Buenos Aires, 4 septiembre (NA) – El mieloma afecta a las células plasmáticas (un tipo de glóbulo blanco) en la médula ósea, es el segundo cáncer de la sangre más frecuente a nivel mundial, por lo general marcado por complicaciones óseas, anemia, insuficiencia renal y un impacto sostenido en la calidad de vida y suele diagnosticarse en mayores de 65 años.
Así se indicó en un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas en el cual se detalló también que, al presentar síntomas inespecíficos -como dolores óseos, fatiga o anemia-, su diagnóstico suele ser tardío, lo que complica el inicio del tratamiento adecuado.
Desde la Fundación Argentina de Mieloma (FAM) afirman que los grandes avances registrados en el manejo del mieloma múltiple en los últimos años están poniendo en primer plano una dimensión cada vez más relevante: qué esperan los pacientes de sus tratamientos y cuánto interfieren estos en su vida cotidiana.
Sobre este aspecto indagó un nuevo estudio publicado en el British Journal of Haematology, que comparó las prioridades de 117 pacientes con mieloma múltiple y 105 profesionales de la salud y mostró que la calidad de vida fue considerada el resultado más importante por ambos grupos.
Sin embargo, al profundizar en las respuestas surgieron diferencias: mientras los profesionales otorgaron comparativamente mayor importancia a variables clínicas como la sobrevida global y la sobrevida libre de progresión, los pacientes priorizaron, entre otros aspectos, la reducción del dolor.
EVALUAR LA EFICACIA DE LOS TRATAMIENTOS
Además, se analizaron los criterios para evaluar eficacia de los tratamientos en los ensayos clínicos y se encontró que, mientras se tiende a poner el foco en parámetros como la respuesta parcial o completa y la sobrevida libre de progresión, para los pacientes adquieren especial importancia resultados relacionados con cómo se sienten y cómo pueden desarrollar su vida.
“Durante mucho tiempo, al hablar de los avances en mieloma, la conversación se concentraba en cuánto se lograba controlar la enfermedad. Por supuesto que eso sigue siendo esencial, pero para quien convive durante años con un cáncer también importa muchísimo cómo son esos años”, señaló Mariana Auad, vicepresidenta y coordinadora general de la Fundación Argentina de Mieloma (FAM).
Asimismo, añadió: “Poder levantarse sin dolor, mantener autonomía, trabajar si lo desea, compartir tiempo con su familia o poder organizar su día -sin que todo gire alrededor de la enfermedad- son aspectos enormemente valiosos para un paciente. En ese contexto, se encuentra también que la carga administrativa de la gestión de los tratamientos no agrave la enfermedad”.
“Aunque el mieloma múltiple todavía no se considera una enfermedad curable en la mayoría de los casos, hoy contamos con un número creciente de tratamientos que nos permiten controlar la enfermedad durante períodos cada vez más prolongados y lograr respuestas más profundas”, explicó la Dra. Dorotea Fantl, médica hematóloga del Hospital Italiano de Buenos Aires e integrante del Consejo Asesor de FAM.
La especialista agregó: “Muchos pacientes recibirán diferentes tratamientos a lo largo de su enfermedad, por lo que ya no debemos pensar únicamente en controlar el mieloma, sino también en preservar la calidad de vida y elegir, en cada momento, la estrategia más adecuada para cada persona, teniendo en cuenta sus características, sus necesidades y su tolerancia al tratamiento”.
CUANDO EL TRATAMIENTO CONDICIONA LA VIDA COTIDIANA
“La decisión terapéutica debe considerar la eficacia y la seguridad del tratamiento, las características de la enfermedad, los tratamientos previos y las comorbilidades, pero también las preferencias y las posibilidades concretas de cada paciente. El impacto del tratamiento en la vida cotidiana es un aspecto fundamental: debemos buscar no solo controlar la enfermedad, sino también preservar la calidad de vida y permitir que la persona pueda mantener, en la medida de lo posible, sus actividades, su autonomía y sus proyectos”, explicó la Dra. Fantl.
Por su lado, Mariana Auad dijo: “Los traslados hasta un centro de salud, el tiempo de espera, la frecuencia de los controles y la necesidad de reorganizar compromisos pueden representar una carga adicional que no siempre se ve reflejada al evaluar solo la respuesta clínica a un tratamiento, y -en este sentido- se debe resaltar que un auditor no puede pretender cambiar la indicación del médico tratante, que es quien justamente evalúa las características del paciente en su totalidad”.
A diferencia de algunos tumores para los que puede existir un único período de tratamiento, muchos pacientes con mieloma atraviesan diferentes etapas de la enfermedad y pueden requerir distintas líneas terapéuticas -inclusive combinaciones de distintas familias de drogas- a lo largo de los años.
El notable desarrollo registrado en las últimas décadas amplió las posibilidades de tratamiento, lo que permite individualizar el abordaje, volviendo más específico el análisis de cuál es la alternativa más conveniente para cada paciente y cómo será su recorrido terapéutico. “El desafío es combinar la máxima eficacia posible con un tratamiento que sea tolerable y pueda sostenerse en el tiempo”, agregó la Dra. Fantl.
Desde la Fundación Argentina de Mieloma remarcaron, además, la importancia de que el paciente tenga información suficiente para participar de esas conversaciones y pueda plantear al equipo tratante sus prioridades, preocupaciones y dificultades: “Preguntar cómo impactará un tratamiento en su vida, cuánto tiempo demandará, qué efectos puede generar o si existen otras alternativas. Esto no significa cuestionar al médico, sino participar de las decisiones sobre la propia salud”.
Agencia NA






