Buenos Aires, 17 julio (NA) – La inseguridad volvió a golpear a La Plata y dejó al intendente Julio Alak frente a una señal política difícil de disimular: vecinos de distintos barrios convocaron a un cacerolazo y apagón contra el delito, una protesta que expone el desgaste del discurso oficial sobre prevención, patrullaje y control territorial.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, la convocatoria surgió en medio de reclamos de vecinos de City Bell, Gonnet, Villa Elisa, Los Hornos, Tolosa y otros puntos del distrito, que advierten por robos, entraderas, arrebatos, falta de presencia policial y una sensación de abandono que ya dejó de ser una queja aislada.
El problema para Alak es que la protesta no aparece en el vacío. La gestión municipal había presentado un plan de seguridad para 2026 con inversión millonaria, cámaras, anillo digital, fibra óptica y promesas de mayor capacidad de monitoreo. Pero la calle devuelve otra imagen: vecinos que organizan una medida de fuerza porque sienten que el Estado no llega.
El clima se agravó con el reciente tiroteo en Villa Elisa, donde una vivienda investigada por presunta venta de drogas terminó convertida en escenario de una balacera con dos muertos y dos detenidos. El caso volvió a instalar una pregunta incómoda para el municipio: si existían antecedentes, denuncias e investigaciones previas, qué capacidad real hubo para anticipar la violencia.
Alak no puede esconderse detrás de que la seguridad depende de la Provincia. La Municipalidad tiene áreas de prevención, monitoreo, controles urbanos, iluminación, tránsito, habilitaciones y presencia territorial. En una capital provincial, la coordinación no puede ser una excusa para llegar tarde.
La Plata necesita saber cuántas cámaras funcionan, cuántos corredores críticos están monitoreados, qué zonas concentran más reclamos, cómo se articula con la Policía bonaerense y qué respuesta concreta se dará antes del cacerolazo.
El intendente intentó convertir la seguridad en un eje de gestión. Pero cuando los vecinos salen a golpear cacerolas, el mensaje es brutal: no creen que el plan alcance.
La protesta todavía no ocurrió, pero su impacto político ya empezó. En La Plata, el cacerolazo no será solo contra la inseguridad. Será también contra una gestión que prometió control y ahora debe explicar por qué tantos barrios sienten que quedaron solos.
Agencia NA






