Buenos Aires, 22 octubre (NA) — La Amazonia brasileña liberó a la atmósfera un promedio anual de 1.170 millones de toneladas de dióxido de carbono más de las que absorbió entre 2010 y 2024, un desequilibrio que contribuye al calentamiento global y debilita el papel de la mayor selva tropical del planeta como reguladora del clima, reveló un estudio científico publicado este jueves por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de San Pablo (FAPESP, siglas en portugués).
El trabajo, también publicado por la revista científica británica Nature, indicó que los incendios liberaron alrededor de 1.470 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, frente a una capacidad de absorción de unos 300 millones de toneladas anuales, lo que convirtió a la mayor selva tropical del planeta en una fuente neta de ese gas de efecto invernadero.
El estudio, liderado por especialistas del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE, siglas en portugués) de Brasil, reveló que la reducción drástica de los incendios, la eliminación de la deforestación y la restauración forestal son fundamentales para evitar que la Amazonía alcance un punto de no retorno, en el que pierda su capacidad de mantenerse y recuperarse como bosque tropical húmedo.
Impacto humano y ciclo fatal, afirmó Luciana Vanni Gatti, coordinadora del Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero del INPE y autora principal del estudio: “La principal conclusión de la investigación es impactante: el problema de la Amazonia es la acción humana. Estamos perdiendo la selva porque el modelo de desarrollo de la región se ha basado en la destrucción”.
El trabajo, fruto de 15 años de mediciones atmosféricas de carbono, no solo confirmó la responsabilidad humana sino que también vinculó la pérdida forestal con cambios climáticos locales: la deforestación y la degradación forestal redujeron las precipitaciones anuales en un 8 por ciento y en un 20 por ciento durante el período más seco, entre agosto y octubre.
Brasil alberga el 60 por ciento del territorio de la selva amazónica y, a pesar de que este año registró una caída récord de la deforestación, la amenaza persiste. En ese marco, el Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva se fijó la meta de tala cero hasta 2030 como parte de sus políticas para proteger la selva y promover la transición energética y la bioeconomía.
El análisis, que abarcó 46 años, detectó además un aumento de 1,13 °C en la temperatura media anual y de 1,81 °C durante la estación seca. Esos incrementos disminuyen la humedad regional y agravan las condiciones que favorecen la propagación del fuego y la degradación de la vegetación.
“Es un estrés muy grande sobre la selva que queda”, explicó Gatti al describir el ciclo de retroalimentación: la pérdida de cobertura forestal reduce las lluvias y eleva las temperaturas, lo que facilita nuevos incendios y acelera el deterioro del bosque remanente.
La advertencia científica llega en plena temporada de incendios en Brasil. Según datos del INPE citados por FAPESP, la Amazonia brasileña acumuló más de 41.300 focos de fuego en menos de 10 meses de 2026, cifra que se acerca a los 43.130 detectados durante todo el año anterior.
Alrededor del 58 por ciento de los focos de este año se concentraron en septiembre y octubre.
El humo de los incendios afectó a municipios del estado de Amazonas, incluida Manaos, la capital, donde se registraron problemas respiratorios y medidas como la suspensión de clases, según la información divulgada sobre la emergencia ambiental.
Los científicos también investigan por qué la selva está absorbiendo cada vez menos carbono y en qué medida este fenómeno responde a una reducción de la fotosíntesis o a una mayor descomposición de la vegetación.
Según FAPESP, los resultados refuerzan la importancia de las políticas de conservación y restauración de la Amazonia brasileña, cuya función en el almacenamiento de carbono y la regulación del ciclo del agua resulta clave para el equilibrio climático regional y mundial.
Agencia NA






