Buenos Aires, 25 octubre (NA) — La actriz y periodista Carolina Fernández llevó al teatro la obra “Puta Madre”, basada en su libro homónimo, donde relata el recorrido de una madre y un hijo “al que el horror lo atrapó demasiado pronto y, aún privado de su libertad coprotagoniza la pieza; en este sentido, la comunicadora recordó el momento en que su hijo fue detenido: “Dejé de ser la madre que era y él dejó de ser el hijo que era. Es como entregárselo a la muerte”.
Bajo la dirección de Felicitas Kamien y coprotagónico de Santiago Laborde, la obra construye un territorio donde ficción y realidad conviven, a través de una experiencia individual que se transforma en materia teatral y abre un espacio de reflexión colectiva sobre las maternidades.
En esta maternidad, Carolina Fernández relató, en diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, el proceso de escritura, la forma en que los bordes de la historia se permiten atravesar la ficción y los conflictos de la realidad, entre ellos, la búsqueda del respeto de los derechos de las personas privadas de la libertad que implica “que no lo torturen, que no los hagan pasar hambre”.
Con “escenas más relatadas” y otras tantas actuadas, la periodista escuchó a “mucha gente que lloraba desde la primera parte”, no obstante, describió el momento como “re lindo y muy emotivo” en un trabajo que parte de su propio libro. El texto, por momentos, deja ver aquello que se relaciona directamente con el sistema, “pero no es exactamente una denuncia al sistema, sino, una obra vincular sobre la maternidad rota”.
Pero, la realidad está cruda en la voz de la comunicadora: “No deja de ser un pibe que está privado de su libertad hace cinco años”. Aún así, Santiago actuó por primera vez y junto a su madre: “Cuando lo pongo a él en pantalla para que lo saluden como el otro actor de la obra, la gente saltó de la silla a saludar y a aplaudir de pie. Saltamos las rejas y a Santi lo aplaudieron de pie”.
Noticias Argentinas: ¿Cómo fue el proceso de construcción y por qué elegiste que sean ustedes mismos los actores de la historia?
Carolina Fernández: No quería una versión nuestra, teníamos que ser nosotros quienes nos interpretemos. Pedí permiso al Servicio Penitenciario, me dieron el okey para hacer las jornadas de rodaje e hicimos cinco jornadas donde Santi hace como yo: interpreta algunas escenas, actúa algunas escenas y relata algunos hechos. Es muy audiovisual, muy cine lo que hicimos; es como una película dialogando con el teatro todo el tiempo.
NA – ¿Cuál es el clima que se vive a la hora de llevarlo a escena?
CF – Se genera algo muy poderoso por el formato que logramos, que es un diálogo entre una pantalla y la escena, y el diálogo entre una madre y un hijo. Lo único guionado son las escenas actuadas, como el momento del allanamiento y el ingreso de él a la cárcel esposado, tras las rejas, a una celda, y eso lo actúa. Él no es actor. De repente, lo vi esposado cuando entraba por primera vez a una celda porque es lo que recreó.
NA – ¿Cómo fue verlo?
CF- Hay un ejercicio que hacemos las personas que atravesamos situaciones de mucho dolor: cualquier cosa que se pueda rescatar para hacer de eso un momento feliz, se hace. Trabajar con mi hijo y hacer algo juntos, no dejaba de ser un sueño. Él me lo dijo en un momento: “Mami, yo hago esto para hacer algo con vos, para que hagamos algo juntos. Yo hago la obra para cumplirte el sueño de que seas actriz”.
NA – Santiago tiene 24 años y está preso desde los 19 ¿Cómo se encuentra actualmente?
CF – Hoy lo encuentro bien: es un tipo entero, sanísimo, lúcido, muy inteligente y que genera cosas dentro del penal. Está en el pabellón de trabajadores; hacen talleres, emprendimientos de sublimación y de macetas de cemento blanco. Toda la escenografía de la obra la hicieron en el taller de herrería del penal. Santi fue el director de obra. Es algo que se hizo mucho más grande que una obra de teatro, desbordó por todos lados para bien. Es como que le tiramos al universo un “se puede por este lado”.
NA – ¿Hay elementos de la escenografía que se realizaron dentro del penal?
CF – Sí. La escenografía va a ganar premios; la directora de escenografía es Julia Freid, que es la directora de todas las películas de Luis Ortega, es exquisita. Hicieron unos cubos iluminados adentro, y el diseño de iluminación lo hizo Daniel Ortega, que es el número uno en dirección de fotografía audiovisual —hizo En el barro y Catedrales—. Lo que hicieron los pibes en el taller de herrería va a ser reconocido y aplaudido como fue mi hijo. Es todo el tiempo traspasar los muros.
