preparó el que sería su primer álbum solista, Talk Is Cheap. Pero había una diferencia fundamental entre ambos. Richards no veía su carrera individual como una alternativa a los Stones, sino como una consecuencia de la imposibilidad de mantener funcionando al grupo.
“El único motivo por el que haría un álbum solista sería porque no pudiera mantener unidos a los Stones”, explicó posteriormente Richards. La frase resume la posición del guitarrista: para él, una carrera fuera de la banda era, en cierto modo, la prueba de que la sociedad con Jagger estaba fallando.
Jagger, en cambio, no parecía compartir esa preocupación. En 1987, mientras promocionaba su segundo álbum solista, Primitive Cool, fue consultado por la revista Q sobre si sería una tragedia que los Rolling Stones nunca volvieran a trabajar juntos. Su respuesta fue contundente: “No. ¡De ninguna manera!”.
El cantante cuestionaba la expectativa de que los Stones debieran conservar para siempre la imagen de su juventud. Según su argumento, parte del público pretendía mantener aquella versión del grupo intacta, como si estuviera encerrada en una vitrina. Jagger defendía así su derecho a avanzar y explorar otros caminos sin quedar atado permanentemente al pasado de la banda.
Para Richards, el problema era diferente. El guitarrista comenzó a referirse públicamente a Jagger como “Her Majesty”, un apodo que expresaba su percepción de que su compañero se había vuelto demasiado preocupado por su estatus y su propia figura. Años después sería todavía más directo al relacionar la carrera solista de Jagger con el ego.
La paradoja fue que ambos demostraron que podían trabajar sin los Stones. Talk Is Cheap, publicado en octubre de 1988 junto a los X-Pensive Winos, confirmó que Richards tenía material y una identidad musical propia. Pero su éxito no modificó su convicción de que el verdadero objetivo seguía siendo la banda.
Para entonces, el futuro de los Rolling Stones era incierto. Jagger había probado que podía construir una carrera sin Richards, mientras que Richards había demostrado que también podía hacerlo sin Jagger. Sin embargo, ninguno había conseguido reemplazar aquello que surgía de la combinación de ambos.
La solución llegó en enero de 1989, cuando Jagger y Richards volvieron a encontrarse en el estudio de Eddy Grant en Barbados. Richards había advertido a su esposa, Patti Hansen, que en apenas 48 horas sabría si la reunión funcionaba o si ambos volverían a enfrentarse. Ocurrió lo contrario: comenzaron a escribir canciones.
En apenas dos días, según recordó Richards, tenían cinco o seis temas en desarrollo. La vieja química había reaparecido y la música terminó funcionando como el terreno común que las discusiones personales habían dejado en segundo plano.
De aquellas sesiones surgió Steel Wheels, publicado en 1989, y luego una gigantesca gira mundial. Los Rolling Stones estaban nuevamente juntos. La reconciliación, sin embargo, no borró los años de enfrentamiento. La relación entre Jagger y Richards había cambiado definitivamente: ambos habían comprobado que podían sobrevivir individualmente, pero también que había algo que ninguno podía reproducir por separado.
La crisis de los años 80 terminó convirtiéndose así en una prueba decisiva para la banda. Jagger buscó demostrar que su identidad no dependía de los Stones; Richards respondió defendiendo la sociedad que había construido junto a él. Al final, los dos caminos solistas terminaron confirmando, paradójicamente, la misma conclusión: podían existir por separado, pero la música que habían creado juntos seguía siendo irreemplazable.
Agencia NA






