Buenos Aires, 29 septiembre (NA) — Un cráneo hallado en Dmanisi, Georgia, y conservado durante 1,8 millones de años, se convirtió en una pieza clave para conocer a uno de los primeros humanos que habitaron Eurasia, ya que perdió todos sus dientes salvo uno y, aun así, consiguió sobrevivir durante años.
Se trata de uno de los casos más antiguos de pérdida dental extrema. La mandíbula presenta evidencias de que la pérdida dental había ocurrido mucho tiempo antes de su muerte: los alvéolos donde se encontraban las piezas fueron reabsorbidos y el hueso tenía una intensa remodelación.
De esa manera, los científicos pudieron determinar que no se trataba de una pérdida de dientes ocurrida poco antes de morir, sino de un proceso que se había producido años atrás.
El fósil, conocido como D3444/D3900, corresponde a un adulto y fue descrito en 2005 por David Lordkipanidze y sus colaboradores.
¿CÓMO LOGRÓ ALIMENTARSE?
La gran incógnita que plantea el fósil es cómo consiguió sobrevivir un individuo prácticamente incapaz de masticar. Entre las posibilidades planteadas aparecen alimentos que requieren poco trabajo dental, como tejidos animales blandos, médula ósea y vegetales fáciles de procesar. También se mencionó el cerebro de animales como una posible fuente de alimento.
Además, Dmanisi aporta información arqueológica importante que data aproximadamente entre 1,85 y 1,77 millones de años. Allí se hallaron algunos de los fósiles más antiguos y completos del género Homo fuera de África, así como herramientas de piedra y huesos animales con señales relacionadas con el procesamiento de carcasas.
Sin embargo, los investigadores no pudieron determinar exactamente qué comía aquel individuo, ni tampoco existe evidencia directa que permita saber si conseguía esos alimentos por sus propios medios.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, una de las hipótesis planteadas es que otros integrantes del grupo podrían haberlo ayudado a sobrevivir, por ejemplo, compartiendo alimentos procesados o facilitándole el acceso a la comida.
Esa posibilidad llevó a considerar el fósil como una eventual evidencia temprana de cooperación dentro de un grupo, aunque la interpretación quedó abierta a partir de una observación posterior: un bonobo completamente desdentado mostró que un primate puede sobrevivir sin ayuda directa de otros individuos pese a carecer de dentadura.
Por eso, el cráneo en cuestión no demuestra que existiera compasión o asistencia social hace 1,8 millones de años. Sí muestra, en cambio, que aquel homínido logró adaptarse durante un período prolongado a una discapacidad masticatoria extrema, en una época en la que conseguir alimento era fundamental para la supervivencia.
Agencia NA