NA – Durante la obra hay una revisión de lo vivido en primera persona
CF – Sí, pero de ficcionarlo también. Yo no lo podría haber hecho si era un documental. La autoficción y estos bordes que yo me permito borrar, y Santiago también, hacen que lo vivamos como un hecho artístico basado en nuestra vida. Pero, no deja de ser un hecho artístico y eso nos salva del juicio, del enojo, del revolver y de la angustia. Obvio que cuando hago las escenas me desarmo, porque revivir el momento en el que se lo llevan de mi casa es el momento en el que dejé de ser la madre que era y él dejó de ser el hijo que era. Desde ese día tuvimos que aprender a ser otros.
NA – Dejaste de ser la madre que eras.
CF – Ese día perdí a mi hijo. La sensación es que hay un monstruo muy grande que se lo lleva y no sabés lo que es; la imaginación frente a la cárcel te destroza, es como entregárselo a la muerte. Era terror y desesperación. Dejás de vivir esa vida cotidiana de tratar de contenerlo, llevarlo, traerlo y ver qué pasa, a aprender a vivir desesperadamente con la urgencia de rescatarlo de un lugar de horror.
NA – ¿Hasta qué?
CF – Hasta hace muy pocos meses. Hace un año logramos rescatar a Santiago del Servicio Penitenciario Federal y volverlo al Servicio Penitenciario Bonaerense, a la Unidad 48 de José León Suárez. Desde entonces, comenzamos a vivir, porque es una cárcel modelo donde se respetan mucho más los derechos humanos y donde se puede hacer cosas.
NA – ¿Qué actividades realiza?
CF – Está la Fundación Espartanos de rugby; Santi entró al principio a jugar al rugby con Coco Oderigo, el presidente de la fundación que lo contuvo, y ahora está en el pabellón de trabajadores. Hoy siento que Santiago está privado de su libertad, pero ya está para salir. No es una tortura. Hoy duermo tranquila. Durante muchos años no dormía pensando qué le iba a pasar esa noche a mi hijo preso.
NA – ¿Qué implica que se respeten los derechos humanos dentro de una cárcel, desde el punto de vista de una madre?
CF – Que no lo torturen, que no los hagan pasar hambre. La gente piensa que los presos se cagan de hambre, pero las madres les llevamos pedidos de supermercado todas las semanas. Hay cárceles donde se quedan con todo. Santiago estuvo en una Cárcel Federal de La Pampa donde se vivieron cosas muy jodidas que él cuenta en primera persona en la obra. Básicamente es donde no los torturen, no les arrebaten todos los derechos, las ganas de vivir y el sentido de vida, y donde no los desfiguren a palos.
NA – ¿Cómo cambia el panorama entre cada lugar?
CF- Hay una gran diferencia entre lo que viví como mamá — que no me lo contaron— entre el Servicio Penitenciario Federal y el Servicio Penitenciario Bonaerense. Hay cárceles en el bonaerense que dejan mucho que desear, pero de ahí a la tortura (…) no a ese extremo.
Noticias Argentinas – ¿Cómo influye el llamado “Discurso de odio” sobre los presos y en la baja de la edad de imputabilidad?
CF – Hoy vemos que las primeras líneas y hasta el presidente se pelea con un niño autista -Refiere a Ian Moche-, mandan a reprimir a las personas con discapacidad, a cagar a trompadas a los jubilados que no tienen para comer y que se suicidan en masa porque no dan más ¿Qué queda para las personas privadas de su libertad? Van contra los pibes con la baja de la edad de imputabilidad. Es un circo, porque los menores que cometen delitos graves representan el 1% de los delitos. Ponemos la mirada ahí todos como tontos, mientras los ladrones de guante blanco siguen haciendo, históricamente y en todos los gobiernos, lo que quieren.
NA – ¿Eso se refleja en la mirada social?
CF – Cada vez que posteo algo hay un montón de gente que me apoya, pero un montón de otra gente —sobre todo cuando posteo en medios donde trabajo— dice que los presos tendrían que estar muertos, que les den mierda para comer, que estamos pagando no sé qué. Nos olvidamos de las leyes, de la Constitución y del Código Penal: la condena es la privación de la libertad, no habla de torturar a nadie.
NA – Si la Caro de hoy, la que estrenó esta obra, le pudiera hablar a la Caro que vio cuando se llevaban a su hijo de la casa ¿Qué le dirías?
CF – Le diría que hizo todo bien, lo mejor que pudo. No sé si todo bien porque meto la pata todo el tiempo por querer hacer, pero que no baje los brazos; que golpee todas las puertas que golpeó, luche y que su hijo va a estar bien porque es un hombre inteligente, bueno y generoso; que al final, después de tantas veces de desear profundamente morirse, la vida tiene sentido.
Putamadre se puede ver los viernes, a partir de las 21.30, en el teatro Dumont 4040.
Agencia NA






